miércoles, 29 de junio de 2011

A Sangre Azul~ Capitulo tres

3


-Definitivamente Africa. La cantidad de cosas que ví, la pobreza... la mescla de culturas... es increíble.-

-Me dieron ganas de viajar.- Rocío se metió un pedazo de milanesa a la boca.

-Fue... increible, de verdad.- El plato de pasta de Lali llegó un poco después.- Pero definitivamente lo que más me gustó fue Italia. Venecia es lejos uno de los lugares más mágicos que he visitado, las góndolas, las calles...-

-Y los italianos.- Completó la rubia y ambas rieron.- O me vas a decir que en estos tres años no estuviste con nadie.- Mariana rió.

-De hecho, tuve un novio, con el que estube dos o tres meses, pero nada más. Era un español, Benjamín.- Envolvió la pasta en el tenedor y se la echó a la boca.- Los demás eran cosas de una noche.- Dijo con dificultad por tener la boca llena, y Rocío abrió grandes los ojos.- Es broma, rubia.-

-No me hubiera sorprendido de ser verdad...- Dijo desviando la mirada intencionalmente y Mariana le tiró una servilleta.

-¡Rocío!-

-Era broma, morocha.- Dijo imitando el tono que la otra había usado antes y volvieron a reir. Era bueno tener a su amiga de vuelta, aunque le faltaban un par de cosas por responder.

-¿Y sigues pintando?- Mariana tomó un sorbo de su bebida y la volvió a dejar en la mesa, acomodandose la servilleta sobre las piernas.

-Sí, sí. Creo que este año me postularé para entrar a Yale.-

-¿Yale? Wow, Rocío. Eso es... increible, de verdad.-

-¿Y tu? ¿Vas a entrar a la universidad?-

-La verdad, le he dado muchas vueltas al asunto. Pero no es tan facil, me falta el último año de secundaria.-

-Puedes hacer uno de esos cursos que te ayudan a terminar. Además te reducen un año a un semestre, Candela está haciendo uno.- Cuando Rochi se dió cuenta de lo que acababa de decir, ya era demasiado tarde.

-¿Candela? ¿Y porqué?-

-Es... yo...-La rubia desvió la mirada y buscó alguna excusa, pero no encontró nada y Mariana la enfrentó.

-Rochi, que pasó con Candela.- Al ver que la rubia no respondía, insistió.- ¡Hablá nena!- La apuntó con el servicio.

-No puedo contartelo Lali, de verdad. Te juro que por mí te lo contaría, pero es un tema delicado, yo no debería saberlo...-

-¿Y porque Candela no iba a querer que lo supieras? ¿No son mejores amigas?-

-Ya no... Mira, Lali, mucho cambió cuando te fuiste. Pasaron cosas... fuertes. Pero oye, estas de vuelta, y ya somos mayores de edad.-Mariana iba a replicar, pero no la dejó.- Rápido, terminate eso.- Tomó su cartera y sacó un par de billetes.- Despues habrá tiempo para explicaciónes, pero ahora, vamos a recuperar el tiempo perdido.- Lali soltó una carcajada y la miró con la ceja encarnada.

-¿A donde vamos?-

-A donde nos lleve la noche.- Dijo Rocío con un exagerado tono de pelicula y ambas rieron mientras salían abrazadas de el restorant.

* * *

Candela expulsó el humo del cigarillo y luego lo apagó casi intacto contra la mesa ratonera de la terraza. Ella bien sabía que no podía fumar, pero habían veces en que pareciera que era lo unico que podía hacer que se calmara sin tener que recurrir al llanto.
Mientras la luz del sol se desvanecía de a poco, el caluroso día daba paso a la frescura propia de una tarde de verano. Candela, por supuesto, ya se había adelantado a este hecho y llevaba puesto un chaleco de lana, además de una bufanda. A mucha gente le parecería exagerado, y ella sabía que si veía a alguien así en la calle tampoco le pasaría inadvertido, pero lamentablemente, estaba obligada a exagerar. Cerró el ventanal tras suyo para evitar que su habitación se enfriara y apoyó los codos contra el balcón, resistiendo la tentación de sacar otro cigarrillo de la cajetilla que clandestinamnte había comprado, e intentando concentrarse en alguna cosa que no fuera el nudo en el pecho que sentía.
Otra vez la necesidad de ducharse la asaltó, pero apretó bien fuerte las manos contra el balcón para no moverse. Sabía que nunca se acostumbraría a la sensación de estar sucia, pero se decía a sí misma que era un hecho, que tendría que vivir con ello, un recordatorio permanente de su condición. Intentó despejar su mente de cualquier pensamiento obsesivo, y terminó por intentar recordar las fracciones de Juan Pedro, el antiguo amigo de Rocío que no veía desde... No, tampoco podía pensar en eso. No en ese momento.

Si su memoria no fallaba, tenía los ojos verdes. Era moreno...alto. Dejó que su mente divagara buscando recuerdos del muchacho, pero enseguida sus recuerdos le jugaron una mala pasada. La piel tostada y una rasta adornando su cabello. Cerró los ojos con fuerza, pero ya era tarde y una lagrima recorrió su mejilla cuando la imagen de Victorio se formó frente a ella. Había veces en las que sentía que su corazón forcejeaba contra su cuerpo, intentando escaparse a un lugar donde no tuviera que sufrir así. La primera véz que le sucedió obligó a su madre a llevarla al hospital, creyendo que tenía alguna especie de anomalía, pero ahora estaba relativamente acostumbrada a eso. Si se concentraba bien, podía recordar como se sentía tocarlo, pero cada vez se hacía más dificil. Lo extrañaba de una manera casi física, lo necesitaba, pero ella sabía que él nunca podría perdonarla, nunca. Cuando sus pensamientos llegaban a esos niveles, siempre se encontraba a sí misma llorando, pero esta vez no era asi. Las lagrimas corrían por su cara como si hubieran abierto una llave, pero su rostro no estaba agitado, ni su respiración. Solo su interior lloraba, pero su exterior había aprendido a controlarse. La culpa era una cosa de todos los días, y la del peor tipo. Era esa culpa solitaria, que no puedes compartir con nadie. Esa culpa donde no hay palabras que te puedan alivianar el peso de encima de los hombros, donde nadie pareciera entenderte, donde te gustaría que la gente te odiara, en vez de mostrar esa fingida comprensión. Se odió a sí misma, con toda su alma, con su corazón. Él tampoco se lo perdonaría, su corazón jamás perdonaría a su cuerpo. Era como si estuvieran divididos, como si ya nunca más fueran a ser uno más. Su cuerpo rechaza lo que su alma és, y su alma sabe que su cuerpo no la representa. Pero no podía hacer nada, porque ya no podía luchar para ser lo que su alma pedía. Y cuando lo fué, fue cuando cometió los dos peores errores de su vida. Era por eso que su alma había pasado a segundo plano y que su cuerpo se había dejado moldear por los demás, se olvidó de sus deseos y nunca más pensó por sí misma, si no que pensaba lo que sabía que a los demás les parecería correcto, por miedo a equivocarse de nuevo. Pero su pasado la perseguía en cada paso que daba, en cada esquina había alguien para recordarle lo que había sido, y ahora que Mariana estaba de vuelta, era como si todos esos pensamientos cuidadosamente escondidos todo este tiempo vinieran a su cabeza nuevamente, para llenarla de antiguas ideas que ella ahora rechazaba por completo, o eso se quería hacer creer. ¿Porque tenía que volver ahora? La odió por volver, por traerle todo de vuelta, porque Mariana era el recuerdo vivo de lo que ella había sido, pero eso no se lo admitió a sí misma, y lo tapó haciendose creer que no le perdonaba el haberse ido sin decir adiós, y con esa excusa bastaba por ahora para no tener que enfrentarla, a ella y al pasado que las unía.

