martes, 26 de julio de 2011

A sangre azul~ Capitulo nueve


Nueve.

-Que haces aquí...-
-Te lo dije, quería verte.-
-¡Pero yo te pedí que no vinieras!-
-Pero yo tenía que verte, Candela. Hace demasiado tiempo que no te veía, necesitaba recordar que era tenerte entre mis brazos.-
Al escuchar eso, Candela cerró los ojos con fuerza, intentando controlarse, intentando mantener la compostura. Sentía como sus manos, apoyadas apenas en los hombros de él, temblaban y como el corazón le palpitaba a mil por hora. Estaba increiblemente guapo, tenía el pelo más corto que antes y la piel más morena. Ella creyó que estaría demacrado por el tiempo que estuvo internado, pero no era así.
-Agustín...-
-Yo se que tu también querías verme, lo se.-
-No.-
-No mientas, porfavor. Te conosco.-
-No me conoces nada, Agustín.-
-¿No?
-No.
-Si te conosco. Te conosco tanto que sé que le temes a la oscuridad, que te gustan las flores, que quieres ser medico.- Bajó a voz.- Que cuando te susurran al odio, siempre te estremeces-
Candela se estremeció cuando dijo esto último pegado a su oreja.
-Que te encanta que te besen en el cuello...- Completó mientras bajaba lentamente por su mandibula, en dirección a su cuello. La cantidad de sensaciones que la recorrieron en ese instante la obligaron a cerrar los ojos, olvidandose completamente de su alrededor. Su mente se desconectó de su cuerpo mientras él cerraba las manos en torno a su cintura, sin dejar de meserse al ritmo de la música.
Entonces otro recuerdo, demasiado vívido, ocupó su mente.
Estaban en una cafetería, de un barrio del que ella no podía recordar el nombre. No había mucha gente, si no la suficiente. Victorio la llevaba de la mano por entre las mesas, mientras ella reía tontamente por algún chiste.
-Vamos a bailar.- Dijo, mientras intentaba poner una canción en la antigua radio del local.
-¿Aquí? Hay mucha gente, Victorio...
-¿Y que?
Rápidamente la tomó de la mano y la llevó al centro de lugar, a un espacio vacío entre las mesas. Una canción de esas antiguas de rock'n roll sonaba, y la gente los miraba con una mescla de diversión y confusión. Él empezó a moverse, meciendo la mano de ella, que reía a todo volumen. Con Victorio todo era así, risas y más risas, o por lo menos casi todo.
-¡Vamos flaqui, muevete!
Candela entre risas y a su pesar, le hizo caso y comenzó a bailar con él. Algunos clientes incluso llegaron a aplaudirles. Para el final de la canción, ya habían tres parejas más en la imporvisada pista de baile. Una canción lenta llenó el lugar, mientras las parejas volvían a sus lugares, pero Victorio no se movió, en vez de eso tomó a Cande por la cintura y la atrajo a él, pegandola a su pecho. Ella se dejó mecer al ritmo de la cancíon, reposando su cabeza en él.
-Eres increible, ¿Sabes?
Levantó la cabeza y se encontró con los ojos de su novio, que sin decir una sola palabra, tomó nuevamente su mano y la sacó de allí. Caminaron sin hablar las cuadras que los separaban del apartamento de él, y ya dentro se besaron de mil maneras distintas, buscando a ciegas el camino a la habitación. Esa noche, él le beso el cuello como no lo había echo antes, y ella pidió más. Fue la primera vez de Candela, y también cuando descubrió como la fascinaban los besos ahí.
Cuando volvió su mente a la realidad, se separó bruscamente de Agustín, sin molestarse en evitar las lagrimas que brotaron de sus ojos.
El de dirigió una mirada dolida, que ella evito al tiempo que se giraba. Sintió como la mano de el se cerraba en su muñeca, pero alcanzó a zafarse antes de perderse entre las demás parejas que se habían unido al baile.
* * *

