lunes, 14 de noviembre de 2011

Corto| Dejarte ir

4 de Noviembre, 2011


Dejarte ir


Lo ví detenerse frente a la puerta de la habitación y pensarselo mejor. Miles de preguntas atravesaban su cabeza, escasas tenían alguna respuesta concreta. Una parte de él le susurraba que siguiera adelante, que era lo mejor, mientras otra gritaba con todas sus fuerzas que quizá aún fuera demasiado pronto, una mala idea.
Yo me limitaba a observar cada uno de sus movimientos sin hacer ruido, a respirar su aire, a sentirlo cerca mío. Ya tenía claro que todo estaba llegando a su fín, que este sería el adiós definitivo. Y me dolía mucho, porque me dolía por los dos. Se pasó la mano por el pelo, como hacia cuando estaba confundido y yo me tallé ese gesto en la memoria de modo que esperaba no lo olvidara.
Ni uno decía nada, ni él, ni oviamente yo. Era lo más racional, pero en ese momento el silencio me parecía mas llenador que nunca. Los recuerdos se agalopaban unos sobre otros, empujandose para salir a flote y dejar su sabor agridulce, ese de algo que fué pero que ya no volverá. Y se que ambos en ese momento nos permitimos cerrar los ojos y mirar tiempos mejores.
La vez que nos conocimos en esa fila de supermercado, cuando él con toda la caballerosidad que lo caracteriza me había dejado pasarlo por un puesto. Yo tenía novio, pero en ese momento el no lo preguntó. No lo supo si no hasta que llamó para invitame a salir, y tuve que rechazarlo no sin cierto pesar. Pero el insistió.
Una pequeña risita se escapó de sus labios al perderse en las escenas, y yo abrí los ojos para descubrir los suyos centrados en mí, pero sin verme realmente. Me traspasaba con la mirada, pero las comisuras de sus labios se hallaban levantadas. Sus hoyuelos se marcaban como pocas veces lo habían hecho este último tiempo y me sentí llena de calor cuando sonrió abiertamente al entrar más profundo en la memoria.
Sus labios recordaban perfectamente como habían encajado con los míos en nuestro primer beso una tarde de lluvia otoñal, en una pequeña plaza al escaso cobijo de los árboles ya casi sin hojas. El dorado que parecía recubrirlo todo, anunciando el frio próximo, contrastando con el calor de sus manos en el hueco de mi espalda, y de las suyas en torno a mi cuello. Un par de veces nos escapamos a escondidas, hasta que yo terminé oficialmente mi relación y nosotros pudimos iniciar una nueva.
¿Que me conquistó de él? Mas facil habría sido preguntar que no.
Pude sentir casi palpable su felicidad cuando recordó nuestros primeros meses de novios, nuestra primera vez y nuestras primeras discuciones. El primer te amo, el último te quiero. Las peleas que siempre terminaban en excusas para reconciliaciones, los paseos sorpresa que le gustaba organizar para mí, siempre llevandome a algún lugar nuevo y distinto. Las noches en que nos dormíamos abrazados en el sillón, simplemente exahustos de tanto hablar.
Me sentiría viva mientras el pudiera mirar al pasado sin dolor, si no solo con la alegría de los momentos más felices y de nuestra vida juntos.
Cuando por fín volvió a levantar los parpados y se obligó a volver a la realidad se sintió desorientado, y por un momento pude ver el conocido dolor desgarrar sus fracciones. Instantaneamente estiré mi mano para intentar consolarle, pero el se movió y volví a bajarla. Ya no podía hacer nada.
Dirigió una mirada a la unica foto que adornaba el mueble a su lado, una que nos habían tomado el día que el me propuso matrimonio. No recuerdo haber sido más felíz que cuando supe que el quería pasar el resto de su vida junto a mí. La acarició suavemente con la llema de los dedos, como si pudiera con eso hacerme sentir bien. Y lo hizo.
Por último, suspiró profundamente y murmuro algo que no quise oir. Sin más, salió por la puerta del departamento, intentando no mirar atrás, buscando el salir adelante.
Yo me quedé allí, de piedra, sin saber como reaccionar. Dos, tres y luego cuatro lagrimas surcaron mi mejilla, lagrimas que significaban dolor, orgullo y perdida, pero en su totalidad eran lagrimas de amor.
Contemplé solo un rato más la fotografía en la que los dos nos veíamos tan sonrientes y luego me decidí a alcanzarlo. Quería disfrutar de él, solo un poco más.

Lo encontré en un parque, con un ramo de flores en la mano. Esperaba a alguien y tontamente soñé con quien fuera a mí a quien buscaba con la mirada. Me acomodé en una banquita no muy lejos y me entretuve recorriendo sus fracciones una por una, recordando sensaciones, olores, sabores. Cosas que me serían arrebatadas completamente pero que no quería olvidar.
Unos minutos más tarde, una rubia llegó a su lado. Él, sonriente nuevamente la saludó con la mano y ella lo besó en la mejilla. No le entregó el ramo de rosas, pero pude sentir el dolor como punzada en mi pecho a flor de piel, el tenía a otra. Yo sabía que debía de haberlo visto venir, seguramente se conocían hace tiempo ya, pero nada me preparó para sufrir.
Igualmente, me quedé allí, porque sabía que tenía que aprovecharlo, porque bajo todo el sufrimiento se escondía el orgullo, y el amor que se conformaba con ser felíz si él lo era.
Caminaron juntos largo rato, yo iba un poco más atrás, mirando como seguía su vida. Ella no notaba mi prescencía, pero yo creo que él si se daba cuenta, por lo que le había preguntado a su acompañante si no le importaba que la llevara a un lugar especial.
La guió a travéz de los arboles y un par de manzanas, hasta detenerse en las dos grandes puertas tan familiares ya. Respiró hondo una vez y luego las atravezó tomando fuerte la mano de la rubia. Recorrierron los distintos senderos adornados con margaritas hasta dar con el indicado, y lo siguieron para llegar a una pequeña placa de madera que yacía en el suelo.
Sentí como poco a poco me empezaba a desvanecer junto con los temores y sensaciones, y una nueva sonrisa enmarcaba mi rostro. Ya no podía sentir dolor, ahora todo se reducía al amor.
Se agachó frente a la lápida y con los dedos limpió el polvo sobre mi nombre. Luego, tomó una de las flores del ramo y la dejó a un lado.
-Hola.- Me saludó como lo hacía cada vez que iba a verme, desde hacía ya dos años y medio. Me habría gustado devolverle el saludo, o hacerle sentir de alguna forma que estaba allí, pero lo que quedaba de mi alma en la tierra se desvanecía, porque había logrado continuar su vida despues de mí.
El se levantó del suelo y se sacudió los pantalones, para luego volver a tomar la mano de la joven, que miraba atentamente hacía mi tumba.
-Era muy linda.- Afirmo ella luego de unos segundos, desviando su mirada a la foto que yacía a un lado.
-Si, fue una mujer increíble.- Dijo él. Las palabras sobraban en ese segundo, y mientras yo sentía como me elevaba y desaparecía hice un último intento. Estiré todo lo que pude uno de mis brazos, hasta que mi dedo rozó su mejilla. Él me sintió, de eso estoy segura. Sonrió levemente y su corazón me susurro palabras de amor. Esa fue mi despedida.
Luego, se volvió lentamente a la rubia y le retiró un mechón detrás de la oreja. La acercó con cuidado hacia el, y finalmente la besó en los labios.
Fue allí cuando me dejó ir, y todo lo que alguna vez me amarró la tierra e impidió que siguiera mi caminó más allá de las nubes, se soltó.
El siguió su vida, y yo mi camino a los cielos.


Nada que agregar, es un corto importante para mí.
Gracias, siempre
S

sábado, 10 de septiembre de 2011

A sangre azul~ Capitulo doce


XII


La sala de esperas estaba abarrotada de gente, a pesar de la hora. Parecía que toda la concurrencia en casa de Candela se había trasladado hasta allí para saber de ella. Pero seguramente, la mayoría de esas chicas de instituto lo unico que querían era la primicia de la noticia.
Mariana se sentó junto a Agustín y le puso una mano en el hombro.
-Te heche de menos, cachetón...- Intentó sonar amable y distendida, pero no fue capaz de sonreir. Tampoco lo fue Agustín cuando levantó la vista hacia ella.
-Si, yo también.- Suspiró y se hundió aún más en la silla, maldiciendo-. Dios, por que tiene que ser tan estupida...-
-¿Candela? Siempre fue cabeza dura, pero no entiendo que hizo para terminar en ese estado... se veía, no se, perdida. No es la Candela que yo recuerdo.-
Agustín levantó los ojos, sorprendido.
-¿No sabes nada, cierto?-
-¿Nada de que?-
-De nada-. La voz de Rocío los interrumpió abruptamente, ella y Agustín intercambiaron una mirada significativa, pero para Lali no pasó desapercibida.
-¿Nada de que?-. Repitió, un poco más alto.- ¿Que sucede, de que me perdí?-
-De bastante te perdiste.- La sorpresiva voz de Juan Pedro le provocó un escalofrío, pero no dejó que se notara cuando se volvió a enfrentarlo.
-Que, ¿Tu también lo sabes?- Inquirió Agustín haciendo eco a los pensamientos de Mariana, cada vez mas enredados.
Peter miró a Rochi, y un gruñido salió de la garganta de Agustín.
-Aquí no se puede confiar en nadie, ¿No?-
-¡Quiero saber que sucede!- Mariana volvió a intentarlo, sin dejar de mirar a Peter.
-¡Nada pasa, nada!- Rocío miro a los presentes buscando algo de apoyo, pero nadie parecía brindarselo.
-Porfavor, Ro... ¿Que le sucede a Candela?- Esta vez Lali se volvió hacia ella, buscando la verdad en sus ojos.
-No... yo no puedo Lali... no...-
-Yo creo que ella merece saberlo, fue tan amiga de Candela como tú.- Juan Pedro volvió a opinar, mientras todas las miradas se posaban en él.
Interiormente, Lali se lo agradeció.
-Yo...- Rocío abrió la boca y la volvió a cerrar, como si no supiera por donde empezar.
Justo en ese momento, un doctor atravesó la puerta acompañado de una llorosa Diana Vetrano y Lali supo que lo que fuera que le ocultaran, era mas grande de lo que ella pensaba. Se giró para enfrentar a sus amigos nuevamente, pero ya todos se habían levantado y se dirigían casi corriendo a donde estaba la madre de Candela, dejando a Juan Pedro solo frente a ella.
Le dirigió una sola mirada confundida y se volvió para acercarse al doctor.
-Al parecer, Candela estubo expuesta al frio durante mucho tiempo, lo que derivó en una neumonía que...- El doctor fue interrumpido por una exclamación de Rocío, quien se llevo la mano al corazón como si no pudiera creerlo. Agustín volvio a maldecir mientras con un puño le daba un suave golpe a la pared.
Mariana sabía que una neumonía no era algo tan grave como para que todos reaccionaran así, y suponía que tenía que ver algo con el secreto que estaban escondiendole. Pero fijando su vista en Diana, que lloraba desconsolada, se decidió a hacer las preguntas más tarde.
-El punto es que tendremos que internarla hasta que estemos seguros de que la neumonía desapareció por completo. Ella ya esta conciente, pero recomendamos que...-
-Iré a verla.- Agustín paso por su lado como un rayo, haciendo caso omiso al doctor.
-Niño, no...-
-Dejelo.- Diana le apoyó una mano en el pecho, impidiendole salir tras el joven Sierra. Algo en la mirada de Diana hiso que el doctor se calmara. Lali de nuevo se preguntó de que se estaría perdiendo, y que tenía que ver Agustín en eso.

