Capitul siete, año siete.
'Temblor'
La musica de un organillero sonaba a lo lejos, poniendole melodía a tus pensamientos. Los ojos, los tenías secos de tanto mirar a un punto fijo y tus manos se dedicaban a alisar los pliegues del hermoso vestido azul que habías elegido esa mañana. Al percatarte de ese detalle se te vino a la cabeza una canción que hacía muchísimo no escuchabas.
-Pero no vino, nunca no llegó, y mi vestido azul se me arrugó...- Cantaste a penas, con cierta nostalgía y una sonrisa triste curvando tu boca. Aparaste ligeramente el pañuelo blanco que adornaba tu cabeza y volviste a enfocar tu mirada en el paisaje. Habia una señora al otro lado del parque te miraba preocupada, llevabas allí un par de horas, sin siquiera mover un musculo. Y esque no tenías la necesidad como la mayoría de la gente, de estar en constante movimiento. Talvez hubo un tiempo en que sí, pero eso era pasado. Al poco rato la señora se levantó de su posición y se acercó a paso lento a tí.
-¿Se encuentra bien? ¿Necesita alguna ayuda?- Uso el tono más cortez que tenía y eso te irritó. ¿Porque todos pensaban que necesitabas ayuda? Tu podías con esto sola.
-No, no se preocupe. Gracias.- Te limitaste a responder con voz monótona, e intentaste poner simpatía a la sonrisa de tu boca.
-Mami, mami...- Una pequeña niña se acercó corriendo a la mujer parada frente a tí, pero detuvo su paso poco antes para mirarte fijamente y luego esconderse tras su mamá. La niña tenía un precioso pelo marrón, un poco mas abajo de los hombros. Ojos claros y una pequeña pero fina nariz. Ensanchaste tu sonrisa con sinceridad despues de mucho tiempo y moviste una mano en señal de saludo, pero ella te miró asustada y tironeó la ropa de su madre.
-Allegra, aquí estabas. Será mejor que vayamos. Em-Te miró denuevo, claramente superada por la situación, o por tu situación.-... Que tenga una buena tarde.- Te dijo insegura luego de titubear unos segundos, y se llevó su pequeña Allegra de allí. Las miraste alejarse y escuchaste la voz tierna de la niña que le preguntaba a su madre con toda la inocencia capáz de entrar en ese cuerpo.
-¿Ma? ¿Porque esa señora no tenía pelo?- La madre pareció apurarla presintiendo que podías escuhar, pero hiciste un esfuerzo por entender lo que siguió a la conversación.
-Tiene una enfermedad mi am...-
-¿Su bebé tampoco va a tener pelito?- Y luego sus voces se volvieron a mesclar con la melodiosa canción del organillero, y en tu estomago se hiso un nudo. Supiste que era el momento de tomar tu desición, y para tu sorpresa no te tomó ni dos segundos.
* * *
Flashback seis meses antes.
Llegaron juntos a el departamento, y soltaste las dos maletas de Mariana al tiempo que ella abría todas las cortinas para hacer entrar la luz.
-¿Sabes que el departamento no necesita más iluminación si estas vos en él?- Dijiste sonriente, con la felicidad desbordando los poros. Ella respiró hondo de frente a la ventana y luego se giró hacia tí.
-Chamuyero. Igual, siempre es buena más luz.- Sonrió y continuó con su labor.- Che, ¿Vos limpiás así de mal a proposito o simplemente no limpiaste?- Te acusó mientras tomaba un par de botellas de bebida tiradas en el suelo.
-Ehh... Sí, limpié. Un par de veces, pero limpié eh.- Te rascaste la cabeza.
-¿Un par de veces en dos meses?- Se mordió el labio y nego con la cabeza.- Menos mal que Santino se quedó con Candela porque sos un desastre como ama de casa.-
-Bueeeno, ahora que estas de vuelta podemos limpiar juntos si querés.- Tomaste un trapo del mueble y te acercaste rodeando su cintura con él, para pegarla a tí con fuerza. Te inclinaste para besarla y a lo que ella por supuesto respondió. ¿Hace cuanto no se besaban así?
-Eh...-Intentó hablar entre tus labios, pero tu lengua se lo prohibió y la obligaste a fundirse de nuevo en tu beso.- Peter...- Dijo con risa.- ¿Y Santi?-
-Con Candela.- Dijiste con la voz rasposa bajando a su cuello y logrando tumbarla en el sillón.
-Si se... me refería a cuando llegan.- Insistió mientras tu volvías a posar tus labios en los suyos para acallarla. Por toda respuesta, alguién carraspeó y ambos levantaron la vista, tu maldiciendo por lo bajo.
