domingo, 3 de julio de 2011

A sangre azul~ Capitulo Cinco.

Cinco


-¿Te tomaste tus remedios, Candela?-

La morocha levantó la vista distraida y asintió una vez con la cabeza. Tomó su taza de te de la pequeña mesa donde servían el desayuno y le dió dos sorbos.

-Espero que no llueva, necesito que el clima sea propicio para la fiesta de hoy. Pensaba usar la terraza...- Ambas, madre e hija, miraron por la ventana. El día estaba nublado, bastante extraño para la estación en la que se encontraban.

-Supongo -Dijo Cande.- Que el día se mantendrá así, no creo que llueva.- Dió otro sorbo.- Igual, puedes encarpar. ¿No guardaste la carpa que usamos el año pasado para la presentación social de Paloma?-

-¡Sí! Ay, Candela, que haría yo sin tí...- Ella sonrió y se levantó para mirar mejor por la ventana.- Y señorita, si llueve no podrás usar ese vestido sin mangas que tenías pensado.-

Candela asintió nuevamente tocando con los nudillos el frio vidrio. Vió como la gente bajo ella pasaba corriendo, y como los autos parecían chocar unos con otros, como si todos tuvieran prisa por llegar a algún lado. Odiaba eso, a ella le gustaba la calma, la tranquilidad, disfrutar, como a cualquier señorita elite. O eso se hacía creer a sí misma.

-¿Y quienes vienen esta noche?- Dijo para apartar esos pensamientos, concentrando la mirada en su madre.

-Mmm, los de siempre. Escuché que la hija de Majo volvió a la ciudad. ¿Debería invitarla por separado, o ya la tomarán por invitada? Creo que puse en la invitación que estaba invitada toda a familia. Oh, igual llamaré más tarde a su madre.- ​

-Sí, ví a Lali ayer.- Volvió a concentrar su mirada en la ventana, pero esta vez mirando al cielo.

-¿Ah, sí? ¿Y como está? ¿Muy cambiada? Dime que no se volvió una se esas hippies que huelen mal y usan arapos por ropa, necesito que todos mis invitados se vean de diez.-

-No la ví mucho, la verdad...- Pero su madre no pareció escucharla y siguió hablando.

-Esta vez tengo invitados importantes. No se si te conté que viene el padrastro de Rocío, que volvió de ese viaje de negocios. Y también vienen los Sierra, su hijo, Agustín ya salió de la clinica y volvieron a la ciu...-

La taza de Candela cayó al suelo, rompiendose en miles de pedazos, causando un silencio general en la sala. Tragó saliva fuerte mientras intentaba recomponerse y pensar en algo.

-¿Candela? ¿Que pasó? ¿Te sientes mal?- Su madre se acercó preocupada y le posó la mano en la frente.

-Eh... sí. Es eso, creo que debo ir a recostarme un poco...- A pasos rapidos, se dió la vuelta y se alejo de allí.

Corrío como pudo a su habitación, ya que las piernas le temblaban y tomó su telefono celular. Por el apuro el telefono se le cayó de las manos y maldijo en voz baja. Cuando consiguió encontrar el numero telefonico que necesitaba, no le costó ni un solo segundo presionar el botón y llamar, no estaba pensando. Estaba siendo impulsiva, cosa propia de ella. O por lo menos de la antigua Candela. Y cuando la nueva Candela se dió cuenta de eso, quiso cortar, pero ya era tarde.

-¿Sí?- La voz de Agustín resonó por el otro lado de la linea, pero las cuerdas vocales de ella no emitieron ni un sonido.- ¿Hola?- Insistió y Candela supo que debía decir algo, y optó por ir directo al punto.

-No puedes venir esta noche.- Intentó mantener un tono duro, pero la voz le salió casi sin aire.

-¿Quien es?-

-No puedes venir esta noche.- Repitió luego de aclararsele la garganta, confiando en que haya sonado clara.

-¿Candela? ¿Cande, eres tú?-

-No vengas. Enserio.-

-Quiero ir. Quiero verte.-

-Pero yo no quiero Agustín.- Intentaba no llorar mientras decía eso, pero parecía una misión imposbile oir su voz y no quebrarse, todo su pasado se le venía a la cabeza.

-¿Sigues hechandote la culpa? ¿O me la hechas a mí? Candela, esa noche ni uno de los dos sabía que...-

-Callate, porfavor, callate.- Esta vez no se molestó en evitar el llanto.- Agustín, no puedo verte, porfavor...-

-Pero yo necesito verte, no sabes como te extrañé...- Ambos guardaron silencio. Silencio roto por los sollozos de ella.- ¿Tu madre... ella... le has dicho?-

-Sí, pero es la unica que lo sabe. Nadie más, y nadie debe enterarse.-

-Pero imaginate que te sucede algo y ella no está y...- La voz de él sonó preocupada de verdad, y eso solo hizo que el dolor que Candela sentía en el pecho empeorara.