Toooodo se irá aclarando de a poco. Personalmente, la historia de Candela es una de las más interesantes de escribir, pero tenganme paciencia que no en mucho se vienen LOS ENCUENTROS y más aclaraciones.
Las quiero, Sofía. 
Pd.El cuatro y cinco mañana por falta de tiempo para subir hoy.

domingo, 19 de junio de 2011

A sangre azúl~ Capitulo dos


2

Rocío no entendió nunca porqué Mariana se fué, y la verdad y conociendola, no le sorprendía que se hubiera ido así de repente, como sí de un segundo a otro hubiera explotado. Tampoco estaba enojada por que se hubiera ido, la entendía, fueran cuales fueran sus razones. Lo que sí le interesaba saber, era que la había hecho tomar esa drástica desición de marcharse y no mirar atrás. Había rememorado ese día miles de veces, pero por más que lo intentara no conseguía recordar nada especial, nada que hubiera dicho o hecho que estuviera fuera de lugar. Eso hasta que en un momentó, no la vió más. Con el tiempo había dejado de intentar comprender el porqué, y el recuerdo, muy a su pesar, había comenzado a desdibujar sus rostros. Pero ahora, y camino a la mansión Espósito, su mente parecía revivir esa noche más vivida que nunca, intentando buscarle una vez más sentido a su partida.
Esa noche Juan Pedro, el amigo de Rocío, las había invitado a una fiesta en casa de un chico 'x'. Y como ellas por esa época eran tres rebeldes sin causa, junto con la entonces liberal Candela, aceptaron encantadas. Aún sabiendo que tendrían que escaparse de casa y mentir, pero eso solo le ponía más emoción al asunto.
Peter, como todos llamaban a Juan Pedro, era un chico de clase baja. No era pobre, pero claramente no estaba a la altura de lo que sus madres consideraban como 'una amistad indicada'. Había sido vecino de Rocío y su mejor amigo, todo hasta que la madre de la rubia, una oportunista, consiguió lo que quería. Un hombre millonario que las sacara a ella y a su hija de allí. Fue obligada a cambiar drasticamente de vida, e incluso a inventarse un pasado, pero ella y Juan Pedro nunca perdieron el contacto, a escondidas de la madre de Rocío, claro está. Y esa noche, él era el encargado de pasarlas a buscar al parque donde debían de encontrarse.
En cuanto subieron al coche, Rochi enseguida notó la atracción casi inmediata que se hiso presente entre el morocho y Mariana, opacando a las otras dos de la conversación que mantuvieron en el trayecto. Lali no dejaba de mirarlo, y eso a Ro no le importó. No en ese entonces, ahora supondría que sería distinto. Llegaron al lugar de la fiesta y entraron de inmediato. Ahí el recuerdo se empieza a volver borroso; musica, alcohol, hombres, sus amigas, sus amigas con hombres, Mariana bailando con Peter y luego, nada más de Mariana. Y tampoco del morocho. Pero en ese momento no se le ocurrió que pudieran estar juntos, ni mucho menos pensó en preocuparse, eran su mejor amiga y su mejor amigo. Tal vez fueron la cantidad de copas ingeridas, y lo bien que lo estaba pasando, porque no pensó en Mariana hasta que luego de volver a su casa y dormir las pocas horas que quedaban de noche, recibió un llamado alarmado de Majo preguntando por su hija. Simplemente había dejado una nota. Una sola nota, y nada más. Y Rocío no supo nada de ella en tres años, de hecho, alguna vez llegó a preguntarse si seguiría viva, o por lo menos bien, pero algo en su interior le decía que no se preocupara, y con lo espiritual que era la rubia, nunca se preocupó. Y ahora estaba de vuelta.
Tocó el timbre del loft dos veces y se separó un par de pasos de la puerta.
-¡Rocío! ¿Que te trae por aquí? Mira que linda estás.- Maria José Espósito abrió la puerta e invitó a la rubia a entrar. Era una mujer de clase, trajes caros y joyas del valor de casas. Rasgos agudos, marcada mandíbula. Lo unico que tenía en común con Mariana eran los ojos café avellana.
-Hola Majo.- Rocío fingió su mejor sonrisa.- ¿Está... Lali?- Preguntó con cuidado. Las fracciones de la mujer parecieron endurecerse un segundo, para luego dar paso a una sonrisa propia de quien intenta mantener la compostura.
-Oh, Marianita... Está en su habitación, pero seguramente duerme. Venía muy cansada la pobre...-
-Ah...- La desilución de Rochi fue evidente, y cuando estaba a punto de darse la vuelta y marcharse, una voz muy conocida para ambas la interrumpió.
-Mamá, ¿Que hiciste con el bolso que dejé...?- Mariana se interrumpió a mitad de su descenso por las escaleras, y se quedó mirando a la rubia que estaba parada en el umbral de su puerta. Tal y como ella la recordaba, a exepción del vestido caro y los altos tacos, lo que la asustó. Al principio reinó el silencio entre ellas, y en esos segundos Lali se imaginó miles de formas distintas de como la nueva Rocío podría reaccionar, pero no estaba preparada para que recorriera los pocos metros y escalones que las separaban y le echara los brazos al cuerpo, apretadola contra ella. Aunque debería de haberlo supuesto, despues de todo, seguía siendo Ro.
-Te extrañé...- Suspiró y la apretó con más fuerza. Lali sintió como lagrimas de emoción salían por sus ojos y mientras salia de la sorpresa, abrazó a su mejor amiga, hundiendo la cara en su hombro.
-Rocío, Rochi, no sabes como te... perdoname, por irme...- Entre sollozos intentaba explicarlo todo, y parecía que para Mariana no hubieran palabras suficientes.
-No me pidas perdón, petisa.- La separó unos centimetros y le limpió un par de lagrimas del rostro para luego limpiarse las suyas propias.- Lo que importa es que ya estas de vuelta. ¿No?-
-Sí...- Por primera vez desde que había vuelto, Mariana sonrió.
-Pero, igual. Esto- Rocío la golpeó suavemente en el brazo.- Es por no llamarme.- Ambas rieron y volvieron a abrazarse.
-No sabes lo que las extrañé...pero ¿Y Candela?- En los recuerdos que tenía, habían muy pocos en los que estuviera Rocío y no Candela, y a Lali le parecía extraño que no estubieran las dos juntas.
-Ah...-Rocío hiso una mueca, pero rapidamente recuperó la sonrisa.- Creo que me toca ponerte al día, ¿No?- La tomó de la mano y la arrastró por las escaleras.- Pero primero, dejame sacarme este vestido, porfavor.- Le dijo en un susurro a Mariana, quien no pudo evitar una carcajada. Definitivamente, su amiga no había cambiado.
-¿A donde vamos? Esque me van a ver y van a hablar y...-
-Haber Lali, me sorprende que no sepas que a esta altura, todos deben de estar enterados de tu vuelta, creeme. En este lugar, todo se sabe. Todo.-



No se si se nota, pero los capitulos serán mas cortos porque no es una minific, si no una ficción. Últimamente no pude subir, semana de exámenes, y tengo el de matematicas el viernes, asique perdón por la demora. Pero de aquí en adelante creo que subiré más seguido, al ser más cortos los capitulos, y ya tengo el tres listo. Un beso, las quiero.
Sofía.

sábado, 11 de junio de 2011

A Sangre Azul~ Capitulo uno.