* * *


Caminó de vuelta a su casa sola, decidiendo pasar de la limosina esa noche. Tenía mucho que pensar, y vale aclarar que ni Rocío ni ni uno de sus amigos habían querido responder sus dudas. Candela había pedido expresamente en cuanto estubo mas fuerte que nadie entrara a verla, y que todos fueran a descansar a sus casas. Eso sí, Agustín nunca salió de la habitación de ella. Incluso Diana había ido a ducharse, ya más calmada.
¿Y todo por una neumonía? Lali podía entender que era una enfermedad de cuidado, pero no tanto como para las variadas reacciones de los presentes. Eso la obligaba a pensar que había algo más detrás de eso, algo que nadie parecía tener prisa por contarle. El unico que había estado a punto había sido Peter, y si esa era la mejor unica manera de averiguar la información, entonces no le quedaba otra que hablar con él.
Se replantó a sí misma todo lo que estaba sucediendo; Rocío y Juan Pedro, Candela y Agustín... De repente se preguntó si Agustín no tendría algo que ver en la ruptura entre Candela y Victorio, y se preguntó que sería de el ex de su amiga ahora, ya nadie hablaba de él siquiera. Victorio había sido una muy buena persona, o por lo menos fue así el tiempo que Lali alcanzó a conocerlo. Era un chico de clase baja, muy humilde pero con un corazón y una sonrisa enormes. Era la mitad de Candela, no recordaba haberla visto tan felíz como era cuando esaba con él... Claro, Diana no lo aceptaba, pero en esa epoca a las tres amigas poco les importaba que podrían pensar sus madres. Junto a eso recordó a su antiguo grupo de amigos y todo lo que hacían juntos, todo lo que vivió gracias a ellos y se preguntó si haberse ido a Europa había sido un error, pero en ese momento ella sabía que era la unica alternativa que le quedaba. No le habían dado otra, su madre no le había dejado otra que mentir y escaparse. Y estaba completamente orgullosa de su desición. Una lagrima de nostalgia por los tiempos mejores rodó por su mejilla al tiempo que recordaba esa día.
La Mariana de 21 llevaba una semana extrañamente mareada y ya sospechaba algo, pero no se dió cuenta de la gravedad del asunto hasta que no tuvo un test de embarazos en las manos temblorosas. Lloraba desconsoladamente porque no podría tener una vida normal, lloraba desconsoladamente porque para el padre de la niña ella no era nada más que una entretención, una amante. Lloraba porque ella ya quería a su hijo con todas sus fuerzas y porque no quería dejarlo ir y prefería arreisgarlo todo antes que a él.
Fue ahí cuando un mensaje llegó a su móvil, era de Juan Pedro preguntandose si se verían esa noche. Luego de lo que podrían haber sido horas de pensarlo, le respondió que sí, que se verían. Decidió que esa noche sería al primero al que le contaría la noticia, pero antes de que fuera de noche tenía alguien más a quien contarle; María José Esposito, su madre.
Mariana aún podría recordar la conversación que tuvo con su madre como si hubiera sido ayer, pero prefería olvidarla. Solo dos cosas importantes habían salido de esa conversacíon; La primera fue su madre le había pedido –o más bien obligado- a que se hiciera un aborto y la segunda fue que en ese preciso instante fue que decidió huír porque ella si iba a tener a ese niño y no iba a dejar ni que su madre ni nadie se lo quitara.
Arregló todo con Simón para que le llevara las maletas al aereopuerto y la esperara ahí dos horas. Cuando Rocío y Juan Pedro pasaron a recogerla, fingió su mejor sonrisa y subió al auto consciente de que no tenía mucho tiempo. Sonrió a Peter y respondió a todas las miradas que el le dirigió. Ya en la fiesta, hasta se permitió el lujo de bailar con él. Cuando ambos salieron para afuera, se besaron como lo hacían cada vez que estaban solos.
-Vamos a un lugar más... comodo.- Había susurrado él.
-¿Para qué?- Habías preguntado, aunque ya sabías la respuesta.
-Tu ya sabes, divertirnos.- Sonrió él. Y ahí tu corroboraste que para él no eras nada más que una diversión, él no podría haberse echo cargo de un niño. Pero tu si lo amabas, aunque eso ya no contaba. Había otra vida más que contaba con las desiciones que tomaras.
-Una diversión...- Repetiste en un susurro, dolida hasta el alma.
Te separaste de él con lagrimas en los ojos, recuerdas perfectamente su mirada al verte llorar, lo besaste una vez más por que eras masoquista y luego te fuiste de allí, rogandole que no te siguiera.
En ese momento, ni te acordaste de que Candela y Rocío no sabían nada, pero despues te dijiste que era mejor así. Era mejor que nadie se enterara.
Ahora tu madre todavía pensaba que habías abortado, y tomaba tu escapada como algo natural despues de lo que habías pasado. Claro que ella no sabía que tu hijo estaba vivo, que habías acordado una adopción abierta con dos padre Españoles a los que hoy podías llamar tus amigos y que hoy tu hijo era mucho más felíz de lo que podría haber sido nunca contigo.
Y hoy, necesitabas contarle a alguien todo lo que ocurrió, querías que ellos entendieran.
¿Pero a quien? ¿A Rocío, tu mejor amiga pero la novia de el padre de tu hijo secreto y por el que aún parecías sentir algo?
Aún podrías decirle a Candela... solo esperabas que no hubiera cambiado tanto como parecía, y que quisiera escucharte.

Aggggh, odié como quedó este capitulo. Hasta me da verguenza subirlo, pero les debía hace tiempo.
Sofía.

lunes, 29 de agosto de 2011

A sangre azul~ Capitulo once

XI

Pablo miraba fascinado como la rubia frente a él tomaba en pocos tragos lo que quedaba de su tercera copa de tinto y tamborileaba los dedos sobre la mesa. No entendía que hacían ahí, sentados y sin hablar, pero no le molestaba para nada su compañía.
-Y... ¿Estas estudiando, trabajas...?- Preguntó con la cortesía típica de la gente elite, pero claramente incomoda. Eso le fascinó aún más.
-Estoy terminando derecho.-
-Ah...-
De nuevo silencio, pero la verdad a Pablo no le molestaba. Para él era bastante entretenido observarla. Ademas, siempre había sido así, callado; mas de mirar que de actuar. La vió pedir otra copa, de algo que él no alcanzó a entender pero supuso era fuerte al ver la cara del cantinero. Se lo tajeron en pocos minutos, y nuevamente se lo tragó al seco.
-¿No te va a hacer mal tomar tanto...?
-No te metas.- Lo acalló ella meneando el cuello, luego lo miró y bufó..- ¿Que acaso a tus amiguitos y a ti sus padres no los dejan tomar?-
-Si, claro que...-
-Ah, pero dejame adivinar. Unicamente toman champagne, en fiestas de gala en grandes mansiones -Hizo gesticulando con los brazos.- Con amigos de sus papis, ¿No?
Pablo carcajeó, encantado por los efectos que el alcohol parecía tener sobre ella.
-Si tomo, y no necesito permiso de mis padres, para que sepas.- Respondió con una sonrisa divertida bailando en sus labios.
-¿Ah, no? Dejame adivinar, te ganaste el privilegio despues de aprender a contar.-
La risa de Pablo fue silenciosa, pero ella la notó.
-¿Que es tan gracioso?-
-Que mis papás nunca me prohibieron tomar, amiga.
-Ah, apuesto a que pasan tanto tiempo viajando que no les da para preocuparse por tí...- La verdad, Rocío era plenamente consciente de lo que decía, pero su acompañante no parecía pensar lo mismo.
-No, pasa que murieron hace algunos años en un accidente.- Soltó Pablo. De todas maneras, seguramente el pensaba que ella no se acordaría al día siguiente, pero al ver que ella no respondía, decidio zanjar el tema.- Eso sí, los tuyos deberían prohibirtelo.- Añadió dirigiendo una mirada significativa a los vasos frente a ella.
-No te metas.- Dio como respuesta antes de pararse y dejarlo ahí, sentado y con ganas de más.
* * *

El majestruoso baño de la mansión se le hacía demasiado pequeño a Mariana en esos momentos. Sentía como si el aire escapara a proposito de sus pulmones, y habían tantos pensamientos en su cabeza que se sentía mareada. ¿Que se suponía que hacía a continuación? ¿Comentarselo a Rocío? ¿Volver a irse? Le pegó inconcientemente con la mano al lavabo, sin importar el dolor. ¿Porque siempre parecía la salida más facil escapar? Pero ya no volvería a cometer el mismo error, ahora ella era valiente y podría afrotnarlo. Lo que no sabía era si su corazón aguantaría, y si habían mas besos como ese, estaba perdida. Sacó de su pequeño bolso el lápiz labial y se retocó un poco los labios. Sintió cierta vergüenza al percatarse de que llevaba el rojo esparicido como un payaso y rapidamente se quitó los restos con agua.
En ese momento la puerta del baño se abrió y una extrañamente sonriente Rocío entró.
-¡Lali!- Si Rocío se confundió por el hecho de encontrar a Lali ahí cuando se suponía estaría con Peter, su cara no lo demostró.- ¿Que haces aquí?
-Me... tenía que retocar un poco el maquillaje, eso. ¿Y tu? Te ví bailando con Pablo.- Dijo Lali con toda la inocencia del mundo, preguntandose si habría visto el beso.
-¿Retocar el maquillaje?- Soltó una pequeña risita.- Mira lo que estamos hechas Mariana, ¿Que queda de nosotras?- Preguntó retoricamente, señalando a dos chicas vestidas con gracia y elegancia, peinadas y maquilladas frente al espejo.
Por un momento, Mariana pudo ver lo que alguna vez fueron. Dos amigas con ideales claros, hartas de sus vidas, intentando escapar de un mundo al que sentían no pertenecían, pero al que estaban obligadas. Claro que en la imagen que el espejo le devolvía, faltaba una amiga.
-Es cierto, creo que jamás nos imaginé vestidas así.-
-Pero las cosas cambian...- Agregó Rocío con voz baja.
-Sí, las cosas cambian...- Convino, hechandole un vistaso rapido a lo que fue su vida estos tres años, preguntandose que fue de las de sus amigas para que todo haya cambiado tanto.
-Mira, Lali. Yo se que hay algo más detrás de todo esto, algo que no me has dicho. Pero no te presionaré- Se volvió para mirarla a la cara.- Enserio, todo a su tiempo. Cuando te sientas lista, ojala sepas que te voy a escuchar. Eso no ha cambiado.- Sonrió mientras a Lali el corazón se le apretaba. Quisas no tantas cosas habían cambiado, eso la reconfortó.
La puerta volvió a abrirse, y para luego cerrarse sin fuerza a la espalda de una pequeña morocha, empapada hasta los huesos, con los ojos hinchados que temblaba incontrolablemente al tiempo que caía al suelo como si no pudiera sostenerse mas sobre sus pies.
-¡Candela!- Gritó Mariana espantada.
* * *

Un pito resonaba en sus oidos, y mas al fondo parecía escuchar voces, pero nada de lo que pudiera estar segura. Sentía las extremidades pesadas y un silbido en sus pulmones cuando sus jadeos intentaban llevarle algo de aire al cuerpo. Había corrido mucho bajo la lluvia, descalza y con nada mas que un pequeño vestido. Sabía que había sido una idiota, pero en esos momentos no podía regañarse. Lo unico que sabía hacer era seguir llorando, como si el mundo fuera a terminarse en ello.
Volver a ver Agustín había sido la gota que colmó su vaso. Sentía como si fuera a dividirse en tres, como si su cuerpo y corazón tiraran en varias direcciones a la vez. Por una parte, estaba la culpa. El odio hacia sí misma, hacia Agustín, el dolor con el que había aprendido a vivir pero el que no hacía nada más facil, que pujaba por alejarse de él. También estaba esa parte de su corazón que todavía quería a Agustín, que necesitaba tener alguna relacion con él, y la parte de su cerebro que lo necesitaba para seguir cuerda, para compartir la carga que llevaba sobre los hombros y llevaría toda su vida. Y despues, estaba esa mitad de su corazón que se había ido al cielo junto con el que fue el amor de su vida. Y ahora, las tres amenazaban con desprenderse.
Creyó escuchar gemidos, que al final entendió salían de su boca. Intento acallarlos, pero su cuerpo no se lo permitía. De repente tuvo la sensación de estar agotada, de necesitar cerrar los ojos, pero había alguien que no la dejaba. Con esfuerzo reconocía las voces de Mariana y Rocío intentando devolverla a una realidad que ya no quería vivir, y deseo gritarles que se fueran, que ella quería dormir. Entonces sintió como la puerta a sus espaldas se abría, y como unas manos fuertes la rodeaban y alzaban en vilo. Quiso removerse para que la soltaran y pareció que lo logró, por que las manos la apretaron con mas fuerza.
-¡Candela! Que hiciste.... Mierda, Candela...- Gritaba esa voz que ella no quería escuchar más, que la hacía querer hundirse en la inconsciencia, pero que al mismo tiempo conseguía que una de sus partes se reanimara y luchara por seguir despierta. Mas voces se unieron a la de Agustín, incluída la voz histérica de su madre. Pero ella no podía pedirles que se calmaran, porque no podía dejar de temblar y desear dormir. Y por que no, dormir de una vez para siempre.