Miró como Diana Vetrano inciaba el baile de la mano de su esposo, y intentó alisarse nuevamente los pliegues del vestido que subían por su muslo. No tenía retinencia a usar vestidos cortos, pero se sentía extrañamente incómoda con uno en ese lugar. Se dedico a observar como sus ex compañeras de instituto cuchicheaban sin despegar ni por un minuto sus ojos de Lali, que intentaba mostrarse lo más pasiva posible, aunque Rocío sabía que no estaba acostumbrada a las miradas de la gente. Tal vez antes sí, pero ahora y despues de tres años, al parecer se habia olvidado de eso. Pensó también en Candela, que se unía al baile en esos momentos, de la mano de un hombre no mucho mas alto que ella, que por alguna razózn le sonaba extrañamente familiar a Ro. Despues de casi seis años como mejores amigas, le fue imposible no notar como se contrajo de dolor la cara de Cande cuando lo vío, ni como las lagrimas amenazaron con desbordar sus pequeños ojos. Un desesperado instinto de protegerla se apoderó de Rochi, quien intentaba aún reconocer al hombre que bailaba a su lado. Entonces, cuando este acercó su cara a la de su amiga, reconoció al chico. Era Agustín. Y de pronto entendió el porque de la incomodidad de Candela, y entendió también todo el dolor reflejado en sus ojos. Se sorprendió mucho de verlo, y se preguntó si Peter ya lo sabía. Habían sido muy amigos en una epoca, cuando Agustín, como ellas, intentaba escaparse de la vida elite. Agus había pasado mucho tiempo con ellas y con los demás cuando Mariana todavía estaba aquí. De hecho, el y Mariana eran como hermanos. Pero despues de que Lali se fue, él también desapareció, al igual que Juan Pedro, al igual que un poco de tiempo después, Cande. Parecía que despues de Mariana todos hubieran tomado sus caminos, y se preguntó si todo estaba conectado. Pero ella conocía la historia de la auto-confinación de Candela, y por lo tanto la de Agustín, y no porque su antigua mejor amiga le hubiera querido confiar sus secretos, si no porque lla joven Vetrano se vió obligada a hacerlo cuando Rocío la descubrió. Pero la rubia siempre sospechó que había algo más, algo que tenía que ver con su quiebre con Victorio y otro par de cosas que nunca quiso preguntar. Se preguntó si alguien más sabía el secreto que compartían Agustín y Candela, o si ella era la unica.
-¿Una copa?
Una voz muy conocida para Ro la sacó de sus pensamientos, y se giró justo a tiempo que Nicolás Riera se acercaba a ella con una bandeja.
-¡Nico! ¿Que haces aquí?- Rocío hiso amague de abrazarlo, pero el rubio se apartó un poco.
-Sin tanto cariño, que estoy trabajando eh.- Dijo con una sonrisa, moviendo la bandeja para que ella pudiera apreciar su delantal de camarero.- La madre de Candela contrató a la empresa de catering para la que trabajo.- Se encogió de hombros.
Rocío rió.
-Che, ví en lo que convertiste a mi amigo.- Dijo Nicolas soltando una carcajada sonora que llamo la atención de un par de invitados.- Peter hasta parece cheto. ¿Tu madre no se enojó porque lo trajeras? Igual, a penas me saludó cuando lo ví. Parecía ocupado buscando a alguien.
El repentino deseo de que fuera a ella a quien buscaba y la calidez que sintió su corazón al aferrarse a la idea la distrajo momentaneamente de su conversación con Nico. Cuando regresó en sí, había olvidado completamente que le había preguntado, y de repente recordó algo.
-No sabes quien volvió.- Apuntó la rubia con un repentino entusiasmo que no sorprendió a Nico, acotumbrado a sus cambios de emoción.
-Al parecer, no tengo idea.- Dijo volviendo a reir mientras veía como la rubia recorría con los ojos la habitación y le hacia señas a alguien, a quien Nico no alcanzó a ver, para que se acercara.
-¿Que sucede?- Preguntó Lali mientras llegaba al lado de ella. Rocío le hiso señas apuntando al un rubio que estaba de espaldas a ella, y solamente el ver sus rubios rulos recogidos en una coleta sirvió para que soltara un grito.
-¡Nicolas!
El aludido se giró hacia ella y por poco suelta la bandeja que llevaba en manos.
-¡Petiza!
A Mariana poco le importó que el casi derramara todo los vasos cuando le hechó los brazos al cuello.
-Volviste, petiza...- Dijo mientras con su mano libre la apretaba con mas fuerza. Rocío miraba la escena con una sonrisa.
-Nico, te eché de menos teñido...- Mariana le pasó la mano por el pelo y soltó una carcajada.
-¿Donde estuviste todo este tiempo? ¿Porque te fuiste?
-Viajó por Europa la perla.- Interrumpió Rocío para que su amiga no tuviera que dar más explicaciones, y Mariana se lo agradeció con una mirada.
-¡Europa! Mira tu... Chicas, tengo que dejarlas, el deber me llama.- Nicolas hiso una reverencia que provoco nuevamente la risa de sus amigas.- Pero antes... ¿Es mi idea, o ví a Agustín Sierra por aquí?
-¿Agus?- Preguntó la mas bajita, con la voz emocionada.
-Si...- Rocío se revolvió incomoda, preguntandose si tendría que mentir por mantener el secreto de él y Candela.
-¡Ja! Parece que todos estan de vuelta...- Nicolás les guiñó un ojo y agregó.- Espero, petisa, que no nos hayas cambiado a mí y a los demás por nuevos amigos Europeos.
-Nunca.- Sonrió Mariana y se volvió a tiempo que Pablo se acercaba a ellas.
-¿Bailamos, Lali?- Preguntó estirando la mano, pasando de Rocío, quien bufó y despues de dirigirle una mirada no muy amigable al acompañante de su amiga, fue en busca de su pareja esa noche. Esta noche esperaba que fuera la noche, y que Peter y ella al fín pudieran dar un paso más allá de la amistad, o por lo menos esas eran las intenciones de la rubia, y pensaba dejarselo claro. Cuando lo encontró, lo arrastro tomandole de la mano y lo llevo a la pista de baile, en donde ya Pablo y Mariana se movían al ritmo de la música.


Volví, peeero lamentablemente también vuelvo a clases, por lo que volvemos a eso de que van a tener que perseguirme hasta que suba jaja. Aprovechen ustedes que aún les quedan vacaciones, a la mayoría. Aquí en Chile y a mí por lo menos, ya no me quedan jaja.
Las quierooooooooooooo, y en el próximo se viene mas Laliter les juro.
Sofía.

1 comentario:

  1. aii me encanta pero te juro que no puedo entender que cuerno hay entre vico agus y cande .. que paso alli ..espero que pronto eso se aclaree

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