jueves, 7 de julio de 2011

A sangre azul~ Capitulo siete


Siete



Exesivamente nerviosa, Candela revisó por doceava vez esa noche su telefono celular. Ni un rastro de Agustín, nada. Lo volvió a tirar ansiosa sobre la cama y se miró nuevamente al espejo, apartandose el pelo de la cara. Para esa noche había elegido un suave vestido color crema, hasta un par de centimetros por encima de la rodilla, y que delineaba perfectamente su figura con lindos encajes. El pelo, caía casi completamente suelto por su espalda y pecho, creando un efecto que Sandra, su madre, había descrito como angelical. El maquillaje, suave y de colores neutros, nada exagerado. Sus intención no era llamar la atención, al contrario, quería que la noche pasara lo más rapido posible, y ojala sin incidentes. Se acercó a su pequeño tocador y abrió su joyero, para sacar dos perlas y ponerselas en ambas orejas. Se miró una vez más, y decidió que necesitaba un collar. Rebuscó un buen rato hasta que dió con una pequeña cajita de terciopelo azul que no recordaba tener. Acarició los bordes con delicadeza y la abrió, econtrandose con un hermoso collar de plata, adornado con un pequeño dije con cuatro iniciales.

VD CV

Sus ojos se cerraron instantaneamente, y esta vez no pudo evitar que nuevamente, su mente le jugara una mala pasada.

Vió frente sí a una Candela de 17 años, riendo y sonriendo, que caminaba por una plaza de la mano de alguien. Alguien que en ese entonces, ella describía como 'el amor de su vida'.

-Dale, flaqui.- Candela volvió a reir, separandose de la mano de su novio y negó suavemente con la cabeza.

-Ni loca, Dalessandro.- Rió nuevamente al ver la cara de él.

-Es solo una cena, tu madre me hizo prometer que estarías allí.-

-¿Y de cuando le hago caso yo a mi madre?- Apuntó, sin dejar que las comisuras de sus labios bajaran.

-Dale, Cande. No me obligues a llevarte a la fuerza.- Ella enarcó una ceja, retandolo a que lo hiciera.- ¿No me crees?.- Soltó otra carcajada.- Bueno.- Dijo mientras la tomaba y la ponía sobre su hombro.

-¡Victorio!- Gritó ahogada en risas, mientras la gente de la plaza miraba la imagen con ternura.- ¡Bajame!-

-¿Vas dejar que te lleve a tu casa, como dijo tu madre?- Preguntó ignorando los golpes que esta le daba en la espalda.

-¡No!- Y entonces el comenzó a dar vueltas sobre sí mismo, a proposito. -¡Para Vico!-

-No, hasta que la respuesta sea un sí.- Repuso con calma, ignorando los gritos y carcajadas de su novia.

-¡Esta bien, esta bien!- Esperó a que la depositara en el suelo para levantar un dedo señalandolo.- Pero, solo si tu vienes conmigo.- Hiso un puchero, consiguiendo una sonrisa.

-No, Can. Sabes que a tu mamá no...-

-¡Y a mí que corno me importa lo que piense ella!-

-Flaqui...-

-Dale, Victorio. No me hagas ir sola, por favor.- La risa de Candela fue reemplazada por una mueca.

-No Candela, ya te dije que...-

-Hoy viene mi papá, ¿Sabes?- Dijo ella dando un suspiro.- No quiero verlo, no despues de... eso.-

-¿Tu madre aún no lo sabe?- Preguntó Victorio tomandole una mano. Ella negó con la cabeza mientras se mordía un labio.- Can... tienes que decirle...-

-Lo sé, solo que... va a arruinar la familia...-

-Pero... ¿No crees que tu madre debe de saber la verdad? Ella no merece vivir así, engañada...-

Una lagrima se escapó de los ojos de ella, y él se arrepintió inmediatamente de haber ahondado tanto en el tema.

-No, mi amor, no llores.- La acunó en sus brazos apretandola fuertemente contra su pecho, deseando poder compartir aunque sea algo del dolor que ella sentía, para aliviarla.- No llores, shh.- La meció suavemente, sin saber exactamente como consolarla, pero al parecer eso la calmo.

-No quiero ir sola...-

-No irás sola.- Dijo separandola unos centimetros del calor de su pecho.- Tenía pensado entregarte esto, no ahora, pero creo la ocasión lo amerita.- Rebuscó en sus bolsillos mientras la confusa cara de la morochita lo seguía atenta.

-¿Que es eso?- Dijo cuando el extendió frente a ella una pequeña caja de terciopelo azul.

-Abrelo.-

Cuando deshiso la pequeña cinta, la entonces pequeña Candela se encontró con un collar de plata con un dije en el que se leían claramente las inciales de ambos. No era el collar más bonito que le habían dado, ni por lejos el más caro, pero en ese momento le pareció nunca haber visto nada tan hermoso en su vida.