¡Holi! Volví. Me demoré un poco, pero el colegio esta ahogante. Además empezé con una nueva idea que se llama 'Tomar de la mano' y les juro que estoy enamorada de la historia, por lo que estube abusando un poco de ella últimamente. Ya la subiré por aquí, lo prometo. Disfruten el capitulo, ya mismo me pongo a terminar el siguiente.
Sofía

martes, 9 de agosto de 2011

A sangre azul~ Capitulo diez


X

Someone like you


I heard that you're settled down
That you found a girl and you're married now
I heard that your dreams came true
Guess she gave you things I didn't give to you


Se meció lentamente con Pablo, intentando concentrarse exclusivamente en su pareja. No podía permitirse girar la cabeza, sabiendo que se encontraría con Peter. No podía dejar que el la mirara, por más que sintiera sus ojos clavados en su espalda. No podía dejarse vencer, no de nuevo. Cerró con fuerza los ojos y se apretó al pecho de Pablo para dejar de pensar. Su acompañante cerró los brazos en torno a su cintura, lo que le hizo sentir culpable al saber que Juan Pedro estaba mirando. ¿Pero de que tenía que tener culpa? Ellos ya no tenían nada porque ya no había nada entre ellos. El dolor en su pecho se acrecentó, recordandole que sí, que sí había algo entre ellos. Pero ella nunca se lo diría, nunca jamás. Porque sabía que el no lo entendería, porque sabía que el no reaccionaría bien. Y la odiaría, siempre. Y entonces se preguntó si no era mejor así, que fuera el quien la odiara, y se alejara de ella. Pero dentro, sabía que su corazón no soportaría que Peter la odie, pero su mente le decía que así las cosas serían más faciles.
* * *


Old friend, why are you so shy?
Ain't like you to hold back or hide from the light,

La mano de Juan Pedro en su cintura, el familiar olor de su cabello, el sonido de la música a su al rededor. En esos momentos, Rocío se dejaba llevar por la canción que reemplazaba al vals y que invitaba a las parejas de enamorados a mecerse abrazados en la pista, uniendose a los anfitriones. La voz de la asombrosa Adele se mesclaba con las conversaciones de los invitados, creando una especie de sonido sordo que parecía envolverlos a todos, dandole aún más aspecto de cuento de hadas a la fiesta. La mano de la rubia acariciaba los hombros de su amigo, esperando transmitirle algo. Sentía su propio corazón palpitar, y esperaba que el también lo notara. La apretó un poco más contra su cuerpo y Rocío lo tomó como una buena señal, sonriendo hundió la cabeza en su hombro y respiró con fuerza aspirando todo lo que pudiera de él, deseando congelar ese momento. Cerró los ojos, imaginandose que en ese momento el hacía lo mismo. Sabía que no podía vivir sin Peter, él era su mejor amigo, la unica persona que no se había alejado de ella estos años, el unico que no le había fallado. Porque a ella le habían fallado todos y cada uno de sus seres queridos, todos la abandonaron, de una manera u otra, pero fue su mejor amigo quien siempre se quedó, quien volvió a armar su corazón a base de sonrisas y consuelos. Le parecía logico querer tener una relación con él, despues de todo, sabía que el nunca se iría. Levantó los ojos hacía el, y lo encontró observando algo con el ceño fruncido. Siguió su mirada y vió a Mariana que bailaba con Pablo.
En ese momento entendió que Peter no la veía más allá de la amistad, y supuso que debería dolerle, pero no lo hizo. Ella creía estar enamorada de Peter, pero ya ni recordaba bien lo que era el amor.
* * *


I hate to turn up out of the blue uninvited,
But I couldn't stay away, I couldn't fight it,
I had hoped you'd see my face,
And that you'd be reminded that for me it isn't over.


Corrió como pudo hasta algún lugar donde ya no sintiera la vista de Agustín clavada en la espalda, donde la música no pudiera llegar hasta sus odios, donde la gente no pudiera verla. Sin dejar de sentír como las lagrimas arruinaban su pintura, se deshizo de los tacos para poder escapar con más velocidad, conciente de que seguramente él la seguiría. Abrió las grandes compuertas de la sala y recorrió a zancadas los pasillos de la casa sin reparar en los empleados que miraban extrañados. Sin detenerse salió a la calle, deteniendose solo cuando las dos grandes puertas se cerraron tras ella. Miró hacia el cielo y gritó. Sentía como las lagrimas se agalopaban en su garganta, dificultandole la respiración. Su pecho subía y bajaba a ritmo apresurado, haciendola jadear. Miró hacia todos lados, desesperada por saber donde ir. Pero no tenía ni un lugar, no tenía a nadie, estaba sola, completamente sola. Movió sus pies sin sentirlo, perdida en el dolor se movió bajo la lluvía sin destino exacto. Tomó un camino que solo había tomado una vez en su vida, y sin detenerse a pensarlo se hechó a correr nuevamente, empujando a la gente a su paso, sintiendo como el pavimento hería sus pies y como lentamente se volvía tierra. Corrió mucho rato, nunca estaría segura de cuanto, hasta llegar a la pequeña entrada que había intentado borrar de su memoria. Más agitada que antes, pero ahora a paso lento, se adentró en el camino de tierra. Estaba sola, lo sabía y lo sentía. Dejo que sus sollozos taparan el sonido de sus pasos y cuando llegó donde quería, se dejó caer pesadamente de rodillas, sin importarle que el caro vestido se llenara de barro. Acarició la piedra frente a ella con fuerza, sintiendo el dolor más latente que nunca. Se acurrucó contra ella, como si eso pudiera protegerla del frio, y entre llantos acarició con los dedos las inscripciones de la tumba.
-Perdoname Victorio, porfavor, perdoname.- Pero ella sabía que el ya no la escuchaba.

Victorio D' Alessandro
1984-2010 
 

Never mind, I'll find someone like you,  
I wish nothing but the best for you, too.

Luego de un par de compaces, cuando Rocío terminó de asimilarlo, se separó bruscamente de Peter y lo obligó a mirarla. Intentó buscar en sus ojos algo que le hiciera sentir mariposas, algo que se asemejara a lo que ella recordaba que Gastón le hacía sentir, pero no vió nada.
-¿Que sucede?- Preguntó él, que alternaba su mirada entre ella y Mariana, detalle que no pasó desapercibido ante Ro.
-¿Porqué la miras tanto?- Preguntó, no a modo de reclamo, si no simplemente para obligarse a sentir celos. Ella estaba segura de que se había enamorado de Peter... ¿O no?
-¿A quien?-
Perfecto, se hacía el tonto. Ella debería enojarse, pero no podía. Intentó fruncir el ceño, pero eso tampoco dio resultado. El la miraba extrañado, pero la rubia no emitía ni un sonido. Estaba pensando, estaba obligandose a sentir. Talvés tendría que intentar algo más...
Lo tomó por los hombros y lo atrajo hacia ella, chocando sus labios. Lo besó intentando transmitirle algo, pero ella misma sabía que era lo mismo que habría sentido de besar a un tronco. Pero ¿Como podía ser? Se había obligado a soñar con ese beso todas las noches, intentando imginar la felicidad que sentiría al estar finalmente con él. Pero no pasaba nada, de hecho, se le estaba tornando algo incómodo. Se separó tan bruscamente como lo había iniciado. 
Don't forget me, I beg,
I remember you said,
"Sometimes it lasts in love,
But sometimes it hurts instead"
Sometimes it lasts in love,
But sometimes it hurts instead.

-Que fue...- Preguntó cuando pudo respirar.
-Nada, no fue nada. Vé.-
Si Juan Pedro antes estaba confundido, ahora no entendía nada.
-¿A donde?-
Rocío lo tomó por los hombros, y el instintivamente se hechó hacía atrás, como si la fuera a besar nuevamente. Pero en cambio, ella habló.
-Anda por Mariana, si quieres yo distraigo a Pablo.- Dijo, sintiendo sin saber porqué, que hacía lo correcto. Peter la miró contrariado unos instantes, luego le dejó un beso en la mejilla y se fue en busca de Lali, confirmando que allí había algo más de lo que ellos decían. Rocío suspiró con fuerza, en estos momentos volver a sentir lo que sintió por Gastón se veía como un sueño lejano. Para amar, hay que tener corazón. Y ella sabía que el primer paso para enamorarse de nuevo era reconstruir el suyo.

* * *

You know how the time flies,
Only yesterday was the time of our lives,
We were born and raised in a summer haze,
Bound by the surprise of our glory days.
 
Cerró los ojos con fuerza y hundió la cara en el hombro de Pablo para no tener que ver la escena que sucedía ante sus ojos. Peter y Rocío estaban besandose, y la canción de fondo no ayudaba a calmar las ganas de llorar que esto le provocó. ¿Porque no podía ponerse felíz por su amiga? Ella misma se lo había dicho, Juan Pedro era el unico que podría hacerla felíz de nuevo. Lali sentía que se lo debía por haberla abandonado. Pero su corazón se partía una y mil veces mientras su mente repetía la imagen en su cabeza, jugandole una mala pasada. Respiró hondo una, dos, tres veces e intentaba relajarse cuando sintió un par de golpecitos en el hombro. Levantó la vista y vió que Pablo veía algo que ella no por sobre su espalda, al tiempo que se separaba de ella con una sonrisa.
-¿Como estas amigo?-
-Bien, gracias. Eh... ¿Me dejas bailar un poco con la señorita?-
Mariana se heló completamente al escuchar su voz, pero no reaccionó hasta que Juan Pedro la tuvo tomada por la cintura, meciendose nuevamente al ritmo de la música. Ella no lo miró, ni tampoco protestó. No tenía las fuerzas.
-¿Porqué te fuiste?- Preguntó serio luego de los primeros segundos de silencio.
-Eso no te incumbe.- Susurró a penas, pero el la oyó.
-Claro que me incumbe, nosotros estabamos juntos, por si no recuerdas.-
Mariana levantó la vista, herida.
-No estabamos juntos.-
-Sí, había algo entre nosotros y tu lo sabes.-
-¿Algo?- Dijo con ironía.- Entre nosotros no había nada, Lanzani.- Le sostuvo la mirada, desafiandolo.
-Porfavor, Mariana.- El tono de ni uno de los dos era amigable.- ¡Nosotros hacíamos el amor! Ya ni puedo contar las noches que pasamos juntos.-
-Te equivocas de nuevo. Nosotros no hacíamos el amor Pedro, lo que teníamos era sexo. Eso era todo, era un pacto puramente físico.-
-¿Me vas a decir que no había nada más? ¿Que nunca sentiste nada por mí?-
Sin quererlo chocaron contra una pareja que ahí bailaba, interrumpiendo su conversación. Se disculparon ambos y Peter volvió a tomarla por la cintura, pero había algo distinto en su tacto esta vez.
-De todas maneras, el deseo sigue ahí, ¿No?- Dijo el a su oido de manera sugerente. Mientras se estremecía, Mariana agradeció mentalemente por no tener que responder la primera pregunta.
-No.- Respondió ella con firmeza.
-¿No?- Dijo acercando sus labios por debajo de la oreja de Mariana, haciendo que se estremeciera nuevamente. Él rió por lo bajo.- Veo que sigo siendo irresistible para algunas...- Dijo con socarronamente, como solía hacerlo.
-N...no.- Volvió a repetir, sin tanto convencimiento como la primera vez.
Lenamente el se separó de ella, mirandola a los ojos. Mariana le devolvió la mirada, sin poder hacer nada por evitar la atracción devastadora que había entre ellos. En un momento habían dejado de bailar, pero el cerebro de Lali no podía rememorar cuando. Sinceramente, su cerebro parecía no procesar nada que no fuera el verde de sus ojos.
-No sabes como te extrañé.- Dijo finalmente él, antes de besarla con impetú. Enseguida, e inconscientemente, Lali devolvió el beso. Se olvidó de la gente a su alrededor, de la musica que tocaba sus compaces finales, de todos quienes podrían haber estado observando. Entonces, su cerebro volvió a activarse y frente a ella apreció la imagen de Peter y Rocío besandose hace unos momentos. Se separó bruscamente y cuando vió la cara de él, le pegó una bofetada.
-¡Eres un... un... idiota!- Gritó para hacerse oir sobre el bullicio, limpiandose la mano con el dorso de la boca.
-¿Que rayos te pasa?-
-¡Como puedes! Eres asqueroso... yo... no puedo creerlo. ¿Que le voy a decir a Rocío?-
-¿Rocío?- Repitió el, mientras su semblante pasaba de la confusión al entendimiento. Abrió la boca para decir algo, pero la cerró rapidamente y sonrió.
¿Sonrió? ¿Como podía sonreir, si había jugado con Rocío? Definitivamente era un idiota. Su rabia aumentó aún más, y sin decir nada más, se volvió hacia la puerta y enfiló fuera del salón.