-Al fín.- Dijo Candela quitando sus manos de los ojos de su hijo y su de su ahijado, que luchaban infructuosamente por sacarsela de encima. Te entró un ataque de risa al ver la escena, y tu hijo te miró haciendo puchero, para luego desviar sus ojitos de apenas dos años a su mamá.
-Mammmm...- Dijo estirando sus brazitos.
-¡Santi mi amor!- Ella se levantó rapido y lo alzó en vilo mientras Candela buscaba la mochila con las cosas del pequeño.
-Creo que lo traje todo.- Te sonrió y tu la abrazaste. Fue tu manera de agradecerle por todo lo que había hecho por ustedes estos dos meses tan dificiles.
-¿Se quedan a comer?- Preguntó una Mariana sonriente con su hijo en brazos.
-Siiiiiii.- Aceptó el siempre entusiasta de Joaquín, pero Candela se negó ya que había quedado de comer con su nuevamente novio, Agustín.
-Lali...- Dijo la flaca mientras salía.- ¿Hasta cuando...?-
-Tres meses.- Dijo Lali con lo que escuchaste como un suspiro.- Tres meses completos para volver a vivir.- Dicho eso, besó a Joaquín en la mejilla y despidiendose de su amiga cerró la puerta.
-¿Que vamos a comer hoy?- Gritaste para que creyera que no habías escuchado. Si bien tu la habrías llenado de atenciones apenas cruzó por la puerta, ella te había obligado a que todo fuera lo más normal posible mientras estuviera en casa, osea, tenías prohibído hablar de la enfermedad.
-No lo sé... no tengo muchas ganas de cocinar la verdad.-
-¿Cocino yo?- Arqueaste una ceja en dirección a la televisión.
-No te voy a dejar matarme de envenenamiento cuando vengo saliendo de...- Se calló sopesando lo que tendría que decir y cambió de tema.- ¡Pizza!- Cantó triunfal.- Santi ama la pizza, ¿Cierto poroto?- El infante de apenas dos años la miró extrañado, y Lali volvió a repetir su pregunta. El interrogado asintió una vez con la cabeza seguramente sin saber lo que hacía y volvió a sus juguetes.
-Pizza entonces.- Dijiste saltando para agarrar el telefono antes que Lali.- ¡Yo elijo!-
-¿Alguien quiere más?- Preguntaste desde la cocina lavando los platos que habían útilizado.
-Shhh.- Lali pasó por el pasillo con Santi en brazos, claramente dormido. Luego volvió, tomo las cajas de pizza que aún quedaban en la sala y entró a la cocina para ayudarte con la limpieza.
-Deja que lo hago yo.- Te empujo con un movimiento de caderas y enseguida se adueñó de tu tarea con bastante más gracia que tú.
-Mmm...- Con tus manos rodeaste lentamente su cintura y las apoyaste en su estomago para pegarla a tí, mientras hundías la cara en su cuello y en los pliegues de su pañuelo.
-Tengo que lavar...- Dijo sin mucho convencimiento, por lo que bajaste por su hombro y con tus manos lentamente acariciaste por debajo de su remera, pegandola aún más a tí, si eso era posible.
-Los platos pueden esperar.- La giraste para ponerla de frente, y literalmente y sin darle tiempo de reacción, le comiste la boca de un beso. La necesidad de ambos por el cuerpo del otro se hizo evidente en el aire y la pasión era palpable, por lo que la subiste sobre la encimera y le quitaste la primera prenda, dejando su estomago, hombros y espalda al descubierto.
-Hueles a queso y a...- Rió cuando dejaste su boca libre para bajar por su mandibula.
-Vos también tenés aliento a pizza, asique no te quejes.- Te separaste lo suficiente para soltar la frase y volviste a perderte en su cuerpo, mientras ella se deshacía de tu camisa.
Bajaste por sus brazos mientras Mariana con sus pequeñas manos recorría tu espalda, causandote estrmecimientos por todo el cuerpo. Cruzó sus piernas por tu cintura y la tomaste en tus brazos para salir de la cocina, chocando con todas y cada una de las paredes que encontraron a su paso, dejando en el camino otro par de esas prendas que tan innecesarias se hacían en esos momentos. La dejaste sobre la cama y con cuidado ambos se ayudaron para quitarse la poca ropa que les quedaba.En un momento dado, antes de volver a unirse completamente, te separaste de ella haciendo acopio de toda tu fuerza de voluntad y la miraste a los ojos.