-Es para que no te sientas sola, en ese collar estoy yo, y estas tú. Yo también tengo uno, ¿vez?- Dijo abriendo su chaqueta para que ella pudiera ver como colgaba sobre su pecho.- Date vuelta, dejame ponertelo.-

Candela obedeció sin hablar aún, muy emocionada como para que las palabras salieran al aire. Sintió como las frias manos de él acariciaban levemente su cuello al apartar su cabello y como sus dedos se movían sobre su piel.

-Listo.- Dijo y dejó un pequeño beso en su espalda, pero antes de que se separara demaciado, Candela se giró y atrapó sus labios con los suyos.

Esa noche, la Candela de 17 años le habló a su madre sobre la amante de su padre, y sobre algunas cosas más, sin dejar, en ni un momento, de apretar fuertemente contra su pecho a su Victorio.

La Candela de 21 por su parte, soltó un gemido ahogado y se apuró a guardar el collar de donde había salido. Talvez algún día se sintiera lista para volver a usarlo, pero no ahora. No hoy. Revisó que el maquillaje no se hubiera corrido por culpa de las lagrimas y salió de su habitación respirando hondo, dispuesta a recibir a los invitados que ya comenzaban a llenar la mansión Vetrano.

* * *


Mariana también rogaba por que la noche terminara rápido. Subió a su auto envuelta en un vestido negro de escote corazón con un suave vuelo que partía de la cintura y resaltaba sus piernas, tacos altos y el pelo liso tomado en un moño. No era de su estilo, pero su madre había insistido, y ella no había podido negarse, nuevamente. En cierta parte, quería parecer lo más normal posible cuando entrara a la fiesta, pasar desapercibida e irse rápido de allí. Sabía por Rocío que Peter estaría presente, lo que la ponía aún mas nerviosa. Y estuvo a punto de quedarse en casa si no fuera porque su hermano pequeño, Stefano, por poco la saca a la fuerza.

-No quiero ir...- Susurro removiendo las manos en su regazo mientras las luces de la ciudad pasaban frente a sus ojos.

-Dale La, no exageres, nada pasará.- La consolo Yeyo tomandole la mano. Suspiró con fuerza y se obligo a relajarse. Es verdad, nada pasaría.

Pero estaría todo el mundo allí. Y con el mundo se refería a todo lo que componía la alta sociedad que antes había sido su entorno. Sus 'amigas' sus compañeros de clase, gente que ella no conocía, pero que sabía perfectamente quien era ella. Recordó los susurros y rumores descarados, las mentiras, la falsedad, y se preguntó en donde estarían sus verdaderos amigos ahora. Benjamín, María, Nicolás, Daniela, y anuque no lo quisiera recordar en ese momento, Juan Pedro... todos ellos que vivían con lo que tenían, que le habían enseñado que se escondía detrás de toda esa careta que era la clase elite. Decidió hacerles algunas llamadas al día siguiente, si salía viva de esto, claro.

Cuando atravesó los escalones de marmol se encontró con Pablo, que la esperaba con una amable sonrisa.

-Mira que linda que estás Mariana.- Dijo detendiendose unos segundos en su cuerpo, y luego volviendo a su cara con la misma sonrisa capaz de derretir a cualquiera.- ¿Entramos?- Preguntó ofreciendole su brazo, el cual Lali aceptó intentando calmar los nervios que recorrían su espina dorsal.

Atravesaron juntos la adornada entrada llena de camareros y camareras y un hombre bastante arreglado, que facilmente podría haber pasado como un invitado más, les abrió la puerta. Por un momento ella creyó que todo iría bien, hasta que un silencio general inundó la sala, solo interrumpido por alguna gente que no se percató de su precencia y el sonido de la musica. Se tensó completamente y apretó el brazo de Pablo con fuerza. Este le dirigió una mirada preocupada y apoyó el una mano sobre la suya.

-Relajate, Lali. No pasa nada, camina como si nada.- Susurró a su oido y la internó en la fiesta mientras saludaba a un par de hombres y la gente retomaba sus conversaciones.

-¡Laluchis!- Una voz chillona se escuchó a su esplada y Mariana pegó un respingo.

-Paloma...- Dijo mientras se giraba con una falsa sonrisa, recibiendo el abrazo de una chica con la que estaba segura no había intercambiado más de dos palabras y que seguramente se acercaba para dar de que hablar.

-¿Donde estuviste todo este tiempo?- Preguntó intentando poner un tono casual, pero a leguas se distinguía que lo unico que esa chica quería era tener más información.

-Mm... viajando.- Afirmo con su mirada posada en las tres chicas que se habían acercado a escuchar, con las mismas sonrisas imbeciles.