¡Listo, el capitulo diez! En fdc lo subi en dos partes, pero aquí quería subirlo entero. Yo creo que sería mejor si lo leyeran por separado, pero bueno jaja, es lo que hay.
Las ama, siempre.
Sofía.
Pd. Escuchen Someone like you, de Adele, era la canción perfecta para este capitulo, y es increible.

martes, 26 de julio de 2011

A sangre azul~ Capitulo nueve


Nueve.

-Que haces aquí...-
-Te lo dije, quería verte.-
-¡Pero yo te pedí que no vinieras!-
-Pero yo tenía que verte, Candela. Hace demasiado tiempo que no te veía, necesitaba recordar que era tenerte entre mis brazos.-
Al escuchar eso, Candela cerró los ojos con fuerza, intentando controlarse, intentando mantener la compostura. Sentía como sus manos, apoyadas apenas en los hombros de él, temblaban y como el corazón le palpitaba a mil por hora. Estaba increiblemente guapo, tenía el pelo más corto que antes y la piel más morena. Ella creyó que estaría demacrado por el tiempo que estuvo internado, pero no era así.
-Agustín...-
-Yo se que tu también querías verme, lo se.-
-No.-
-No mientas, porfavor. Te conosco.-
-No me conoces nada, Agustín.-
-¿No?
-No.
-Si te conosco. Te conosco tanto que sé que le temes a la oscuridad, que te gustan las flores, que quieres ser medico.- Bajó a voz.- Que cuando te susurran al odio, siempre te estremeces-
Candela se estremeció cuando dijo esto último pegado a su oreja.
-Que te encanta que te besen en el cuello...- Completó mientras bajaba lentamente por su mandibula, en dirección a su cuello. La cantidad de sensaciones que la recorrieron en ese instante la obligaron a cerrar los ojos, olvidandose completamente de su alrededor. Su mente se desconectó de su cuerpo mientras él cerraba las manos en torno a su cintura, sin dejar de meserse al ritmo de la música.
Entonces otro recuerdo, demasiado vívido, ocupó su mente.
Estaban en una cafetería, de un barrio del que ella no podía recordar el nombre. No había mucha gente, si no la suficiente. Victorio la llevaba de la mano por entre las mesas, mientras ella reía tontamente por algún chiste.
-Vamos a bailar.- Dijo, mientras intentaba poner una canción en la antigua radio del local.
-¿Aquí? Hay mucha gente, Victorio...
-¿Y que?
Rápidamente la tomó de la mano y la llevó al centro de lugar, a un espacio vacío entre las mesas. Una canción de esas antiguas de rock'n roll sonaba, y la gente los miraba con una mescla de diversión y confusión. Él empezó a moverse, meciendo la mano de ella, que reía a todo volumen. Con Victorio todo era así, risas y más risas, o por lo menos casi todo.
-¡Vamos flaqui, muevete!
Candela entre risas y a su pesar, le hizo caso y comenzó a bailar con él. Algunos clientes incluso llegaron a aplaudirles. Para el final de la canción, ya habían tres parejas más en la imporvisada pista de baile. Una canción lenta llenó el lugar, mientras las parejas volvían a sus lugares, pero Victorio no se movió, en vez de eso tomó a Cande por la cintura y la atrajo a él, pegandola a su pecho. Ella se dejó mecer al ritmo de la cancíon, reposando su cabeza en él.
-Eres increible, ¿Sabes?
Levantó la cabeza y se encontró con los ojos de su novio, que sin decir una sola palabra, tomó nuevamente su mano y la sacó de allí. Caminaron sin hablar las cuadras que los separaban del apartamento de él, y ya dentro se besaron de mil maneras distintas, buscando a ciegas el camino a la habitación. Esa noche, él le beso el cuello como no lo había echo antes, y ella pidió más. Fue la primera vez de Candela, y también cuando descubrió como la fascinaban los besos ahí.
Cuando volvió su mente a la realidad, se separó bruscamente de Agustín, sin molestarse en evitar las lagrimas que brotaron de sus ojos.
El de dirigió una mirada dolida, que ella evito al tiempo que se giraba. Sintió como la mano de el se cerraba en su muñeca, pero alcanzó a zafarse antes de perderse entre las demás parejas que se habían unido al baile.
* * *

Miró como Diana Vetrano inciaba el baile de la mano de su esposo, y intentó alisarse nuevamente los pliegues del vestido que subían por su muslo. No tenía retinencia a usar vestidos cortos, pero se sentía extrañamente incómoda con uno en ese lugar. Se dedico a observar como sus ex compañeras de instituto cuchicheaban sin despegar ni por un minuto sus ojos de Lali, que intentaba mostrarse lo más pasiva posible, aunque Rocío sabía que no estaba acostumbrada a las miradas de la gente. Tal vez antes sí, pero ahora y despues de tres años, al parecer se habia olvidado de eso. Pensó también en Candela, que se unía al baile en esos momentos, de la mano de un hombre no mucho mas alto que ella, que por alguna razózn le sonaba extrañamente familiar a Ro. Despues de casi seis años como mejores amigas, le fue imposible no notar como se contrajo de dolor la cara de Cande cuando lo vío, ni como las lagrimas amenazaron con desbordar sus pequeños ojos. Un desesperado instinto de protegerla se apoderó de Rochi, quien intentaba aún reconocer al hombre que bailaba a su lado. Entonces, cuando este acercó su cara a la de su amiga, reconoció al chico. Era Agustín. Y de pronto entendió el porque de la incomodidad de Candela, y entendió también todo el dolor reflejado en sus ojos. Se sorprendió mucho de verlo, y se preguntó si Peter ya lo sabía. Habían sido muy amigos en una epoca, cuando Agustín, como ellas, intentaba escaparse de la vida elite. Agus había pasado mucho tiempo con ellas y con los demás cuando Mariana todavía estaba aquí. De hecho, el y Mariana eran como hermanos. Pero despues de que Lali se fue, él también desapareció, al igual que Juan Pedro, al igual que un poco de tiempo después, Cande. Parecía que despues de Mariana todos hubieran tomado sus caminos, y se preguntó si todo estaba conectado. Pero ella conocía la historia de la auto-confinación de Candela, y por lo tanto la de Agustín, y no porque su antigua mejor amiga le hubiera querido confiar sus secretos, si no porque lla joven Vetrano se vió obligada a hacerlo cuando Rocío la descubrió. Pero la rubia siempre sospechó que había algo más, algo que tenía que ver con su quiebre con Victorio y otro par de cosas que nunca quiso preguntar. Se preguntó si alguien más sabía el secreto que compartían Agustín y Candela, o si ella era la unica.
-¿Una copa?
Una voz muy conocida para Ro la sacó de sus pensamientos, y se giró justo a tiempo que Nicolás Riera se acercaba a ella con una bandeja.
-¡Nico! ¿Que haces aquí?- Rocío hiso amague de abrazarlo, pero el rubio se apartó un poco.
-Sin tanto cariño, que estoy trabajando eh.- Dijo con una sonrisa, moviendo la bandeja para que ella pudiera apreciar su delantal de camarero.- La madre de Candela contrató a la empresa de catering para la que trabajo.- Se encogió de hombros.
Rocío rió.
-Che, ví en lo que convertiste a mi amigo.- Dijo Nicolas soltando una carcajada sonora que llamo la atención de un par de invitados.- Peter hasta parece cheto. ¿Tu madre no se enojó porque lo trajeras? Igual, a penas me saludó cuando lo ví. Parecía ocupado buscando a alguien.
El repentino deseo de que fuera a ella a quien buscaba y la calidez que sintió su corazón al aferrarse a la idea la distrajo momentaneamente de su conversación con Nico. Cuando regresó en sí, había olvidado completamente que le había preguntado, y de repente recordó algo.
-No sabes quien volvió.- Apuntó la rubia con un repentino entusiasmo que no sorprendió a Nico, acotumbrado a sus cambios de emoción.
-Al parecer, no tengo idea.- Dijo volviendo a reir mientras veía como la rubia recorría con los ojos la habitación y le hacia señas a alguien, a quien Nico no alcanzó a ver, para que se acercara.
-¿Que sucede?- Preguntó Lali mientras llegaba al lado de ella. Rocío le hiso señas apuntando al un rubio que estaba de espaldas a ella, y solamente el ver sus rubios rulos recogidos en una coleta sirvió para que soltara un grito.
-¡Nicolas!
El aludido se giró hacia ella y por poco suelta la bandeja que llevaba en manos.
-¡Petiza!
A Mariana poco le importó que el casi derramara todo los vasos cuando le hechó los brazos al cuello.
-Volviste, petiza...- Dijo mientras con su mano libre la apretaba con mas fuerza. Rocío miraba la escena con una sonrisa.
-Nico, te eché de menos teñido...- Mariana le pasó la mano por el pelo y soltó una carcajada.
-¿Donde estuviste todo este tiempo? ¿Porque te fuiste?
-Viajó por Europa la perla.- Interrumpió Rocío para que su amiga no tuviera que dar más explicaciones, y Mariana se lo agradeció con una mirada.
-¡Europa! Mira tu... Chicas, tengo que dejarlas, el deber me llama.- Nicolas hiso una reverencia que provoco nuevamente la risa de sus amigas.- Pero antes... ¿Es mi idea, o ví a Agustín Sierra por aquí?
-¿Agus?- Preguntó la mas bajita, con la voz emocionada.
-Si...- Rocío se revolvió incomoda, preguntandose si tendría que mentir por mantener el secreto de él y Candela.
-¡Ja! Parece que todos estan de vuelta...- Nicolás les guiñó un ojo y agregó.- Espero, petisa, que no nos hayas cambiado a mí y a los demás por nuevos amigos Europeos.
-Nunca.- Sonrió Mariana y se volvió a tiempo que Pablo se acercaba a ellas.
-¿Bailamos, Lali?- Preguntó estirando la mano, pasando de Rocío, quien bufó y despues de dirigirle una mirada no muy amigable al acompañante de su amiga, fue en busca de su pareja esa noche. Esta noche esperaba que fuera la noche, y que Peter y ella al fín pudieran dar un paso más allá de la amistad, o por lo menos esas eran las intenciones de la rubia, y pensaba dejarselo claro. Cuando lo encontró, lo arrastro tomandole de la mano y lo llevo a la pista de baile, en donde ya Pablo y Mariana se movían al ritmo de la música.


Volví, peeero lamentablemente también vuelvo a clases, por lo que volvemos a eso de que van a tener que perseguirme hasta que suba jaja. Aprovechen ustedes que aún les quedan vacaciones, a la mayoría. Aquí en Chile y a mí por lo menos, ya no me quedan jaja.
Las quierooooooooooooo, y en el próximo se viene mas Laliter les juro.
Sofía.

jueves, 14 de julio de 2011

''A sangre azul'' ~ Capitulo ocho.

Ocho


Se giró para ver de quien se trataba, y se encontró con Rocío. Automaticamente sus ojos buscaron a Juan Pedro por encima del hombro de su amiga, y al no encontrar nada, se relajó visiblemente.

-¡Mariana, mira como te ves!- Dijo separandose para verla mejor.

-Mira quien habla, Rocío. Tengo suerte si mi pareja no se va contigo a mitad de la noche.- Pablo, quien estaba a lado de ellas sonrió y estiró una mano a la rubia.