-Te amo.- Intentaste transmitirle con la mirada todo tu amor, y de a poco tomaste el delgado pañuelo color gris que cubría su craneo y se lo quitaste de la cabeza, dejando al descubierto las marcas mas fiscicas del cancer. Donde antes estaba la mas hermosa cabellera que alguna vez hubieras visto, hoy quedaban apenas unos pequeños pelos en crecimiento, debilitados por la quimoterapia. Te miró hacia un lado mientras se sonrojaba, claramente avergonzada.- Eres hermosa.- Dijiste al fín luego de unos segundos extraviandote en su belleza. Levantó su mirada sorprendida y sus ojos se llenaron de lagrimas. Por primera vez la veías indefensa, pero a la vez tan protegida bajo tu cuerpo, porque sabías que era allí donde pertenecía.
-Yo también te amo.- Dijo mienras volvía a perderse en tí y en tu piel.
fin flashback.
* * *
-Peter...- Entraste en el departamento intentando hacer el menor ruido posible.- ¿Peter?- Preguntaste un poco más fuerte.
-Lali, estoy aquí.- Esuchaste su voz proveniente de la terraza, y te dirigiste para allá, tomando todo el aire posible.- ¿Que pasa?- Bajó el libro que tenia entre sus manos y te invitó a sentarte sobre sus piernas, pero rechazaste la invitación con un suave movimiento de cabeza y te quedaste de pie en el marco de la ventana.
-Hace un lindo día...- Evitaste el tema como una estupida, en parte para evitar la pelea que sabrías que tendrían.
-Supongo.- Miró hacía el paisaje y luego te miró de nuevo, sonriendo.
-Osea, es verano, se supone que todos los días deberían ser así... aunque para la próxima semana anunciaron un día de lluvia...- Te perdiste en una vaga explicación que derivaba en la inconpetencia de los meteorólogos de hoy en día, cuando riendo se levantó de su puesto y dejó un beso en tu mejilla.
-¿Que pasa? Pero de verdad, no me vengas con el clima.- Rió y tu no pudiste evitar sonreirle al piso, con el estomago hecho un nudo.
-Pasa que creo que ya tome una desición.- Sentiste su cuerpo tensarse a tu lado y se separó de tí bruscamente.- Ba, no creo. Ya tomé mi decisión.- Cerraste la ventana detras tuyo, planeando así evitar que llegara a oidos de tu hijo la discución que sabías tendrían.- Lo voy a hacer Pedro, voy a tenerla.-
Flashback tres meses atrás.
Te sentaste en la cama tan familiar para tí, pero a la vez tan desconocida y te decidiste a esperar al doctor ordenando un poco tus cosas en los distintos cajones y guardarropas blancos, como lo era todo en ese lugar. Se suponía que lo debías de tener aceptado, siempre habías sabido que tenías solo tres meses de descanso antes de volver con los tratamientos para tu cancer, pero nunca imaginaste que iba a ser tan dificil para tí volver a la que al fín y al cabo era tu realidad. Era como si hubieras vivido todo ese tiempo en un sueño perfecto, y derrepente te reventaran la burbuja que al final, nunca existió. Caminaste al baño con tu nesecer y ordenaste tambien allí, querias que todo se viera lo más parecido tu casa. Despues de poner el dibujo que te habían enviado tus alumnas de danza más pequeñas en tal posición para que pudieras verlo todos los días, levantaste por primera véz la vista al espejo frente a tí y por poco no te reconociste. Una Mariana fuerte, con los ojos brillantes, con la piel tostada por el verano, el pelo hasta los hombros y hasta un poco mas rellenita reemplazaba a la misma mujer que se había reflejado en ese espejo tres meses atrás, sin fuerzas, sin probabilidades, con la vida cayendo ante sus ojos. Sonreiste para tí misma y te prometiste que esta vez te mantendrías así, que serías mas fuerte y luego de decidirte a cumplir tu promesa, volviste a la habitación donde tu esposo te esperaba con un montón de flores rosadas en distintos jarrones de distintas tonalidades alegres. Pensaste entonces que su belleza y cuerpo contrastaban completamente con la habitación. Lo unico que combinaba de él con esas paredes blancas, era la tristesa que ambos desbordaban.
-¿Y esto?-
-Tu me dijiste que no te gustaba que hubiera tanto blanco, y como se que te gustan las flores y el rosado yo...- Pero no lo dejaste terminar ya que lo abrazaste con toda la fuerza de la que tus brazos fueron capaces, tomandolo por sorpresa.
-Te amo.- Dejaste continuos besos en su cara hasta que el doctor se apareció por ahí.