1


Sus tacos resonaban en el parqué haciendo más ruido que nunca, o por lo menos, eso le parecía a ella. Se acomodó los lentes de sol para asegurarse de que no la reconocieran y se asió los brazos al cuerpo como si eso fuera a servir de algo, para luego recorrer con la mirada el lugar. Pero por más que mirara y mirara, no conseguía recordar por donde estaba la salida, y eso era un problema, puesto que quería irse de allí lo antes posible.
-Nunca señalizan nada...-Se quejó entre dientes. Sus ojos se detuvieron en una mujer que caminaba hacia ella e instantaneamente retrocedió tres pasos y se escondió tras un pilar. ¿Porque las amigas de su madre estaban en todas partes?
Esperó a que pasara por su lado y salió de su poco original escondite, para encaminarse nuevamente con sus maletas por la estación. Estaba segura de que todos se volvían para mirarla, dominada por su antigua paranoia. Sintió la extraña necesidad de esconder la cara tras las manos y tirarse al suelo, pero rapidamente se dió cuenta de que eso no ayudaría en su idea de pasar desapercibida.
Miró un par de veces más a su alrededor, y cuando comprobó que no había nadie que pudiera reconocerla cerca, se internó entre la gente y dejó que la guiaran hasta algún lugar que le sonara más familiar. Y como siempre, su infalible intuición no falló y fue guiada directamente a la puerta principal, en donde enseguida divisó a su chofer.
-¡Simón- Gritó lo suficientemente fuerte como para que nadie más que él la oyera, acompañando el llamado por una serie de movimientos 'disimulados' para captar su atención.
-¿Señorita Mariana?- El joven achino los ojos al no encontrar ni un parecido en esa mujer con la Mariana que había abandonado hacía tres años, a exepción de la altura y los labios, su pelo estaba mas claro, llevaba puesto un vestido corto bastante hippie, contrario a lo que jamás hubiera usado con anterioridad y parecía tener mejor cuerpo que nunca.- ¿Es usted?-
-Shhhh.- Tomó las maletas del suelo y se acercó hasta él. Haciendo caso omiso al amague de Simón de tomar su equipaje, las metió ella misma dentro de la lujosa limosina y tomó asiento. Lali ya no necesitaba que hicieran nada por ella.
-¿Como ha estado todo?- Preguntó destensando los musculos cuando estuvo fuera de la vista de la gente.
-Bien. Su padre está fuera por un viaje de negocios.- Simón tomo su lugar como chofer y la miró por el espejo retrovisor. -¿Va a casa?-
-Lamentablemente, sí.- Suspiró fuerte y se hundió más en la silla, conciente de lo que se le venía encima.

* * *


Encestó nuevamente el balón, simplemente para darse el gusto de dejarlos con la boca abierta. Tomó los tacos con una mano y sacudió su remera, para sonreirle al más alto del grupo.
-¿Ves Peter?- Rocío estaba conciente de los ojos de los demás chicos en su cuerpo, por lo que movió ligeramente su cabello para desviar la atención a su coqueta sonrisa.
-¿Que cosa?- Preguntó él, sin sorprenderse de sus dotes para el deporte.
-Que las mujeres si podemos jugar balóncesto.- Le guiñó un ojo y este rió.
-Nunca vas a cambiar rubia.- Le pasó un brazo por los hombros.
-No lo creo. ¿Mañana en tu casa?- Dijo abrazandolo por la cintura.
-Como quieras.- Sonrió.- Pero tu eres la que tiene la mejor televisión.-
-Sí, pero con mi mamá en casa tendríamos que vestirnos de etiqueta y sentarnos a la mesa con ella y sus amigos estirados.-
-Pero por lo menos tendríamos buena comida. Si vamos a mi departamento tendremos que pedir pizzas.-
-Me gustan las pizzas.- Dejó un sonoro beso en la mejilla de su mejor amigo y se separó un poco de él.- ¿Vas a salir con esa Paula hoy?-
-No lo creo, la verdad era un poco seria para mí.- En su fuero interno, la rubia se alegró. Ella sabía que sus sentimientos por quien había sido como su hermano desde que tenía memoria estaban cambiando, y esperaba poder darse la oportunidad de dar un paso más con él.
-Ah.- Rocío miró la hora con aire distraido.- Debo irme.- Dijo mientras daba un par de pasos a la salida de la cancha publica.- Mamá cree que estoy comprando ropa y debe de estar a punto de pasar a recogerme a la tienda. ¡Te quiero!- Hiso un gesto con la mano y se alejó con pasos rapidos. Ya más cerca de la tienda volvió a calzarse los tacos, se limpió las manos, se puso los pendientes y hasta se retocó un poco la mascara de pestañas frente a un escaparate.
-Perfecto.- Murmuró para sí misma luego de cerciorarse de que todo estaba en su lugar y se plantó frente la carísima tienda en la que se suponía que debía de haber pasado la mañana, esperando que en cualquier momento el Jaguar de su madre apareciera por la avenida. A lo lejos tres chicas caminaban riendo, con ropas caras y altos tacones que resaltaban sus figuras. No le sorprendió que Candela fuera una de ellas.
-¡Candela!- Fingió sorpresa cuando pasaron por su lado.
-Rocío.- La morochita le dedicó una sincera sonrisa y frenó frente a ella.- Tanto tiempo, no te ví en todo el verano...-
-Estuve fuera.- Le devolvió la sonrisa.- ¿Como has estado?- No se molestó en esconder el doble sentido que tenía esa pregunta para ellas.
-Bien, linda. Gracias.- Hubo un pequeño silencio incómodo y Candela señaló a la tienda por encima de su hombro.- ¿De verdad estabas allí dentro?- Dijo con un deje de risa en la voz.
-No, jugaba baloncesto con Peter y unos chicos.-
-¡Peter! Hace mucho que no se de él.- Los ojos de Candera adoptaron un deje de nostalgia sin dejar de lado esa sonrisa propía de ella.- Entonces veo que sigues escondiendote de tu madre.- Lo dijo más como una afirmación que como una pregunta, pero de todas maneras Rocío asintió.
-Sí, tu la conoces, sabes que no aceptaría que hiciera cosas que no tuvieran que ver con cenas de gala, y menos que las hiciera con chicos que no cumplen ni uno de sus requisitos.- Consiguió que Candela riera, aunque fuera una risa algo más apagada que las que ella recordaba.
-Es bueno verte, Rocío. Debo irme, pero supongo que nos veremos en clase.-
-Si, no hay problema.- Se despidieron con un beso en la mejilla y Candela se alejó de ella, justo al tiempo en que una limosina negra pasaba por el lado de ambas. Rocío reconocío él escudo de los Espósito y supuso que sería Yeyo o Majo que había salido a dar una vuelta, pero cuando la ventana abierta pasó a su lado, se quedó completamente sorprendida. Miró rapidamente a Candela justo al tiempo en que la morocha se giraba hacia ella, con una expresión incluso más confusa que la suya.
Mariana estaba de vuelta.


¡Primer capitulo! Ojala les guste. La historia, como ven, no solo girará en torno a Mariana, si no también a la vida de Rocío y Candela, o la de las tres juntas. ¡Un beso!
Pd. Laliters, no se asusten. Sean pacientes.

lunes, 6 de junio de 2011

A sangre azul~ Prologo.