-Pablo Martinez. ¿Rochi, supongo?-

-Un gusto.- Dijo ella pasando de su mano y dandole un beso en la mejilla. Acción bastante propia de Rocío, pero que descolocó un poco a Poli. Esa noche, la rubia de verdad estaba increible. Tenia puesto un vestido dorado, entallado y corto con una sola manga que caía suavemente por su brazo. El pelo, en un medio moño parecía no tener fin, y sus ojos resaltaban con el cuidadosamente puesto delineador.

-¿Puedo saber desde cuando tan...?- Lali no encontró las palabras adecuadas para expresarse.

-¿Refinada? ¿Elegante? ¿Diosa?- Completó su amiga a tono de broma y luego rió, acompañada de Lali. Pablo la miró atónito, lo que molestó a Rocío, quien se giró un poco para darle la espalda.- La verdad, el vestido era de Eugenia. No quería ponermelo, pero ya estaba bastante harta de pelear con mamá. Eso sí, invité a Peter. Deberías haber visto la cara de ella cuando lo vió. Hablando de eso, ¿Donde se metió este Juan Pedro...?-

-¿Lanzani está aquí?- Interrumpió Pablo.

Rocío le dirigió una cara de pocos amigos a Pablo quien revolvió su copa inocentemente, ella odiaba que la interrumpieran, y se enojaba bastante facil.

-Si.- Dijo secamente.

-¿Porque no vas a buscarlo, a ver si lo encuentras?- Habló Lali antes de que la otra pudiera espantarlo. Pablo asintió una vez y se retiró prometiendo que volvería a buscar a Lali para bailar el vals.

-Y tú ¿Desde cuando tienes amigos tan...chetitos?- Dijo mirando como se iba el otro.

-Ay, Rocío. Pablo es re buena persona, simplemente no lo conoces.-

-Y no tengo muchas ganas, creeme.-

Mariana rodó sus ojos y decidió no intentar convencer de nada a su amiga, era bastante cabeza dura cuando quería.

-Oye, ¿Que le sucede a Candela?- Preguntó cuando ambas ya estaban apoyadas en el bar.- Digo, a duras penas me saludó y lo unico que conseguí fue esa mirada que usaba cuando estaba molesta.-

Rocío suspiró y se pasó la mano por el cabello, mirando a la aludida bailar con sus invitados.

-La verdad no se. Despues de que te fuiste, perdímos el contacto. Cuando terminó con Victorio, estuvo mucho tiempo completamente retraida del mundo, y luego, simplemente desapareció. De vez en cuando la veía, pero cada vez estaba más delgada, se veía enferma, no lo sé. Creo que pasó por cosas dificiles. El punto es que despues de eso, no volvió a ser la misma. Aunque no lo creas, nunca más volvió a escaparse en la noche, ni a desobedecer a su madre. Se volvió una más.-

Mariana asintió una vez, y se limitó a mirar a Candela.

-Pero no se que tiene que ver eso conmigo, osea, no le hice nada para que me odie.-

-Cuando te fuiste, tal vez para mí no fue sorpresivo, pero para ella sí. Al principio se enojó, claro. Se quejaba de que como su mejor amiga, le debías una explicación. Un tiempo después, se le olvidó. Pero claro, ahí vino lo de Victorio y no supe nada más.-

Lali miró con nostalgia a su amiga, necesitaba que todas volvieran a ser las que eran antes, para devolverle algo de la normalidad perdida a su vida. Ella quería de vuelta a su Candela de hacía tres años, a la flaca que no dejaba que le pasaran por encima, que nunca hubiera aceptado una orden, ni menos una crítica. La pequeña que soñaba con ser libre, no esta chica elite en la que parecía haberse convertido.

-¿Y todos cambiaron tanto? Los chicos... Dani, Nico, Benja, Gastón...- Al mencionar a este último, notó como su amiga se revolvía incomoda.

-No, todos no.- Habló la rubia antes de que Lali pudiera preguntar algo.- Dani es la misma, María también. Ambas siguen intentando levantar ese estudio de danza... y Benja se dedica a tocar la guitarra. Le va bastante bien, por lo menos pudo pagarse un piso donde vivir...-

-¿Y los demás?- Preguntó inocente, tratando de sacar a colación el tema que a la rubia parecía haberle incomodado.

-No sé.- Mariana vio como los ojos de su amiga se volvían cristalinos de repente y soltó su vaso para poder abrazarla.

-Que sucede Ro...- Intento consolarla acariciando su espalda, mientras Rocío se apoyaba a penas sobre su hombro, sin llorar.- No tienes que contarme nada si no quieres...- Esperó a que se calmara un poco y para su sorpresa fue Rocío quien habló.

-Fuimos novios, dos años. Yo era feliz, ¿Sabes? Y creí que el también... ibamos a vivir juntos. Me prometió que me sacaría de la vida que llevaba. Porque yo estaba sola y tu ya no estabas, ni Candela, ni mi hermana... y Gastón era lo unico que tenía. Lo amaba.- Dijo separandose un poco, mirando hacia el vacío.- Lo amaba con mi vida. Y creí que era mi vía para ser felíz, pero... fui ingenua, creo. Me dejó, por telefono.- Soltó una risa ironica.- Me dijo que había conocido a otra, y que se iba con ella. Creo que esa fue la razón por la que empezé a tomar, no soportaba que otra persona más me abandonara, que me rechazara.- Miró a Mariana y la morocha sintió que el corazón se le partía.

-Perdón, fue mi culpa, fue mi culpa. Yo debería haber estado ahí, pero te dejé sola. Soy lo peor, la peor persona del mundo...-

-No, amiga. Tu tenías todo tu derecho a ser felíz, y yo lo sé.- Suspiró y se seco una lagrima solitaria que se le había escapado.- Ademas, no estuve completamente sola. Juan Pedro estuvo conmigo, fue mi alegría en todo ese tiempo.-

Los ojos le brillaron cuando habló de él.

-Me ayudo muchísimo, me mantuvo conectada a tierra. Gracias a él no olvidé quien era, le debo mucho.- Añadió un poco más bajo y se volvió a ella, con la misma sonrisa alegre de siempre.- Al principio, cuando te fuiste, el también cambió un poco. Osea, no lo ví durante un tiempo. Fue como si le hubiera afectado tu partida.- Río un poco.- Ni que te conociera de hace mucho tiempo, digo, te conoció esa misma noche. ¿Viste el efecto que causas?- Le dió una pequeña palmada y Mariana rió incómoda.

No le gustaba mentirle a su amiga, pero no tenía que ser especialmente inteligente para notar que a Rocío le pasaban cosas con Peter, y ella no era quien para volver a arrebatarle la felicidad que conseguía al lado de él.

No podía contarle que ellos si se conocían de antes, de mucho antes. Tres meses y medio, para ser exactos. Los había presentado Dani, y enseguida hubo una conexión increible. Esa noche y después de unas copas de más, terminaron en su cama. Pero no todo terminó ahí, porque volvieron a encontrarse. Y de una forma u otra, siempre terminaban acostandose juntos, la atracción que había cuando estaban cerca, claramente podía con ellos. Seguramente el termino que más se acercaba a la relación que tenían era el de 'Amantes', pero a Lali no le gustaba pensar así. No era que se arrepintiera, ella estaba segura que podrían haber llegado a tener algo serio, pero ahí sucedió lo que sucedió, y se vió obligada a irse. No le quedaba otra, pero no podía contarle a nadie, no aún. Pensó en que Rochi no le ocultaría nada, pero para Marian no era tan facil. Mientras estaba con Peter, ella no tenía ni idea de que era el mejor amigo de la rubia, y la noche que se enteró fue la misma noche en que se desencadenó todo, aunque las dos cosas no hubieran tenido nada que ver. Decidió que Rocío merecía sinceridad, y se decidió a contarle la verdad de su partida. Tal vez no le contaría ahí mismo, pero ahora sabía que lo haría, mas adelante. Y eso la hacía sentirse bastante mejor.

* * *


Candela se movía con gracia por entre los invitados, intentando parecer normal. Cada cierta cantidad de minutos revisaba el gran reloj del salón, comprobando que la noche parecía pasar cada vez mas lenta. Y que se acercaba la hora del vals, el cual ella y su madre tendrían que iniciar. Pero la pareja que la madre de Cande le había concertado, había anunciado su inasistencia esa tarde producto de una gripe. Estiró nerviosa los plegues de su vestido mientras conversaba con el Señor Igarzabal y su madre, a quien esta última le explicaba algo sobre la arquitectura de la casa que Candela n llegaba a entender.

-Oh, mi vida.- Comentó Diana, su madre, tomandola suavemente por el brazo.- Es hora del vals, había olvidado decirte que te encontré nuevo acompañante.

-¿Si? ¿Quien?- La morocha estiró el cuello intentado divisar a su nueva pareja.

-Por ahí debe de andar...- Susurro mientras su padre se acercaba a ellas.

-¿Listas?-

-Mi pareja...-

-Ahí viene mi amor.- Le susurró en el oido Diana mientras era arrastrada por su esposo a la pista.

Candela se giró buscando a alguien, y al no encontrar a nadie, volvió a enfocar su mirada en sus padres que bailaban al centro de la pista. No sabía porque su madre se había empeñado en la idea de un vals para la fiesta, pero la joven Vetrano no había rechistado. La verdad, no le había tomado importancia, hasta ese momento en que no tenía con quien bailar. Dirigió a su madre una mirada preocupada, que ella no pareció ver. Bufó para sí misma, y justo en ese momento una mano la tomó por la cintura y con un giro perfectamente coreografiado la incluyó en el baile. No tuvo tiempo de verlo hasta que ya estuvieron meciendose por la pista al compás de la música, y en ese momento su corazón se detuvo completamente.

-Agustín...- Susurró sin apenas abrir los labios, sintiendo de repente calor emerger de su espalda, en donde él tenía la mano apoyada.

-Te eché de menos.- Susurró el a su odio y la hizo girar cuando el baile lo indicó, como si fuera lo más normal del mundo. Vió como su madre le sonreía desde su posición, e intentó por todas las fuerzas que las piernas no le flaquearan. No en ese momento, no delante de todos.


Mis vidas, ¿Como estan? ¿Como les ha tratado la vida? A mi no tan bien, como saben las que mantienen contacto externo conmigo. Mi viaje fue cancelado, debido a que el avión no pudo partir. No pude cumplir mi sueño, pero entiendo que fue mala suerte. No puedo hacer nada para cambiarlo. Talvez el próximo año, o en un par más, pueda volver a intentarlo. ¡Ojalá! Pero esto se los cuento para explicarles el porque no había subido. No estaba de animos, y sabía que si escribía, estaba tan deprimida que podría haberlos matados a todos, y no da jaja.
Con esto se aclaran un par de cosas... La fiesta no termina aún, faltan encuentros.
Las que preguntaron, Candela esta enojada con Mariana porque al volver esta, vuelve la parte de su pasado que ella quiere olvidar a toda costa. Pero no se lo admite a sí misma, y lo tapa diciendo que no le perdona el haberse ido y haberla dejado sola.
Ojalá eso les aclare algo, si tienen más preguntas (se que sí) dejenlas y veré que puedo responderles que no se vaya a ir revelando con el tiempo, se que no soy muy explícita cuando escribo.
Un beso, y como quién diría...La noche es joven...
Sofía.

jueves, 7 de julio de 2011

A sangre azul~ Capitulo siete


Siete



Exesivamente nerviosa, Candela revisó por doceava vez esa noche su telefono celular. Ni un rastro de Agustín, nada. Lo volvió a tirar ansiosa sobre la cama y se miró nuevamente al espejo, apartandose el pelo de la cara. Para esa noche había elegido un suave vestido color crema, hasta un par de centimetros por encima de la rodilla, y que delineaba perfectamente su figura con lindos encajes. El pelo, caía casi completamente suelto por su espalda y pecho, creando un efecto que Sandra, su madre, había descrito como angelical. El maquillaje, suave y de colores neutros, nada exagerado. Sus intención no era llamar la atención, al contrario, quería que la noche pasara lo más rapido posible, y ojala sin incidentes. Se acercó a su pequeño tocador y abrió su joyero, para sacar dos perlas y ponerselas en ambas orejas. Se miró una vez más, y decidió que necesitaba un collar. Rebuscó un buen rato hasta que dió con una pequeña cajita de terciopelo azul que no recordaba tener. Acarició los bordes con delicadeza y la abrió, econtrandose con un hermoso collar de plata, adornado con un pequeño dije con cuatro iniciales.