-¿Vamos, Lali?- Preguntó Pablo tomandola de la cintura. Mariana se estremeció ante ese gesto, pero siguió a su amigo.

-¿A que se debió eso?- Dijo cuando estuvieron ya más alejados mientras retiraba gentilmente su mano de su cintura.

-Ah, era para darles algo más de que hablar. Seguramente para mañana ya dirán que estás embarazada de mí.- Rió Pablo y Mariana lo imitó forzadamente mientras intentaba restarle importancia a las palabras de su amigo.

-Gracias, pero no necesitaba más motivos para ser el centro de atención.-

Por toda respuesta, Pablo volvió a reir y le ofreció un vaso. Mariana se apoyó contra una de las mesas mientras saboreaba la bebida acoholica que tenía entre manos y se dió el gusto de posar la vista sobre los invitados, algo más calmada de que ya no la miraran a ella. Sonrió a toda esa gente que levantaba la mano para llamar su atención, sin ni una intención de acercarseles. ¿Para hablar de su vida privada? No gracias. A lo lejos divisó a Rocío, e hiso un par de señas para que esta notara su precencia, pero lo unico que consiguió fue que el acompañante de la rubia se girara hacia ella. El corazón de Lali por poco dió un vuelco, e intento por todos los medios terminar de tragarse la bebida que se había atorado en su garganta en el preciso momento en que sus ojos verdes hicieron contacto con ella. Se obligó a si misma a apartar la mirada, pero aunque su cerebro lo intentaba, sus ojos no reaccionaban. Tenía puesto un traje negro, sobre una camisa blanca con el primer botón abierto. Una corbata, negra también, caía por su pecho más suelta de lo normal. Ella tragó saliva con fuerza, dios, estaba increiblemente sexy. No estaba completamente rapado como la úlima vez que lo vió, si no que había dejado que el pelo le creciera, pero sin perder el corto. Sus hombros estaban más anchos, y sus brazos definitivamente más fuertes. No pudo evitar preguntarse que sería estar entre ellos. Cuando volvió la vista a su cara, el aún la miraba, solo que ahora una sonrisa socarrona adornaba sus ojos achinados, una sonrisa que dejaba en claro que se había dado cuenta de como lo miraba. Y él hizo un poco de lo mismo. Con sus ojos, recorrió el cuerpo de Lali lentamente, asegurandose de que esta lo notara. Mariana sintió como el calor que antes estaba en sus mejillas, ahora se expandía por todo su cuerpo, haciendole flaquear las piernas. Cuando él levantó nuevamente la vista a su cara, ensanchó más aún su sonrisa, provocando en ella un extraño hormigueo.

-¡Pablo!- Una voz hiso que ella desviara la vista, completamente agradecida. Pero volvió a tensarse al ver que era Candela quien se acercaba, y que la miraba, completamente inexpresiva.- ¡Que haces acá!- Preguntó volviendose a Pablo, pasando completamente de Lali.

-Vine con Lali.- Sonrió él, ajeno a la tensión entre las dos amigas, o ex amigas.

-Veo...- Dijo posando su mirada en la petiza, sin expresión alguna. Mariana estaba segura de que esa no era la misma Candela que ella conocía, aunque Rocío ya le había explicado que las cosas habían cambiado, pero nunca hasta que punto.- Ojala nos veamos mas tarde.- Sonrió, de nuevo a Pablo y pasando completamente de Lali, y se giró para irse. Mariana hiso ademán de alcanzarla, dispuesta a que le explicara porque la trataba así, pero enseguida un fuerte abrazo la sacó de sus pensamientos.


¡Al final se los traje en la noche! Este es el inicio de la fiesta, todavía se viene más. Les digo, se empieza a aclarar todo, es normal si no entienden todavía jaja.
Este fin de semana no podré subirles, ya que el viernes ¡Me voy a Argentina, Buenos Aires! Y el sabado, a las 14:30 horas, estaré cumpliendo mi sueño de ver un Gran Rex en vivo, les juro que todavía no caigo. Ahora, me tiene enojadísima la desorganización con el CD, ¡Quiero que alguien lo suba ya a internet! O no se que mierda cantaré el sabado jaja. Pero bueno, les digo esto para explicarles porque no subiré este fin de semana. Ahora intentaré escribir otro y subirlo el domingo a la noche, cuando llegue. Igual, la próxima semana ya estaré de vacaciones, por lo que subiré mas seguido. ¡Las amo!
Sofía.
Pd. @serunalaliter

1 comentario:

  1. Ay mori de amor con la ternura qe eran Vico y Cande juntos..Yo quiero esa Cande! Quiero esa ternura en los proximos caps (qe muero x leer y ver como sigue la historia) Suerte en el vuelo y en el show! Yo vivo en Bs As y no puedo ir al Rex :( Asi qe dsps contame como estuvo... Besos. ¡Espero mas nove, me encanta!

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