A sangre azul
Prólogo



Siempre pensó en su vida como su madre se la había planeado. Vestidos de gala, cócteles, fiestas de debutantes, limosinas, viajes; un cuento de hadas hecho realidad. Y desde pequeña todo en cuanto la rodeó la llevaba a lo mismo, un vida sin complicaciones.
Ella nunca conoció otra realidad, esa era la realidad de Lali.
Quizás por eso y por otras miles de razones, el día en que sin quererlo cruzó su vida con la de él, ese día donde él le enseñó otro mundo, donde se sintió más real de lo que jamás se había sentido, el día mas loco y aún así el más felíz del que tiene memoria, Mariana decidió probar algo distinto.
Y con solo 17 años y una maleta, tomó un avión. Y usando la espontaneidad que desconocía hasta ese día en sí misma, lo abandonó todo, dejando tras de sí una simple explicación.
Quería vivir.

Y aquí se encontraba, tres años despues y de vuelta en casa. Entonces todo vuelve a caer sobre ella, la presión, los problemas, las mascaras, todo lo que al fín y al cabo era su vida.
Nosotros tenemos sangre azul Mariana. Dijo alguna vez su madre. Y la sangre azul solo puede mesclarse con sangre azul. Eres una Espósito cariño.
Pero Mariana había cambiado, para bien o para mal de muchos, y ya no era la niña que creía al pie de a letra en cuanto su madre decía, ella había vuelto a romper un par de reglas y a demostrar que su Sangre azul no era tan azul como todos recordaban.

Minific 'En siete años'~ Epilogo y final.

Epilogo

Caminaste lentamente por la tierra sin levantar la vista. El ramo de flores blancas que llevabas en las manos era tu principal fuente de concentración, e intentabas vaciar la cabeza de cualquier pensamiento que pudiera generarte dolor. Este tenía que ser un momento alegre, ella lo habría querido así, aunque ella nunca hubiera tenido la oportunidad de decirlo. No te habías vestido de negro porque sentías que la amargura estaba fuera de lugar ese día, y la amargura era facil de comparar con el negro. En cambio, habías elegido blanco, y le habías pedido a los presentes que así fueran. Y aunque muchos no hubieran entendido el porque, sabías que aunque sea tus mas cercanos, y los que los conocen no discutirían la desición.
Una mano se apoyó en tu hombro y reconociste a la sensible de Rocío, que con lagrimas en los ojos te dedicaba una sonrisa, quizá no de alegría, pero si de comprensión. Se la devolviste, porque sabías que así ella lo habría querido, aunque nunca te lo hubiera dicho. Candela y Agustín pasaron de la mano por tu lado y apaciguaron su ritmo hasta acoplarlo al tuyo, mientras Joaquín corría por su alrededor correteando a Santino. El pequeño rubio de tres años levantó su vista hacia tí, como si de alguna manera entendiera por lo que pasabas. A él también le sonreiste, porque también había perdido a alguien, aunque no lo comprendiera bien.
-¡Ey!- Gritó Eugenia, para variar rompiendo el silencio, que llegaba acompañada de Pablo trayendo al hijo de este último en brazos.- Rocío, no se que hacer para que Alai deje de llorar.- Se la entregó a su madre, que la arrulló con cuidado.
Tu corazón se estremeció al escuchar su nombre, otro significado de Alegría.
-¿Y Victorio?-
-No lo sé Agustín, por ahí debe de andar, porque dijo que iba a venír. ¿O me equivoco?- Candela intentaba mantener a raya los inevitables celos de Agustín al padre de su primer hijo.
Asentiste una vez con la cabeza y reanudaron la caminata.
-¿Y ya decidieron como se va a llamar?- Eugenia apoyó su mano en la panza de Cande.
-Yo quiero ponerle Julia, pero Agustín insiste en Estefanía.-
-Me gusta Estefanía.- Acotó Rocío.
-Si, creo que a mi también comienza a gustarme.- La flaca soltó un suspiro de resignación. Todo el mundo había continuado su camino, y tu recién volvías a vivir la vida, a disfrutarla. No ibas a negar que al principio tu mundo se veía negro, pero ahora los colores lo bordeaban de nuevo. Una persona te había sacado de ese agujero, y esa era una de las tantas razones por las que tenías que agradecerle. Pero no estaba allí en ese momento.
-Por aquí está enterrada mi madre.- Soltaste inconciente. Recorriste con la vista el lugar al tiempo que decías eso, buscando la ubicación exacta de su tumba.
-Es un muy lindo lugar para ser enterrado.- Habló Eugenia que claramente no supo como reaccionar, y alguien le pegó un codazo.
-Si.- Soltaste una pequeña risa ante la ubicación de tu amiga.
Siguieron el camino hasta llegar al fondo del cementerio, un lugar bien cuidado, rodeado de flores blancas y con una placa en el suelo. Esperaron que la demás gente llegara y a que el padre saludara.
Sentiste una mano en tu cintura y te estremeciste un poco, arrullada por la paz que sentías cada vez que se acercaba a tí.
-Me retuvieron mis padres, perdón.- Susurró Juan Pedro a tu oido y tu entrelazaste tus dedos con su mano.
-Ya estás aquí.- Besaste tiernamente su mejilla y volviste a mirar en frente.
-Mami.- Santi llegó hasta tí y te viste obligada a soltar la mano de tu esposo para tomar a tu hijo en brazos.
-Buenas tardes, a todos.- El padre sonrió cordialmente y detuvo por un segundo sus ojos en tí, para luego continuar.- Hoy estamos reunidos aquí para celebrar. Hoy es un día especial para todos los aquí congregados.- Depositó una cala blanca sobre la placa del suelo y dejó una pequeña caricia en la tumba.- Hoy Allegra Lanzani Espósito cumple un año de vida.- Sentiste como tus ojos se llenaban de lagrimas y escondiste la cara tras Santino, mientras Peter los abrazaba a ambos.- No una vida normal, si no una vida en el cielo, plena y felíz. ¿Pero que es un año, cuando la vida allí arriba es eterna? Claramente un año para nosotros es mucho. En un año, podemos perder, podemos ganar. En dos años podemos aprender, en tres formar una familia, en cuatro ser felices, en cinco podemos perder el rumbo, en seis podemos enfrentarnos al mundo y en siete años podemos hacer todo eso, y cambiar nuestra vida. En esos siete años envejecemos, perdemos la inocencia. En siete años podremos haber tomado las desiciones mas importantes de la vida, haber empezado un ciclo. ¿Y porque hablo de siete años? Porque alguna vez, un hombre muy antiguo planteó que la vida esta dividida en ciclos de siete años, y que cada uno representa el fin y el inicio de algo.- La voz pausada y lenta del padre llenaba el lugar y confería a la atmosfera una tranquilidad casi palpable.- Pero uno nunca sabe cuando será el fin, ni cuando el inicio. La vida es casi tan repentina como la muerte, y nadie puede controlarla. Siete años en la tierra pueden cambiar muchas cosas, pero siete años en el cielo no son nada. Allegra desde allá arriba sigue siendo la misma bebe de hace un año, y seguramente lo seguirá siendo cuando todos nosotros lleguemos junto a ella. Su inocencia nunca se perderá, ni así su pureza. Ella es un angel que cuida a todos quienes alguna vez la quisieron, y hoy estamos aquí para celebrarla.- Se detuvo unos segundos y tu aprovechaste para limpiar las lagrimas que recorrían tu rostro.- ¿Alguien quiere decir algo?- La gente guardó silencio unos segundos.
-Yo.- Tu mejor amiga dio un paso al frente, con los ojos empañados y acariciando su estomago.- Yo se, que como usted dijo, Alli nos mira desde el cielo. Y se que hayá arriba la deben de tener muy celebrada. Solo quiero aprovechar la oportunidad para decirle que acá abajo tiene a toda su familia con los brazos abiertos, esperando el día a reunirse nuevamente con ella.- Frenó unos segundos.- Y que su madrina siempre la va a amar.- Dicho eso, se limpio los ojos y volvió a su posición en los brazos de Agustín tras dejar su ramo sobre la tumba. De a poco, todos tus familiares y amigos, fueron agregando sus palabras al testimoni mas emotivo que jamás hubieras escuchado, haciendo desaparecer el suelo tras el blanco de las flores.
-Santi.- Peter estiró su cabeza por encima de tu cuello para hablarle a su hijo.- ¿Te acordás lo que te enseñé? Toma, anda y daselo como regalo a tu hermanita.- Tu no entendiste a que se refería, pero al parecer Santino sí, y removiendose un poco para que lo dejaras en el piso, tomó una pequeña flor blanca y se acercó a la placa con el nombre de Allegra.
-Fei Cumpeaño Manita.- Dijo estirando su pequeño brasito y depositando la flor. Luego, miró a todos lados nervioso y Peter le hiso un gesto de aliento, para que continuara. Respiró hondo y cantó.- Cumpeaño feí, te deseamo a tí...- De a poco todos se unieron emocionados al canto de cumpleaños, todos menos tú, que llorabas en los brazos de Juan Pedro, dejando ir así el recuerdo de Allegra con ella al cielo.