VD CV

Sus ojos se cerraron instantaneamente, y esta vez no pudo evitar que nuevamente, su mente le jugara una mala pasada.

Vió frente sí a una Candela de 17 años, riendo y sonriendo, que caminaba por una plaza de la mano de alguien. Alguien que en ese entonces, ella describía como 'el amor de su vida'.

-Dale, flaqui.- Candela volvió a reir, separandose de la mano de su novio y negó suavemente con la cabeza.

-Ni loca, Dalessandro.- Rió nuevamente al ver la cara de él.

-Es solo una cena, tu madre me hizo prometer que estarías allí.-

-¿Y de cuando le hago caso yo a mi madre?- Apuntó, sin dejar que las comisuras de sus labios bajaran.

-Dale, Cande. No me obligues a llevarte a la fuerza.- Ella enarcó una ceja, retandolo a que lo hiciera.- ¿No me crees?.- Soltó otra carcajada.- Bueno.- Dijo mientras la tomaba y la ponía sobre su hombro.

-¡Victorio!- Gritó ahogada en risas, mientras la gente de la plaza miraba la imagen con ternura.- ¡Bajame!-

-¿Vas dejar que te lleve a tu casa, como dijo tu madre?- Preguntó ignorando los golpes que esta le daba en la espalda.

-¡No!- Y entonces el comenzó a dar vueltas sobre sí mismo, a proposito. -¡Para Vico!-

-No, hasta que la respuesta sea un sí.- Repuso con calma, ignorando los gritos y carcajadas de su novia.

-¡Esta bien, esta bien!- Esperó a que la depositara en el suelo para levantar un dedo señalandolo.- Pero, solo si tu vienes conmigo.- Hiso un puchero, consiguiendo una sonrisa.

-No, Can. Sabes que a tu mamá no...-

-¡Y a mí que corno me importa lo que piense ella!-

-Flaqui...-

-Dale, Victorio. No me hagas ir sola, por favor.- La risa de Candela fue reemplazada por una mueca.

-No Candela, ya te dije que...-

-Hoy viene mi papá, ¿Sabes?- Dijo ella dando un suspiro.- No quiero verlo, no despues de... eso.-

-¿Tu madre aún no lo sabe?- Preguntó Victorio tomandole una mano. Ella negó con la cabeza mientras se mordía un labio.- Can... tienes que decirle...-

-Lo sé, solo que... va a arruinar la familia...-

-Pero... ¿No crees que tu madre debe de saber la verdad? Ella no merece vivir así, engañada...-

Una lagrima se escapó de los ojos de ella, y él se arrepintió inmediatamente de haber ahondado tanto en el tema.

-No, mi amor, no llores.- La acunó en sus brazos apretandola fuertemente contra su pecho, deseando poder compartir aunque sea algo del dolor que ella sentía, para aliviarla.- No llores, shh.- La meció suavemente, sin saber exactamente como consolarla, pero al parecer eso la calmo.

-No quiero ir sola...-

-No irás sola.- Dijo separandola unos centimetros del calor de su pecho.- Tenía pensado entregarte esto, no ahora, pero creo la ocasión lo amerita.- Rebuscó en sus bolsillos mientras la confusa cara de la morochita lo seguía atenta.

-¿Que es eso?- Dijo cuando el extendió frente a ella una pequeña caja de terciopelo azul.

-Abrelo.-

Cuando deshiso la pequeña cinta, la entonces pequeña Candela se encontró con un collar de plata con un dije en el que se leían claramente las inciales de ambos. No era el collar más bonito que le habían dado, ni por lejos el más caro, pero en ese momento le pareció nunca haber visto nada tan hermoso en su vida.

-Es para que no te sientas sola, en ese collar estoy yo, y estas tú. Yo también tengo uno, ¿vez?- Dijo abriendo su chaqueta para que ella pudiera ver como colgaba sobre su pecho.- Date vuelta, dejame ponertelo.-

Candela obedeció sin hablar aún, muy emocionada como para que las palabras salieran al aire. Sintió como las frias manos de él acariciaban levemente su cuello al apartar su cabello y como sus dedos se movían sobre su piel.

-Listo.- Dijo y dejó un pequeño beso en su espalda, pero antes de que se separara demaciado, Candela se giró y atrapó sus labios con los suyos.

Esa noche, la Candela de 17 años le habló a su madre sobre la amante de su padre, y sobre algunas cosas más, sin dejar, en ni un momento, de apretar fuertemente contra su pecho a su Victorio.

La Candela de 21 por su parte, soltó un gemido ahogado y se apuró a guardar el collar de donde había salido. Talvez algún día se sintiera lista para volver a usarlo, pero no ahora. No hoy. Revisó que el maquillaje no se hubiera corrido por culpa de las lagrimas y salió de su habitación respirando hondo, dispuesta a recibir a los invitados que ya comenzaban a llenar la mansión Vetrano.

* * *


Mariana también rogaba por que la noche terminara rápido. Subió a su auto envuelta en un vestido negro de escote corazón con un suave vuelo que partía de la cintura y resaltaba sus piernas, tacos altos y el pelo liso tomado en un moño. No era de su estilo, pero su madre había insistido, y ella no había podido negarse, nuevamente. En cierta parte, quería parecer lo más normal posible cuando entrara a la fiesta, pasar desapercibida e irse rápido de allí. Sabía por Rocío que Peter estaría presente, lo que la ponía aún mas nerviosa. Y estuvo a punto de quedarse en casa si no fuera porque su hermano pequeño, Stefano, por poco la saca a la fuerza.

-No quiero ir...- Susurro removiendo las manos en su regazo mientras las luces de la ciudad pasaban frente a sus ojos.

-Dale La, no exageres, nada pasará.- La consolo Yeyo tomandole la mano. Suspiró con fuerza y se obligo a relajarse. Es verdad, nada pasaría.

Pero estaría todo el mundo allí. Y con el mundo se refería a todo lo que componía la alta sociedad que antes había sido su entorno. Sus 'amigas' sus compañeros de clase, gente que ella no conocía, pero que sabía perfectamente quien era ella. Recordó los susurros y rumores descarados, las mentiras, la falsedad, y se preguntó en donde estarían sus verdaderos amigos ahora. Benjamín, María, Nicolás, Daniela, y anuque no lo quisiera recordar en ese momento, Juan Pedro... todos ellos que vivían con lo que tenían, que le habían enseñado que se escondía detrás de toda esa careta que era la clase elite. Decidió hacerles algunas llamadas al día siguiente, si salía viva de esto, claro.

Cuando atravesó los escalones de marmol se encontró con Pablo, que la esperaba con una amable sonrisa.

-Mira que linda que estás Mariana.- Dijo detendiendose unos segundos en su cuerpo, y luego volviendo a su cara con la misma sonrisa capaz de derretir a cualquiera.- ¿Entramos?- Preguntó ofreciendole su brazo, el cual Lali aceptó intentando calmar los nervios que recorrían su espina dorsal.

Atravesaron juntos la adornada entrada llena de camareros y camareras y un hombre bastante arreglado, que facilmente podría haber pasado como un invitado más, les abrió la puerta. Por un momento ella creyó que todo iría bien, hasta que un silencio general inundó la sala, solo interrumpido por alguna gente que no se percató de su precencia y el sonido de la musica. Se tensó completamente y apretó el brazo de Pablo con fuerza. Este le dirigió una mirada preocupada y apoyó el una mano sobre la suya.

-Relajate, Lali. No pasa nada, camina como si nada.- Susurró a su oido y la internó en la fiesta mientras saludaba a un par de hombres y la gente retomaba sus conversaciones.

-¡Laluchis!- Una voz chillona se escuchó a su esplada y Mariana pegó un respingo.

-Paloma...- Dijo mientras se giraba con una falsa sonrisa, recibiendo el abrazo de una chica con la que estaba segura no había intercambiado más de dos palabras y que seguramente se acercaba para dar de que hablar.

-¿Donde estuviste todo este tiempo?- Preguntó intentando poner un tono casual, pero a leguas se distinguía que lo unico que esa chica quería era tener más información.

-Mm... viajando.- Afirmo con su mirada posada en las tres chicas que se habían acercado a escuchar, con las mismas sonrisas imbeciles.

-¿Vamos, Lali?- Preguntó Pablo tomandola de la cintura. Mariana se estremeció ante ese gesto, pero siguió a su amigo.

-¿A que se debió eso?- Dijo cuando estuvieron ya más alejados mientras retiraba gentilmente su mano de su cintura.

-Ah, era para darles algo más de que hablar. Seguramente para mañana ya dirán que estás embarazada de mí.- Rió Pablo y Mariana lo imitó forzadamente mientras intentaba restarle importancia a las palabras de su amigo.

-Gracias, pero no necesitaba más motivos para ser el centro de atención.-

Por toda respuesta, Pablo volvió a reir y le ofreció un vaso. Mariana se apoyó contra una de las mesas mientras saboreaba la bebida acoholica que tenía entre manos y se dió el gusto de posar la vista sobre los invitados, algo más calmada de que ya no la miraran a ella. Sonrió a toda esa gente que levantaba la mano para llamar su atención, sin ni una intención de acercarseles. ¿Para hablar de su vida privada? No gracias. A lo lejos divisó a Rocío, e hiso un par de señas para que esta notara su precencia, pero lo unico que consiguió fue que el acompañante de la rubia se girara hacia ella. El corazón de Lali por poco dió un vuelco, e intento por todos los medios terminar de tragarse la bebida que se había atorado en su garganta en el preciso momento en que sus ojos verdes hicieron contacto con ella. Se obligó a si misma a apartar la mirada, pero aunque su cerebro lo intentaba, sus ojos no reaccionaban. Tenía puesto un traje negro, sobre una camisa blanca con el primer botón abierto. Una corbata, negra también, caía por su pecho más suelta de lo normal. Ella tragó saliva con fuerza, dios, estaba increiblemente sexy. No estaba completamente rapado como la úlima vez que lo vió, si no que había dejado que el pelo le creciera, pero sin perder el corto. Sus hombros estaban más anchos, y sus brazos definitivamente más fuertes. No pudo evitar preguntarse que sería estar entre ellos. Cuando volvió la vista a su cara, el aún la miraba, solo que ahora una sonrisa socarrona adornaba sus ojos achinados, una sonrisa que dejaba en claro que se había dado cuenta de como lo miraba. Y él hizo un poco de lo mismo. Con sus ojos, recorrió el cuerpo de Lali lentamente, asegurandose de que esta lo notara. Mariana sintió como el calor que antes estaba en sus mejillas, ahora se expandía por todo su cuerpo, haciendole flaquear las piernas. Cuando él levantó nuevamente la vista a su cara, ensanchó más aún su sonrisa, provocando en ella un extraño hormigueo.

-¡Pablo!- Una voz hiso que ella desviara la vista, completamente agradecida. Pero volvió a tensarse al ver que era Candela quien se acercaba, y que la miraba, completamente inexpresiva.- ¡Que haces acá!- Preguntó volviendose a Pablo, pasando completamente de Lali.

-Vine con Lali.- Sonrió él, ajeno a la tensión entre las dos amigas, o ex amigas.

-Veo...- Dijo posando su mirada en la petiza, sin expresión alguna. Mariana estaba segura de que esa no era la misma Candela que ella conocía, aunque Rocío ya le había explicado que las cosas habían cambiado, pero nunca hasta que punto.- Ojala nos veamos mas tarde.- Sonrió, de nuevo a Pablo y pasando completamente de Lali, y se giró para irse. Mariana hiso ademán de alcanzarla, dispuesta a que le explicara porque la trataba así, pero enseguida un fuerte abrazo la sacó de sus pensamientos.


¡Al final se los traje en la noche! Este es el inicio de la fiesta, todavía se viene más. Les digo, se empieza a aclarar todo, es normal si no entienden todavía jaja.
Este fin de semana no podré subirles, ya que el viernes ¡Me voy a Argentina, Buenos Aires! Y el sabado, a las 14:30 horas, estaré cumpliendo mi sueño de ver un Gran Rex en vivo, les juro que todavía no caigo. Ahora, me tiene enojadísima la desorganización con el CD, ¡Quiero que alguien lo suba ya a internet! O no se que mierda cantaré el sabado jaja. Pero bueno, les digo esto para explicarles porque no subiré este fin de semana. Ahora intentaré escribir otro y subirlo el domingo a la noche, cuando llegue. Igual, la próxima semana ya estaré de vacaciones, por lo que subiré mas seguido. ¡Las amo!
Sofía.
Pd. @serunalaliter

domingo, 3 de julio de 2011

A sangre azul~ Capitulo seis.