-Eso no va a suceder.- Al otro lado de la linea hubo nuevamente silencio y Candela aprovechó la oportunidad para recomponerse.- ¿Te mejoraste del todo?- Sabía que no debía mostrar curiosidad si quería alejarlo, pero aunque lo negara, le preocupaba su salud.

-Sí, pero tengo que tener cuidado. Tú sabes que nuestra... nuestro...- Parecía no encontrar las palabras.- Tu sabes que con lo que nos sucede, uno nunca está bien del todo. Hoy puedo estar perfecto, como mañana puedo mo...- Se calló abruptamente, conciente de que sin quererlo, había llegado a un tema doloroso para ella.

-Sí, lo sé.- Claro que lo sabía.

-¿Como lo llevas?-

-No lo sé, no lo sé.- Apoyó la espalda en la puerta y se deslizó hasta el piso, intentando ahogar el dolor apretando las rodillas contra el pecho.

-Sabes que no es...-

-Sí, es nuestra culpa Agustín. Todo lo que pasó fue tanto culpa tuya, como mía. Es por eso que te pido que no vengas, porfavor. No podría soportar mirarte a la cara...-

-Candela yo...-

-No vengas. ¿Me escuchaste? No vengas.- Y cortó la llamada.

Su relación con Agustín era extraña, pero ella necesitaba esa relación. Simplemente porque a él lo odiaba un poco más que a sí misma, porque la culpa la tenía tanto él como ella. Y aunque él le hubiera arruinado la vida, ella no se sentía capáz de cortar lazos con la unica persona que la entendía, que sabía por lo que ella pasaba. Y con la unica persona que conocía el secreto del que ella se sentía responsable. El problema, era que su relación era telefónica. Y ella no se sentía preparada para verlo. Estuvo todo bien mientras Agustín estuvo internado en la clinica, hablaban a veces y Candela hasta se había permitido ser simpática con él. Pero era distinto si el se presentaba, no sabría como reaccionar, que hacer. Si su corazón sentiría lo mismo que sintió la primera vez que lo vió, la vez que cometió el primer error, cuando empezó todo.

* * *


Esa noche Rocío durmió en su casa, y para cuando despertó, la rubia la miraba fijamente.

-Que...¿Que pasa?- Mariana se desperezó y entrecerró los ojos para ver a su amiga, que la miraba acusadora.

-Me debes demaciadas respuestas. Me estoy preguntando si hago bien en confiar así de rapido en tí... Osea, te fuiste tres años...-

-Mmm, es verdad. Podría ser una asesina en serie.- Rocío rió y le tiró un cojín encima.

-No de verdad lo digo. Tres años es mucho, pero te sigo sintiendo como mi mejor amiga.-

Algo que Lali amaba y extrañó de su amiga, era su sinceridad permanente.

-Yo también Ro, no sabes como te necesité...-

-Y entonces, ¿Porque no me llamaste?-

Mariana guardó silencio.

-Porque hay cosas que no te podía explicar,...- Cuando vió en los ojos de la rubia una nueva incognita, se presuró en agregar.- Y sigo sin poder hacerlo...- Se sentó en la cama y Rocío se sentó frente a ella.

-Bueno, no te presionaré para que me cuentes nada, cuentame cuando te sientas preparada, de verdad.-

-Gracias, enserio.- Lali sonrió y Rocío le sonrió de vuelta.

-Ahora, otra pregunta. ¿A que se debió ese cambio de ánimos anoche, cuando apareció Peter?-

-Ah... No, no. Fue por la pelea...- Mintió descaradamente.

-Eh Claro.- Ella sabía que Rocío no le había creído ni un apíce.

-¿Y tu? ¿De cuando tomas así? Que yo recordara, nunca tomabas más de un vaso o dos...-

-Ah, larga historia.- Sonrió Ro.

-Tengo tiempo, amiga. Pero si no quieres contarme, tampoco te presionaré.-

-¿Sabes? Tenemos tiempo para contarnos estas cosas. Dejemos que nasca el momento.-


Este va dedicado a mi Caro, que se que lee y no comenta. Asique despues de este Caro, te obligo a comentar. Ustedes no saben como ella me ayudó con a historia de cada personaje hoy, y les digo; se vieneeeeeeeeeeeee.
¡Las amo!
Sofía.

1 comentario:

  1. yo la leo en AT y me encanta pero veo que por aca va mas adelantada asi que no me desprendere del blog !!

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