Mientras se alejaban de la tumba, de vuelta a sus autos, levantaste la vista a tu esposo, que llevaba a su hijo dormido en brazos. Te costaba creer que ese era el hombre que habías conocido siete años atrás, que con su camara entró al estudio B9 y se volvió tu mejor amigo. El primer consuelo cuando terminaste con Victorio, el que se volvió tu novio al año siguiente, para luego volverse tu esposo, y así el padre de tu hijo. Tu pilar y punto de apoyo cuando te diagnosticaron cancer, tu fuente de felicidad, el hombre que había estado a tu lado esos siete años donde tu vida dió un giro de 360 grados. Te decidiste que era el momento de decirle lo que llevabas intentando poner en palabras toda la mañana. Enseguida te pusiste nerviosa, no lo habían planeado, pero desde que te dieron de alta, desde que el cancer ya no rondaba por tus venas, había sido tu sueño, y anoche dio positivo.
-Mi amor...Tengo que decirte algo.- Le sonreiste y lo obligaste a frenar, hasta que los demás ya los hubieran adelantado.
-¿Si?- Dijo moviendose lentamente de un lado para otro, meciendo a Santino. Respiraste hondo tres veces y desviaste la mirada otro par, sin decidirte a hablar. Levantó la ceja en señal de incetidumbre y reiste un poco, soltando la bomba.
-Vas a ser papá, de nuevo.-


No se como agradecerles a todas y a cada una de ustedes todos los comentarios, toda la buena onda. Se dedicaban a alegrarme las tardes con sus elogios, y si no, con sus amenazas cuando me demoraba más de lo planeado en subir. Sepan que les tomé cariño a todas y cada una de ustedes. ¡Muchas, muchísimas gracias, siempre!
Sofía.
Pd. Les dejo en el post siguiente el prologo de mi próxima idea 'A sangre azul'. ¿Creyeron que se librarían de mí tan facil?

domingo, 5 de junio de 2011

En siete años (minific)~ Capitulo 7 'Temblor' FINAL

Capitul siete, año siete.
'Temblor'
La musica de un organillero sonaba a lo lejos, poniendole melodía a tus pensamientos. Los ojos, los tenías secos de tanto mirar a un punto fijo y tus manos se dedicaban a alisar los pliegues del hermoso vestido azul que habías elegido esa mañana. Al percatarte de ese detalle se te vino a la cabeza una canción que hacía muchísimo no escuchabas.
-Pero no vino, nunca no llegó, y mi vestido azul se me arrugó...- Cantaste a penas, con cierta nostalgía y una sonrisa triste curvando tu boca. Aparaste ligeramente el pañuelo blanco que adornaba tu cabeza y volviste a enfocar tu mirada en el paisaje. Habia una señora al otro lado del parque te miraba preocupada, llevabas allí un par de horas, sin siquiera mover un musculo. Y esque no tenías la necesidad como la mayoría de la gente, de estar en constante movimiento. Talvez hubo un tiempo en que sí, pero eso era pasado. Al poco rato la señora se levantó de su posición y se acercó a paso lento a tí.
-¿Se encuentra bien? ¿Necesita alguna ayuda?- Uso el tono más cortez que tenía y eso te irritó. ¿Porque todos pensaban que necesitabas ayuda? Tu podías con esto sola.
-No, no se preocupe. Gracias.- Te limitaste a responder con voz monótona, e intentaste poner simpatía a la sonrisa de tu boca.
-Mami, mami...- Una pequeña niña se acercó corriendo a la mujer parada frente a tí, pero detuvo su paso poco antes para mirarte fijamente y luego esconderse tras su mamá. La niña tenía un precioso pelo marrón, un poco mas abajo de los hombros. Ojos claros y una pequeña pero fina nariz. Ensanchaste tu sonrisa con sinceridad despues de mucho tiempo y moviste una mano en señal de saludo, pero ella te miró asustada y tironeó la ropa de su madre.
-Allegra, aquí estabas. Será mejor que vayamos. Em-Te miró denuevo, claramente superada por la situación, o por tu situación.-... Que tenga una buena tarde.- Te dijo insegura luego de titubear unos segundos, y se llevó su pequeña Allegra de allí. Las miraste alejarse y escuchaste la voz tierna de la niña que le preguntaba a su madre con toda la inocencia capáz de entrar en ese cuerpo.
-¿Ma? ¿Porque esa señora no tenía pelo?- La madre pareció apurarla presintiendo que podías escuhar, pero hiciste un esfuerzo por entender lo que siguió a la conversación.
-Tiene una enfermedad mi am...-
-¿Su bebé tampoco va a tener pelito?- Y luego sus voces se volvieron a mesclar con la melodiosa canción del organillero, y en tu estomago se hiso un nudo. Supiste que era el momento de tomar tu desición, y para tu sorpresa no te tomó ni dos segundos.

*  *  *

Flashback seis meses antes.