​Seis


Mariana dejó las fichas de inscripción de la escuela recuperativa en su bolso y se acomodó las gafas disponiendose a esperar algún taxi que pudiera trasladarla hasta su casa.
Esa noche era la gran fiesta de los Vetrano, y acababan de avisarle que contaban con su presencia. Su madre, quien rogó vía telefonica casi veinte minutos, terminó por convencerla de que no lo pasaría tan mal. Además iba Rocío, lo que significaba que al menos no estaría sola. Pero aún le faltaba el tema de la pareja, y el vestido, que aunque a Mariana no le parecieran tan importantes, su madre aprovechó la intervención para recordarle que en estos casos eran casi más importantes que la fiesta misma.

Un taxi pasó por su lado en ese preciso momento, ignorando las señas que le hizo Lali. Cuando el segundo pasó por la calle al parecer sin notar su precencia, y mientras ella cavilaba las posibilidades de ponerse en medio de la calle y obligar alguno a frenar, un Jaguar azul coral frenó frente suyo.

-¿Lali?- Preguntó una voz conocida al otro lado del vidrio que bajaba.

-¡Pablo!- Sonrió ella apoyando sus codos en el marco con total confianza.

-¡Estás de vuelta y yo no me había enterado!- Se sonrieron mutuamente.- ¿Que haces por aquí?-

-Tengo que recuperar mis últimos dos años de estudio si quiero entrar a la universidad.- Dijo señalando los documentos que sobresalían de su cartera.

-¿Y no querés que te lleve?- Lali sonrió recordando la antigua incondicionalidad de Pablo, a quien había conocido su último verano en la ciudad.

-Si no es molestia...-

-Nunca. Ven, sube.- Abrió la puerta y Mariana se metió dentro, agradeciendo el aire acondicionado.- ¿Y puedo saber a que se debe tu regreso?-

-Creo que... quería volver a casa, a ver a mis amigos. No lo sé.-

-¿Me echaste de menos?-

Mariana soltó una carcajada y el dibujó una sonrisa en sus labios, mirando en frente.

-¿Sabes que sí?- Le apretó cariñosamente la mano que descansaba entre los dos.

* * *



-Veo que por fín te dignas a aparecer, ingrata.- Dijo con frialdad Julia Igarzabal desde su asiento en la entrada. Rocío simplemente continuó su camino, mirando en frente.- Algún día te darás cuenta de que...-

-¿De qué?- Se volvió la joven, cansada de las constantes acusaciones de su madre.- ¿De que me odias? ¿De que quieres que sea como tú, una mujer sin sentimientos, que solo piensa en sí misma?-

La madre de Rocío no se inmutó, simplemente se limitó a cruzar las manos sobre su regazo y suspirar frustrada.

-Si tan solo hubieras sido como tu hermana...- Dijo, usando un tono que a Rocío le molestaba muchísimo, mas aún cuando hablaban de ese tema, lo que generalmente sucedía a diario.- Ella sabía comportarse como una señorita, era una...-

-Eugenia se fué.- Dijo entre dientes, apretando las manos a ambos costados de su cuerpo.- ¡Se fué, y yo no soy ella!- Alzó la voz desesperada porque su madre nunca parecía oirla. Recorrió a grandes zancadas la distancia que la separaba de la puerta de su habitación y la cerró con fuerza, profiriendo insultos por lo bajo. Lanzó con violencia su bolso por los aires y se fijó en un vestido que descansaba sobre su cama.

-Que es esto...- Susurró tomando el vestido dorado, corto y de una manga que había frente a ella.

-Es para que lo uses esta noche donde los Vetrano. No dejaré que vayas vestida como una pordiosera.- Rocío se giró para encontrarse nuevamente con su madre, que hablaba inexpresiva desde la puerta.
Se limitó a mirarla, realmente soprendida de como podía llegar a ser.

-Este vestido...-

-Era de Eugenia.- Interrumpió con el mismo tono neutro.- Siempre tuvo mejor gusto que tú. Espero que te entre.- Elegantemente, Julia se giró sobre sus talones y se alejó de allí.

La joven Igarzabal se dejó caer en la cama, tapandose los ojos con las manos. Nunca entendió como pudo haber nacido de esa señora, a la que ya ni poco respeto le tenía. Eran completamente contrarias, dos polos completamente opuestos, pero que no se atraían. No recordaba haberse llevado bien con ella alguna vez, incluso cuando aún eran clase media y no tenía 'obligaciones sociales'. Pero tenía que reconocer que cuando Eugenia aún estaba ahí, la relación se hacía más facil de llevar.

Eugenia había sido la primera hija de su madre con Joaquín, el primer esposo de Julia y padre también de Rocío. Rubia, como su hermana, pero hasta allí llegaban las semejanzas. Eugenia había sido igual de ambiciosa que su madre, pero al mismo tiempo, una persona comprensiva, que entendía a Rocío y la cubría cuando esta hacía alguna de sus travesuras. Eran amigas, o eso pensó Rocio hasta el día en que se enteró de que se había escapado de casa. Seguramente a buscar algún hombre millonario que pudiera mantenerla el resto de su vida, eso creía ella, pero la más pequeña de las dos nunca pudo perdonarle su partida, que la haya dejado sola. Luego de eso su madre volvió a casarse con Mariano Gutierrez, empresario de muy alta fortuna. En cierta forma, la rubia pensó que con eso su hermana volvería ahora que tenían una vida llena de lujos, pero no fue así. Y ahora ella estaba condenada a vivir bajo su sombra y la gran brecha que se había ampliado aún más entre ella y Julia.

Esperó a que su mente se calmara un poco, y le hechó otra ojeada al vestido. Era increiblemente bonito, pero se sentía reacia a usarlo simplemente porque su madre se lo había dicho. Imaginó que otra cosa podría ponerse y luego de revisar mentalmente su closet escaso de vestidos de gala, se resignó y lo dejó sobre la perchera, para poder ponerselo esa noche. Tomó su telefono móvil del bolso que estaba en el suelo y le envió un mensaje a Juan Pedro para que fuera su acompañante esa noche. Sabía que eso disgustaría a Julia, lo que le causaba cierta satisfacción. Ademas, si estaban allí Peter y Lali, no podría pasarlo tan mal.

* * *


-Gracias por traerme, de verdad.- Lali se inclinó para dejarle un beso en la mejilla a Pablo.- Me entretuve mucho hablando contigo.-

-Ah, cuando quieras, de verdad.- Pablo sonrió y ella se bajó del auto.- Ojalá nos volvamos a ver pronto...-

Eso le dió una idea.

-Esta noche.- Dijo dandose vuelta y asomando la cabeza por su ventana.- Es la fiesta de los Vetrano y no tengo pareja. Además, se que contigo no me aburriría, y te puedo presentar a Rocío, si es que ya no la conociste...-

-No, no la conocí. Y será un gusto. ¿Te paso a buscar a la noche?-

-No, no. Voy con mi madre. ¿Nos vemos allá?-

-Esta bien. Hasta la noche, entonces.- Sonrió una vez más y aceleró el auto. Lali se preguntó cuantas veces sonreiría ese hombre al día, y le pareció que no serían pocas, era una de las personas más alegres que conocía, despues de Ro, claro.

Se habían conocido el último verano que ella pasó en el continente, cuando fue a esquiar con su familia a Chile. Sus familias se hicieron amigas inmediatamente y ellos, también. Todo el mundo pensaba que estarían juntos, de hecho sus familias esperaban con ansias. Y talvéz podría haber sucedido, si no fuera porque cuando volvió Mariana conoció a Peter, pero esa es otra historia. Y el pasado, pisado. Aunque bien sabía ella que esa era una de las mentiras más grandes que se había dicho a sí misma.


¡Hola wachas! ¿Como están hoy viernes? Me hice un espacio en mi apretada agenda (Mentira) para venir a subirles, porque dije que subiría ayer y no lo hice. Muchas gracias por su incondicionalidad, a las que están desde antes y a las que estarán. Otra cosa, esperen a la fiesta. Ahí empieza la acción, y a salir a la luz un par de cosas. ¡Las quiero, como siempre! Sofía.
Pd. Tenía que mencionar a Chile en la novela jaja perdón, perdón.
(@serunalaliter)

A sangre azul~ Capitulo Cinco.

Cinco


-¿Te tomaste tus remedios, Candela?-

La morocha levantó la vista distraida y asintió una vez con la cabeza. Tomó su taza de te de la pequeña mesa donde servían el desayuno y le dió dos sorbos.

-Espero que no llueva, necesito que el clima sea propicio para la fiesta de hoy. Pensaba usar la terraza...- Ambas, madre e hija, miraron por la ventana. El día estaba nublado, bastante extraño para la estación en la que se encontraban.

-Supongo -Dijo Cande.- Que el día se mantendrá así, no creo que llueva.- Dió otro sorbo.- Igual, puedes encarpar. ¿No guardaste la carpa que usamos el año pasado para la presentación social de Paloma?-

-¡Sí! Ay, Candela, que haría yo sin tí...- Ella sonrió y se levantó para mirar mejor por la ventana.- Y señorita, si llueve no podrás usar ese vestido sin mangas que tenías pensado.-

Candela asintió nuevamente tocando con los nudillos el frio vidrio. Vió como la gente bajo ella pasaba corriendo, y como los autos parecían chocar unos con otros, como si todos tuvieran prisa por llegar a algún lado. Odiaba eso, a ella le gustaba la calma, la tranquilidad, disfrutar, como a cualquier señorita elite. O eso se hacía creer a sí misma.

-¿Y quienes vienen esta noche?- Dijo para apartar esos pensamientos, concentrando la mirada en su madre.

-Mmm, los de siempre. Escuché que la hija de Majo volvió a la ciudad. ¿Debería invitarla por separado, o ya la tomarán por invitada? Creo que puse en la invitación que estaba invitada toda a familia. Oh, igual llamaré más tarde a su madre.- ​

-Sí, ví a Lali ayer.- Volvió a concentrar su mirada en la ventana, pero esta vez mirando al cielo.

-¿Ah, sí? ¿Y como está? ¿Muy cambiada? Dime que no se volvió una se esas hippies que huelen mal y usan arapos por ropa, necesito que todos mis invitados se vean de diez.-

-No la ví mucho, la verdad...- Pero su madre no pareció escucharla y siguió hablando.

-Esta vez tengo invitados importantes. No se si te conté que viene el padrastro de Rocío, que volvió de ese viaje de negocios. Y también vienen los Sierra, su hijo, Agustín ya salió de la clinica y volvieron a la ciu...-

La taza de Candela cayó al suelo, rompiendose en miles de pedazos, causando un silencio general en la sala. Tragó saliva fuerte mientras intentaba recomponerse y pensar en algo.

-¿Candela? ¿Que pasó? ¿Te sientes mal?- Su madre se acercó preocupada y le posó la mano en la frente.

-Eh... sí. Es eso, creo que debo ir a recostarme un poco...- A pasos rapidos, se dió la vuelta y se alejo de allí.

Corrío como pudo a su habitación, ya que las piernas le temblaban y tomó su telefono celular. Por el apuro el telefono se le cayó de las manos y maldijo en voz baja. Cuando consiguió encontrar el numero telefonico que necesitaba, no le costó ni un solo segundo presionar el botón y llamar, no estaba pensando. Estaba siendo impulsiva, cosa propia de ella. O por lo menos de la antigua Candela. Y cuando la nueva Candela se dió cuenta de eso, quiso cortar, pero ya era tarde.

-¿Sí?- La voz de Agustín resonó por el otro lado de la linea, pero las cuerdas vocales de ella no emitieron ni un sonido.- ¿Hola?- Insistió y Candela supo que debía decir algo, y optó por ir directo al punto.

-No puedes venir esta noche.- Intentó mantener un tono duro, pero la voz le salió casi sin aire.

-¿Quien es?-

-No puedes venir esta noche.- Repitió luego de aclararsele la garganta, confiando en que haya sonado clara.