Llegaron juntos a el departamento, y soltaste las dos maletas de Mariana al tiempo que ella abría todas las cortinas para hacer entrar la luz.
-¿Sabes que el departamento no necesita más iluminación si estas vos en él?- Dijiste sonriente, con la felicidad desbordando los poros. Ella respiró hondo de frente a la ventana y luego se giró hacia tí. 
-Chamuyero. Igual, siempre es buena más luz.- Sonrió y continuó con su labor.- Che, ¿Vos limpiás así de mal a proposito o simplemente no limpiaste?- Te acusó mientras tomaba un par de botellas de bebida tiradas en el suelo.
-Ehh... Sí, limpié. Un par de veces, pero limpié eh.- Te rascaste la cabeza.
-¿Un par de veces en dos meses?- Se mordió el labio y nego con la cabeza.- Menos mal que Santino se quedó con Candela porque sos un desastre como ama de casa.-
-Bueeeno, ahora que estas de vuelta podemos limpiar juntos si querés.- Tomaste un trapo del mueble y te acercaste rodeando su cintura con él, para pegarla a tí con fuerza. Te inclinaste para besarla y a lo que ella por supuesto respondió. ¿Hace cuanto no se besaban así? 
-Eh...-Intentó hablar entre tus labios, pero tu lengua se lo prohibió y la obligaste a fundirse de nuevo en tu beso.- Peter...- Dijo con risa.- ¿Y Santi?-
-Con Candela.- Dijiste con la voz rasposa bajando a su cuello y logrando tumbarla en el sillón.
-Si se... me refería a cuando llegan.- Insistió mientras tu volvías a posar tus labios en los suyos para acallarla. Por toda respuesta, alguién carraspeó y ambos levantaron la vista, tu maldiciendo por lo bajo.
-Al fín.- Dijo Candela quitando sus manos de los ojos de su hijo y su de su ahijado, que luchaban infructuosamente por sacarsela de encima. Te entró un ataque de risa al ver la escena, y tu hijo te miró haciendo puchero, para luego desviar sus ojitos de apenas dos años a su mamá.
-Mammmm...- Dijo estirando sus brazitos.
-¡Santi mi amor!- Ella se levantó rapido y lo alzó en vilo mientras Candela buscaba la mochila con las cosas del pequeño.
-Creo que lo traje todo.- Te sonrió y tu la abrazaste. Fue tu manera de agradecerle por todo lo que había hecho por ustedes estos dos meses tan dificiles. 
-¿Se quedan a comer?- Preguntó una Mariana sonriente con su hijo en brazos.
-Siiiiiii.- Aceptó el siempre entusiasta de Joaquín, pero Candela se negó ya que había quedado de comer con su nuevamente novio, Agustín.
-Lali...- Dijo la flaca mientras salía.- ¿Hasta cuando...?-
-Tres meses.- Dijo Lali con lo que escuchaste como un suspiro.- Tres meses completos para volver a vivir.- Dicho eso, besó a Joaquín en la mejilla y despidiendose de su amiga cerró la puerta.
-¿Que vamos a comer hoy?- Gritaste para que creyera que no habías escuchado. Si bien tu la habrías llenado de atenciones apenas cruzó por la puerta, ella te había obligado a que todo fuera lo más normal posible mientras estuviera en casa, osea, tenías prohibído hablar de la enfermedad.
-No lo sé... no tengo muchas ganas de cocinar la verdad.-
-¿Cocino yo?- Arqueaste una ceja en dirección a la televisión.
-No te voy a dejar matarme de envenenamiento cuando vengo saliendo de...- Se calló sopesando lo que tendría que decir y cambió de tema.-  ¡Pizza!- Cantó triunfal.- Santi ama la pizza, ¿Cierto poroto?- El infante de apenas dos años la miró extrañado, y Lali volvió a repetir su pregunta. El interrogado asintió una vez con la cabeza seguramente sin saber lo que hacía y volvió a sus juguetes.
-Pizza entonces.- Dijiste saltando para agarrar el telefono antes que Lali.- ¡Yo elijo!-
-¿Alguien quiere más?- Preguntaste desde la cocina lavando los platos que habían útilizado.
-Shhh.- Lali pasó por el pasillo con Santi en brazos, claramente dormido. Luego volvió, tomo las cajas de pizza que aún quedaban en la sala y entró a la cocina para ayudarte con la limpieza.
-Deja que lo hago yo.- Te empujo con un movimiento de caderas y enseguida se adueñó de tu tarea con bastante más gracia que tú.
-Mmm...- Con tus manos rodeaste lentamente su cintura y las apoyaste en su estomago para pegarla a tí, mientras hundías la cara en su cuello y en los pliegues de su pañuelo.
-Tengo que lavar...- Dijo sin mucho convencimiento, por lo que bajaste por su hombro y con tus manos lentamente acariciaste por debajo de su remera, pegandola aún más a tí, si eso era posible.
-Los platos pueden esperar.- La giraste para ponerla de frente, y literalmente y sin darle tiempo de reacción, le comiste la boca de un beso. La necesidad de ambos por el cuerpo del otro se hizo evidente en el aire y la pasión era palpable, por lo que la subiste sobre la encimera y le quitaste la primera prenda, dejando su estomago, hombros y espalda al descubierto.
-Hueles a queso y a...- Rió cuando dejaste su boca libre para bajar por su mandibula.
-Vos también tenés aliento a pizza, asique no te quejes.- Te separaste lo suficiente para soltar la frase y volviste a perderte en su cuerpo, mientras ella se deshacía de tu camisa.
Bajaste por sus brazos mientras Mariana con sus pequeñas manos recorría tu espalda, causandote estrmecimientos por todo el cuerpo. Cruzó sus piernas por tu cintura y la tomaste en tus brazos para salir de la cocina, chocando con todas y cada una de las paredes que encontraron a su paso, dejando en el camino otro par de esas prendas que tan innecesarias se hacían en esos momentos. La dejaste sobre la cama y con cuidado ambos se ayudaron para quitarse la poca ropa que les quedaba.En un momento dado, antes de volver a unirse completamente, te separaste de ella haciendo acopio de toda tu fuerza de voluntad y la miraste a los ojos.
-Te amo.- Intentaste transmitirle con la mirada todo tu amor, y de a poco tomaste el delgado pañuelo color gris que cubría su craneo y se lo quitaste de la cabeza, dejando al descubierto las marcas mas fiscicas del cancer. Donde antes estaba la mas hermosa cabellera que alguna vez hubieras visto, hoy quedaban apenas unos pequeños pelos en crecimiento, debilitados por la quimoterapia. Te miró hacia un lado mientras se sonrojaba, claramente avergonzada.- Eres hermosa.- Dijiste al fín luego de unos segundos extraviandote en su belleza. Levantó su mirada sorprendida y sus ojos se llenaron de lagrimas. Por primera vez la veías indefensa, pero a la vez tan protegida bajo tu cuerpo, porque sabías que era allí donde pertenecía.
-Yo también te amo.- Dijo mienras volvía a perderse en tí y en tu piel.

fin flashback.
  *  *  *



-Peter...- Entraste en el departamento intentando hacer el menor ruido posible.- ¿Peter?- Preguntaste un poco más fuerte.

-Lali, estoy aquí.- Esuchaste su voz proveniente de la terraza, y te dirigiste para allá, tomando todo el aire posible.- ¿Que pasa?- Bajó el libro que tenia entre sus manos y te invitó a sentarte sobre sus piernas, pero rechazaste la invitación con un suave movimiento de cabeza y te quedaste de pie en el marco de la ventana.
-Hace un lindo día...- Evitaste el tema como una estupida, en parte para evitar la pelea que sabrías que tendrían.
-Supongo.- Miró hacía el paisaje y luego te miró de nuevo, sonriendo.
-Osea, es verano, se supone que todos los días deberían ser así... aunque para la próxima semana anunciaron un día de lluvia...- Te perdiste en una vaga explicación que derivaba en la inconpetencia de los meteorólogos de hoy en día, cuando riendo se levantó de su puesto y dejó un beso en tu mejilla.
-¿Que pasa? Pero de verdad, no me vengas con el clima.- Rió y tu no pudiste evitar sonreirle al piso, con el estomago hecho un nudo.
-Pasa que creo que ya tome una desición.- Sentiste su cuerpo tensarse a tu lado y se separó de tí bruscamente.- Ba, no creo. Ya tomé mi decisión.- Cerraste la ventana detras tuyo, planeando así evitar que llegara a oidos de tu hijo la discución que sabías tendrían.- Lo voy a hacer Pedro, voy a tenerla.- 

Flashback tres meses atrás.

Te sentaste en la cama tan familiar para tí, pero a la vez tan desconocida y te decidiste a esperar al doctor ordenando un poco tus cosas en los distintos cajones y guardarropas blancos, como lo era todo en ese lugar. Se suponía que lo debías de tener aceptado, siempre habías sabido que tenías solo tres meses de descanso antes de volver con los tratamientos para tu cancer, pero nunca imaginaste que iba a ser tan dificil para tí volver a la que al fín y al cabo era tu realidad. Era como si hubieras vivido todo ese tiempo en un sueño perfecto, y derrepente te reventaran la burbuja que al final, nunca existió. Caminaste al baño con tu nesecer y ordenaste tambien allí, querias que todo se viera lo más parecido tu casa. Despues de poner el dibujo que te habían enviado tus alumnas de danza más pequeñas en tal posición para que pudieras verlo todos los días, levantaste por primera véz la vista al espejo frente a tí y por poco no te reconociste. Una Mariana fuerte, con los ojos brillantes, con la piel tostada por el verano, el pelo hasta los hombros y hasta un poco mas rellenita reemplazaba a la misma mujer que se había reflejado en ese espejo tres meses atrás, sin fuerzas, sin probabilidades, con la vida cayendo ante sus ojos. Sonreiste para tí misma y te prometiste que esta vez te mantendrías así, que serías mas fuerte y luego de decidirte a cumplir tu promesa, volviste a la habitación donde tu esposo te esperaba con un montón de flores rosadas en distintos jarrones de distintas tonalidades alegres. Pensaste entonces que su belleza y cuerpo contrastaban completamente con la habitación. Lo unico que combinaba de él con esas paredes blancas, era la tristesa que ambos desbordaban.
-¿Y esto?-
-Tu me dijiste que no te gustaba que hubiera tanto blanco, y como se que te gustan las flores y el rosado yo...- Pero no lo dejaste terminar ya que lo abrazaste con toda la fuerza de la que tus brazos fueron capaces, tomandolo por sorpresa.
-Te amo.- Dejaste continuos besos en su cara hasta que el doctor se apareció por ahí.
-Mariana ¡Mira que linda que estas!- Dijo el viejo hombre a modo de saludo mientras depositaba unas radiografías en la mesa.
-Hola Doc.- Sonreiste y te sentaste en la camilla junto a Peter.
-Dejame ver que tenemos acá...- Comenzó a hojear una larga pila de examenes con su caracteristica sonrisa en la cara, y tu te perdiste jugando con los cachetes de tu marido, mientras el reía. Quizá eso fue lo que te impidió notar como la cara del doctor cambiaba radicalmente mientras pasaba las paginas, hasta que los interrumpió alarmado.
-Mariana... -Tragó con fuerza y volvió a revisar las hojas, como si no terminara de creerselo.- No podemos empezar con el tratamiento...- Contrariamente, o no, te alegraste, porque enseguida se vino a tu cabeza la idea de pasar mas tiempo en tu casa junto a tu familia, pero nadie más se alegró contigo.
-¿Que pasó doctor?- Preguntó Juan Pedro serio.
-¿Tuvieron relaciones en el último tiempo?- Enseguida miraste a Peter aguantando la risa, porque lo habían hecho practicamente todas las noches estos tres meses. Tu estado de estúpida alegría era en el fondo, y lo sabías, una manera de afrontar o esconder el miedo por lo que sospechabas inconcientemente ya de hacía tiempo que venía a continuación.
-Si...- Admitió el, claramente sin compartir tu animo.
-Bueno según esto Mariana...- El doctor tragó saliva.- No podrías empezar la quimoterapia porque sería peligroso en tu estado para tí y para...-
Ahí fue cuando te cayó la ficha y confirmaste los sintomas que no habías querido aceptar, ni ver.
-Para quien...- El hombre a tu lado tomó tu mano en cuanto empezaste a temblar.
-Para el hijo que esperan.- Tragaste saliva.

Fin flashback. 

-No lo hagas, porfavor.- A esa altura de la conversación, ya llorabas.
-¡Tengo que hacerlo!-
-No, no tienes porqué Mariana. Entiende que si tienes a ese niño...-
-Es una niña.- Él levantó la vista rapido.
-¿Desde cuando lo sabes?-
-Ayer...- Te arrepentiste enseguida de haberlo corregido en cuanto notaste el dolor de sus ojos, y te sentiste culpable de haberlo dejado fuera de eso también, como de la desición que ya habías tomado.
-¿Ya habías decidido esto?-
-No, no... lo hice porque quería ver...quería saber...- Guardaste silencio entre lagrimas.
-Entiende que si lo haces es lo más probable que mueras Lali, porfavor.-
-¡Pero yo no voy a matar a nadie, y menos a mi hija!-
-¡Pero yo no puedo dejar que tu te arriesgues así!-
-Juan Pedro, es mi hija, es nuestra hija...-
-Pero vos sos mi mujer.-
-No puedes hacer nada, no puedes porque yo no puedo matar a mi hija así como así...-
-¿No entendés que vas a morir en el intento?.- La crudez de la verdad que Peter utilizó, te golpeó con fuerza entre los pulmones y en un momento llegaste a pensar que se trataba de otro ataque.
-Talvez podríamos esperar... ver que sucede...- Mordiste tu labio inferior mientras desviabas la vista del hombre que temblaba frente a tí hacía la puesta de sol, sabías la respuesta.
-No podemos Lali, no podemos. Tienes que empezar con el tratamiento , o ambas morirán...-
-Pero talvéz eso no suceda, y mientras exista la mínima posibilidad de que nos salvemos, o de que ella se salve, yo no voy a desperdiciarla.- Dijiste decidida.
-¡Rayos, Lali!- Gritó con furia.- ¿No entiendes que si tu te llegaras a morir, yo... no podría, no sabría como continuar con mi vida? Eres mi mejor amiga Lali.- Se acercó y tomó una de tus manos, bajando la voz hasta casi un susurro.- Eres mi mujer, la mujer con la que decidí pasar el resto de mi vida, la mujer a la que amo. Mariana porfavor, no lo hagas por tí, haslo por mí, detén todo esto...-
-¿Sabías que su corazón se formo a las siete semanas?- Te miró incredulo.- Y medía seis milimetros. Y en ese entonces, su corazón ya latía, y ella ya existía. Esto no lo hago por mí Peter...- Suspiraste entrecortado por las lagrimas, pegando tu frente a la suya, acariciando su mejilla, limpiando sus lagrimas mientras las tuyas empapaban tu cara.- Lo hago por ella, lo hago por Allegra Lanzani Espósito.- 
Supiste enseguida que algo dentro de él se rompió con lo que le dijiste, y que su posición comenzó a flaquear. Te alegraste ironicamente por haber elegído el nombre de Allegra para ella, porque tu Allegra sería igual de inocente que la pequeña Allegra del parque, y sabrías que Peter la amaría tanto como a tí, y entendería tu desición, fuera cual fuera el resultado.
-Lali...-
-Te amo Peter, y lo voy a hacer. Y espero...-Lo miraste directo a los ojos, mesclando verde con marrón.- Me estaría infinitamente agradecida si me apoyaras. Esto es tan dificil para tí como para mí, mi amor. Ahora te suplico yo que porfavor me acompañes en esto.- Miraste sus ojitos cerrados, esperando una respuesta. Las luces del atardecer estaban en su momento cúlmine, tiñiendolo todo de colores furiosos.
-Siempre te voy  a acompañar Lali, a donde vayas.- Susurró despues de un silencio que te pareció eterno, y luego se besaron entre salado, pactando.
*  *  *