-¿Candela? ¿Cande, eres tú?-

-No vengas. Enserio.-

-Quiero ir. Quiero verte.-

-Pero yo no quiero Agustín.- Intentaba no llorar mientras decía eso, pero parecía una misión imposbile oir su voz y no quebrarse, todo su pasado se le venía a la cabeza.

-¿Sigues hechandote la culpa? ¿O me la hechas a mí? Candela, esa noche ni uno de los dos sabía que...-

-Callate, porfavor, callate.- Esta vez no se molestó en evitar el llanto.- Agustín, no puedo verte, porfavor...-

-Pero yo necesito verte, no sabes como te extrañé...- Ambos guardaron silencio. Silencio roto por los sollozos de ella.- ¿Tu madre... ella... le has dicho?-

-Sí, pero es la unica que lo sabe. Nadie más, y nadie debe enterarse.-

-Pero imaginate que te sucede algo y ella no está y...- La voz de él sonó preocupada de verdad, y eso solo hizo que el dolor que Candela sentía en el pecho empeorara.

-Eso no va a suceder.- Al otro lado de la linea hubo nuevamente silencio y Candela aprovechó la oportunidad para recomponerse.- ¿Te mejoraste del todo?- Sabía que no debía mostrar curiosidad si quería alejarlo, pero aunque lo negara, le preocupaba su salud.

-Sí, pero tengo que tener cuidado. Tú sabes que nuestra... nuestro...- Parecía no encontrar las palabras.- Tu sabes que con lo que nos sucede, uno nunca está bien del todo. Hoy puedo estar perfecto, como mañana puedo mo...- Se calló abruptamente, conciente de que sin quererlo, había llegado a un tema doloroso para ella.

-Sí, lo sé.- Claro que lo sabía.

-¿Como lo llevas?-

-No lo sé, no lo sé.- Apoyó la espalda en la puerta y se deslizó hasta el piso, intentando ahogar el dolor apretando las rodillas contra el pecho.

-Sabes que no es...-

-Sí, es nuestra culpa Agustín. Todo lo que pasó fue tanto culpa tuya, como mía. Es por eso que te pido que no vengas, porfavor. No podría soportar mirarte a la cara...-

-Candela yo...-

-No vengas. ¿Me escuchaste? No vengas.- Y cortó la llamada.

Su relación con Agustín era extraña, pero ella necesitaba esa relación. Simplemente porque a él lo odiaba un poco más que a sí misma, porque la culpa la tenía tanto él como ella. Y aunque él le hubiera arruinado la vida, ella no se sentía capáz de cortar lazos con la unica persona que la entendía, que sabía por lo que ella pasaba. Y con la unica persona que conocía el secreto del que ella se sentía responsable. El problema, era que su relación era telefónica. Y ella no se sentía preparada para verlo. Estuvo todo bien mientras Agustín estuvo internado en la clinica, hablaban a veces y Candela hasta se había permitido ser simpática con él. Pero era distinto si el se presentaba, no sabría como reaccionar, que hacer. Si su corazón sentiría lo mismo que sintió la primera vez que lo vió, la vez que cometió el primer error, cuando empezó todo.

* * *


Esa noche Rocío durmió en su casa, y para cuando despertó, la rubia la miraba fijamente.

-Que...¿Que pasa?- Mariana se desperezó y entrecerró los ojos para ver a su amiga, que la miraba acusadora.

-Me debes demaciadas respuestas. Me estoy preguntando si hago bien en confiar así de rapido en tí... Osea, te fuiste tres años...-

-Mmm, es verdad. Podría ser una asesina en serie.- Rocío rió y le tiró un cojín encima.

-No de verdad lo digo. Tres años es mucho, pero te sigo sintiendo como mi mejor amiga.-

Algo que Lali amaba y extrañó de su amiga, era su sinceridad permanente.

-Yo también Ro, no sabes como te necesité...-

-Y entonces, ¿Porque no me llamaste?-

Mariana guardó silencio.

-Porque hay cosas que no te podía explicar,...- Cuando vió en los ojos de la rubia una nueva incognita, se presuró en agregar.- Y sigo sin poder hacerlo...- Se sentó en la cama y Rocío se sentó frente a ella.

-Bueno, no te presionaré para que me cuentes nada, cuentame cuando te sientas preparada, de verdad.-

-Gracias, enserio.- Lali sonrió y Rocío le sonrió de vuelta.

-Ahora, otra pregunta. ¿A que se debió ese cambio de ánimos anoche, cuando apareció Peter?-

-Ah... No, no. Fue por la pelea...- Mintió descaradamente.

-Eh Claro.- Ella sabía que Rocío no le había creído ni un apíce.

-¿Y tu? ¿De cuando tomas así? Que yo recordara, nunca tomabas más de un vaso o dos...-

-Ah, larga historia.- Sonrió Ro.

-Tengo tiempo, amiga. Pero si no quieres contarme, tampoco te presionaré.-

-¿Sabes? Tenemos tiempo para contarnos estas cosas. Dejemos que nasca el momento.-


Este va dedicado a mi Caro, que se que lee y no comenta. Asique despues de este Caro, te obligo a comentar. Ustedes no saben como ella me ayudó con a historia de cada personaje hoy, y les digo; se vieneeeeeeeeeeeee.
¡Las amo!
Sofía.

A sangre azul~ Capitulo cuatro.

4


-¡Donde están los ladrones!- Con los tacos en una mano y un vaso de algún trago de nombre extraño, Rocío cantaba llamando la atención de cualquier hombre que por allí se cruzara. No había tomado tanto como para no estar consciente de lo que hacía, pero sí para que no le importara. Mariana, en cambio, estaba un poco más lucida, pero no tanto.

-¡Donde está el asesino!- Se unió a sus gritos desaforados tomando una botella vacía del bar como un microfono improvisado. Los reunidos esa noche en ese antiguo bar (En su mayoría, hombres), aplaudían hasta el cansanció cada canción que cantaban, más hipnotizados por sus curvas que por que de hecho las dos supieran cantar.

-Laaaaali, debo ir al baño.- Dijo Rocío cuando terminaron de cantar Más, de Ricky Martin.-¿Me cuidas los zapatos?-

Mariana asintió una vez y volvió a sentarse frente al bar, conciente de la mirada de varios de los hombres que antes aplaudían sobre ella, pidió esta vez un vaso de agua al bartender y ya un poco mas sosegada, se aseguró de que su vestido seguía donde debía de estar. Hacía muchísimo tiempo que no pasaba una noche así, y no se había dado cuenta de cuando extrañaba salir con amigas. Claro que en Europa había salido practicamente todos los días, pero muchas veces lo hacía sola o con algun chico que conocía ese mismo día, nunca estuvo más de una semana en el mismo lugar. Por primera vez en mucho tiempo, estaba asentada en una ciudad, en su casa. Le sonaba extraño el termino, en tres años no había tenido casas, si no hoteles, moteles e incluso casas de acogida cuando el dinero no alcanzaba.

Tomó un sorbo del vaso de agua que habían dejado recién frente a ella cuando sintió una mano en su cintura. Al principio no reaccionó, pero cuando quiso girarse para ver de quien se trataba, otra mano se posó a su lado de la mesa y la apretó contra esta.

-Hola preciosa.- El olor a alcohol y tabaco de ese hombre se podía sentir a kilometros de distancia.

-Permiso..- Dijo intentando zafarse por un lado, pero solo consiguió que el robusto señor la apretara aún más, provocando una alarma en los sentidos de Lali.

-¿No me querés hacer un showcito como el que hacías recíen con tu amiga... pero en privado?- Mariana se giró sobre sí misma y de frente a él, intentó empujarlo. Gran error. Enseguida él aprovechó la oportunidad y literalmente se tiró sobre ella, intentando besarla con poco exito, pero consiguiendo llegar hasta su cuello y usando sus manos para tocarla.

-¡Salga de encima mío!- Como podía intentaba pegarle pero él no se inmutaba. Cuando una de sus manos se posó en la pierna de ella gritó con fuerza, intentando con su rodilla llegar hasta sus partes intimas para que se apartara, o para que aunque sea estuviera demasiado adolorido como para violarla. Pero sus intentos se vieron interrumpidos cuando el hombre se apartó de repente. Lo miró confundida por un segundo, y hasta se imaginó que quizás se apartó porque no le había gustado, lo que a pesar de todo, hirió su orgullo. Y las Espósito eran orgullosas, por más opuestas que fueran.

Pero un segundo le duró el pensamiento, el segundo que le tomó al hombre que había apartado de ella al borracho y empujarlo hacia un lado, haciendo que se chocara con una mesa.

-¡Ey!- Gritó quien hasta hacía cuatro segundos exactos había estado encima suyo y Mariana mantuvo sus ojos fijos en él, sin reparar en su heroe, calculando cuanto le podría tomar levantarse y atacarla de nuevo, nuevamente paranoica. Iba a desviar la mirada para agradecerle a quien la hubiera ayudado, cuando su atacante se levantó del suelo y se tiró sobre el heroe. Alcanzó a divisar el cuerpo de susalvador desaparecer bajo el de el otro señor y se asustó porque el segundo lo redoblaba en tamaño. La gente se acercó a ver la pelea y ella no se movió de su asiento, impactada. Justo en ese momento, Rocío salió del baño.

-¿Que...?- La miró extrañada y luego fijó su vista en la pelea, abriendo la boca y volviendo a cerrarla.- ¡Peter!-Dijo por fin, corriendo a donde los dos hombres se encontraban.

Peter... La cabeza de Mariana no terminaba de digerir el nombre cuando su corazón ya se había puesto a saltar como loca. Pensó en escapar corriendo por la puerta cuando recordó que su amiga había ido a meterse en una pelea entre dos hombres enojados, y se levantó para sacarla de allí.

-¡Rocío, salí!- Su voz se perdía con los gritos, por lo que intento alargar la mano para sacarla a la fuerza, pero alguien la empujó y la tiró contra una silla, haciendo que tropezara y cayera al suelo. Se dió cuenta de que la pelea había pasado a mayores, y de que habían pasado de ser dos a ser seis o siete los hombres involucrados. Al otro lado, divisó a Rocío en una esquina, sujetada por Juan Pedro quien seguramente intentaba que no volviera a meterse a la pelea. La rubia le dijo algo y él asintió, tomandola de la mano para llevarla al bar, sin notar que Lali estaba allí también.

-Ey, ¿Estas bien? Ví como ese hombre se te tiraba encima y...- Mariana se giró bruscamente cuando una mano se posó en su hombro, y se encontró de frente con el pecho de Peter, que pareció dejar de respirar en ese instante.

-¡Lali! ¡¿Estas bien?! Sabía que no debía de traerte a estos lugares...- Rocío la tomó por los hombros preocupada, apartandola de él. Lali aprovechó el momento para desviar su mirada a su amiga y asintió una vez con la cabeza.

-Estoy bien...-

-Peter me dijo que había empezado porque uno de esos tipos se había tirado encima de una niña... ¿Eras tú?-

Otro asentimiento con la cabeza, y conteniendo el aliento levantó su mirada a la cara de Juan Pedro, intentando ignorar las punzadas de dolor de su corazón.

-Gracias...-

-No...de nada.- Dijo él, quien parecía hipnotizado. Mariana hiso un esfuerzo sobre humano para no echarse a llorar y mantener un tono de voz frio, sin emoción.

-Ro... ¿Vamos?-

-Si quieren, yo puedo llevarlas, sé que Rochi no tiene auto y... o a menos que tu mane...-

-No, no maneja. Te agradecería que nos llevaras, de verdad Peter, es la primera noche de Lali de vuelta aquí y ya la hice pasar un mal rato....-

-No, Rocío, no te preocupes. Nos podemos devolver en taxi, enserio. No tengo problema.- Mariana miró a su amiga con intención, intentando que notara que no sobreviviría en el mismo auto que él. La rubia pareció captarlo cuando la vió a los ojos.

-Está bien... Gracias igual Pit. ¿Sigue en pie el almuerzo de mañana?- Dijo sin esperar respuesta mientras atravesaba las puertas del bar, pues Lali ya había salido de allí sin decir ni una sola palabra más.


Nada que decír, perdón por lo feo del capitulo. Era el reencuentro, debería haber sido mágio, pero me quedó sinceramente horrible y lo tengo claro, creanme. ¡Igual, banquenme!  Las ama, como siempre
Sofía.