Mantenías a Allegra de la mano, mientras ambas escapaban. No podías ver la cara de tu hija con claridad, todo era muy confuso. Sabías que tenías que seguir corriendo, pero ¿De que? De repente la sensación de que dejabas a Peter atrás te envolvió por completo, y te frenaste por completo para intentar volver a buscarlos, a él y a tu hijo. Pero por más que estuvieras segura de que estabas quieta, tu cuerpo reaccionaba como si siguiera corriendo, haciendote jadear mas y más. Miraste nerviosa en dirección a Allegra y viste que seguía corriendo, al lado de alguien que no eras tú. ¿O sí? Y un nuevo pensamiento te asaltó por completo. ¿Y si era Peter quien las perseguía? No sabías que hacer, estaba por un lado Juan Pedro, por el otro tu hijo al que no veías, y por el otro Allegra, la cual cada vez se alejaba más.
-Lali, lali.- Voces te llamaban y comensaste a gritar en tu lugar, incapáz de moverte aunque tu cuerpo seguía cansandose. Exahusta te dejaste caer de rodillas y sentiste tus pulmones cerrarse. 
-No denuevo, no...- Rogaste en vano mientras tus pulmones dejaban de recibir aire.
-¡Lali, Mariana!- Las voces se volvían mas fuertes, y comenzaste a estremecerte. Lo veías todo desde afuera, te veías a tí misma en el piso perdiendo el color de las mejillas y la conciencia, y te preguntaste si estabas muerta. Pero derrepente todo tembló y lo blanco se volvió negro, para luego mesclarse con muchos colores y transportarte de vuelta a la realidad.
-¡Lali! Dios mio. ¡Rocío, Mariana despertó! ¿Lali, estás? ¿Me escuchas?- Sentías tu cuerpo trnaspirar frio, sufrías intensos temblores y sentías algo raro en la garganta. Un dolor punsante te asaltó y soltaste un gemido desgarrador.
-¡Las contracciones!- Eugenia gritaba por sobre tu cabeza, haciendolo retumbar todo. No sabías que sucedía a tu alrededor, no entendías si te movías o no.- Abrime la puerta...- Dijo con esfuerzo a alguien que estaba a su lado y sentiste que las manos a tu alrededor desaparecían, para ser reemplazadas por el frio.
-¡Movete Candela! ¡Si no nos apuramos se descompensara antes de llegar al hospital!- Rocío hablaba ahora, comenzabas a reconocer lo que pasaba. Estaban en un auto, no podrías asegurar si se movían, pero también eras conciente de las dos rubias a tu lado, intentando mantener tus extremidades en calor.
-¿Y Juan Pedro?- Candela intentaba sonar calmada mientras movía los cambiós.
-No contesta,pero sigo intentando.- Ro no ocultaba su ansiedad.
-Mariana, Lali ¿Me escuchas?- Querías decirle a Eugenia que sí, pero tus cuerdas vocales no te hacían caso. Y de nuevo soltaste un alarido descontrolado,  el dolor volvió  a tu panza y llenó tu pulmones, y te aferraste con ambas manos a tu hija aún dentro tuyo. Y entendiste que era Allegra que intentaba salír. Y entendiste que te estaba matando en el intento.

*  *  *
Tenías 23 llamadas perdidas. Sonreiste y enseguida pensaste en la última vez que habías ido al gimnasio, y las 12 llamadas perdidas de Lali preguntando donde habías dejado las llaves del auto, reiste para tí mismo mientras con una toalla te limpiabas el sudor. Revisaste el registro y te sorprendió que no fueran de ella, 19 eran de Rocío, 2 de Pablo y 2 de Agustín. Decidiste que llamarías a Rocío primero, parecía la más urgida. Mientras te llevabas el móvil a la oreja, te imaginaste a Mariana desesperada porque había perdido su telefono, obligando a Rocío a gastar todo su saldo para que le recordaras donde lo había dejado. Una de las cosas que más amabas de ella era que fuera tan olvidadiza. A los 6 tonos, la rubia atendió.
-¡Mas rapido Candela!- Al otro lado de la linea, alguien gritaba a Candela que supusiste era quien manejaba. Se escucharon un par de chirridos y luego silencio interrumpido por unos jadeos y la voz de Eugenia, pero no entendías que hablaba.
-¿Rocío?- Un grito de dolor se escuchó al otro lado y reconociste enseguida esa voz. -¿Rocío?- Gritaste para que te oyera, y los otros hombres que usaban el camarín te miraron extrañados.
-¿Peter? ¡Peter al fin!- Otro grito desgarró el ambiente, pero sonaba ahogado, como si le faltara aire.- Peter, Lali esta... no se como esta, tiene contracciones, grita... pierde la conciencia, no nos escucha y...- Hablaba tan rapido que apenas entendías y su voz se mesclaba con un llanto agitado.
-¡Pasamelo a mí!- Eugenia le arrebató el telefono y contesto.- ¿Peter? Lali entró en trabajo de parto, o eso parece. La estamos llevando a la clinica...- Otro chirrido de llantas y te preocupó que fueran a estrellarse.- Parece que va a tener un ataque Peter...- Estaba nerviosa y su vos temblaba, pero intentaba mantener la calma, porque al parecer Rocío y Candela ya la habían perdido.
-Voy para allá.- Dijiste fuerte para que te escuchara mientras atravesabas las puertas del gimnasio a la carrera. No te molestaste en tomar el bus que te acercaba y seguiste corriendo hasta que viste un taxi que podría llevarte. Habías dejado todas tus cosas en el camarín, pero tu mente parecía no procesarlo. Tenías tu cabeza concentrada en no hecharte a llorar.
-¡¿Puede ir un poco más rapido?!- Gritase furioso al conductor, que se limitó a mirarte por el espejo retrovisor con una mirada que dejaba en claro que no lo haría, por lo que en la luz roja abriste la puerta y corriste las 16 cuadras que faltaban hasta el hospital. Tu cabeza y corazón rogaban a gritos que no fuera tarde, y que Lali siguiera viva.
-¿Y Lali?- Jadeante y a punto de llorar, entraste a Urgencias donde ya estaban tus amigos.
-Entró recien...- Los labios de Candela temblaban, al igual que el resto de su cuerpo. Te tomaste con ambas manos la cabeza y te dejaste caer en un asiento vació, y te dejaste llorar al fín. Sentías manos pasar por tus hombros, palabras de aliento, uno que otro abrazo, y tu llanto continuba, y no se detenía. No fue hasta que alguien se sentó junto a tí, y que en vez de pasarte las manos por los hombros, rodeó tu brazo con sus pequeñas manitos, que levantaste la vista.
-Paaaaaaa.- Alargó las vocales y se arrimó un poco más a tu cuerpo. Santino seguramente no entendía lo que sucedía, pero abrazaba porque te veía llorar. Calor inundó tu pecho, y el nudo de tu estomago se agrandó. Lo tomaste entre tus brazos y lo apretaste contra tu pecho, hundiendo tus lagrimas en su pelito rubio. ¿Que ibas a hacer si tu Lali moría? Era como si le quitaran a la tierra su sol, llevandose con él el oxigeno que necesitabas para vivir, los cables que te conectaban a tierra y todas tus sonrisas. Tenías a Santino, la imagen viva de los dos, pero eso no reemplazaba lo que sería perder a quien durante siete años fue tu mejor amiga, tu esposa, el amor de tu vida, la unica capaz de hacerte sentir esas mariposas en el corazón. Sentias como si literalmente te lo estuvieran sacando del pecho.
-Doctor...- La voz de Rocío llegó a tus oidos como una flecha y levantaste la cabeza, algo mareado despues de llorar tanto. Pero la cara de el doctor no te ayudo y sentiste tus fuerzas flaquear denuevo, apretaste a Santino contra tu pecho y te preparaste para lo peor como pudiste.
-Pudimos salvar...- Nadie movió un solo musculo en la sala.- Pero no a los dos.-
Pero nadie nunca pdría haber estado preparado para el dolor que siguió a continuación.

*  *  *

No me odien y recuerden  QUE NO TODO ES LO QUE PARECE y que aún falta el epilogo.
Y oigan, son las mejores lectoras del mundo, todas. Este capitulo va dedicado para todas y cada una de ustedes, que creanme, se quienes son.
¡Un beso! Sofía.
@serunalaliter