-Mariana ¡Mira que linda que estas!- Dijo el viejo hombre a modo de saludo mientras depositaba unas radiografías en la mesa.
-Hola Doc.- Sonreiste y te sentaste en la camilla junto a Peter.
-Dejame ver que tenemos acá...- Comenzó a hojear una larga pila de examenes con su caracteristica sonrisa en la cara, y tu te perdiste jugando con los cachetes de tu marido, mientras el reía. Quizá eso fue lo que te impidió notar como la cara del doctor cambiaba radicalmente mientras pasaba las paginas, hasta que los interrumpió alarmado.
-Mariana... -Tragó con fuerza y volvió a revisar las hojas, como si no terminara de creerselo.- No podemos empezar con el tratamiento...- Contrariamente, o no, te alegraste, porque enseguida se vino a tu cabeza la idea de pasar mas tiempo en tu casa junto a tu familia, pero nadie más se alegró contigo.
-¿Que pasó doctor?- Preguntó Juan Pedro serio.
-¿Tuvieron relaciones en el último tiempo?- Enseguida miraste a Peter aguantando la risa, porque lo habían hecho practicamente todas las noches estos tres meses. Tu estado de estúpida alegría era en el fondo, y lo sabías, una manera de afrontar o esconder el miedo por lo que sospechabas inconcientemente ya de hacía tiempo que venía a continuación.
-Si...- Admitió el, claramente sin compartir tu animo.
-Bueno según esto Mariana...- El doctor tragó saliva.- No podrías empezar la quimoterapia porque sería peligroso en tu estado para tí y para...-
Ahí fue cuando te cayó la ficha y confirmaste los sintomas que no habías querido aceptar, ni ver.
-Para quien...- El hombre a tu lado tomó tu mano en cuanto empezaste a temblar.
-Para el hijo que esperan.- Tragaste saliva.
Fin flashback.
-No lo hagas, porfavor.- A esa altura de la conversación, ya llorabas.
-¡Tengo que hacerlo!-
-No, no tienes porqué Mariana. Entiende que si tienes a ese niño...-
-Es una niña.- Él levantó la vista rapido.
-¿Desde cuando lo sabes?-
-Ayer...- Te arrepentiste enseguida de haberlo corregido en cuanto notaste el dolor de sus ojos, y te sentiste culpable de haberlo dejado fuera de eso también, como de la desición que ya habías tomado.
-¿Ya habías decidido esto?-
-No, no... lo hice porque quería ver...quería saber...- Guardaste silencio entre lagrimas.
-Entiende que si lo haces es lo más probable que mueras Lali, porfavor.-
-¡Pero yo no voy a matar a nadie, y menos a mi hija!-
-¡Pero yo no puedo dejar que tu te arriesgues así!-
-Juan Pedro, es mi hija, es nuestra hija...-
-Pero vos sos mi mujer.-
-No puedes hacer nada, no puedes porque yo no puedo matar a mi hija así como así...-
-¿No entendés que vas a morir en el intento?.- La crudez de la verdad que Peter utilizó, te golpeó con fuerza entre los pulmones y en un momento llegaste a pensar que se trataba de otro ataque.
-Talvez podríamos esperar... ver que sucede...- Mordiste tu labio inferior mientras desviabas la vista del hombre que temblaba frente a tí hacía la puesta de sol, sabías la respuesta.
-No podemos Lali, no podemos. Tienes que empezar con el tratamiento , o ambas morirán...-
-Pero talvéz eso no suceda, y mientras exista la mínima posibilidad de que nos salvemos, o de que ella se salve, yo no voy a desperdiciarla.- Dijiste decidida.
-¡Rayos, Lali!- Gritó con furia.- ¿No entiendes que si tu te llegaras a morir, yo... no podría, no sabría como continuar con mi vida? Eres mi mejor amiga Lali.- Se acercó y tomó una de tus manos, bajando la voz hasta casi un susurro.- Eres mi mujer, la mujer con la que decidí pasar el resto de mi vida, la mujer a la que amo. Mariana porfavor, no lo hagas por tí, haslo por mí, detén todo esto...-
-¿Sabías que su corazón se formo a las siete semanas?- Te miró incredulo.- Y medía seis milimetros. Y en ese entonces, su corazón ya latía, y ella ya existía. Esto no lo hago por mí Peter...- Suspiraste entrecortado por las lagrimas, pegando tu frente a la suya, acariciando su mejilla, limpiando sus lagrimas mientras las tuyas empapaban tu cara.- Lo hago por ella, lo hago por Allegra Lanzani Espósito.-
Supiste enseguida que algo dentro de él se rompió con lo que le dijiste, y que su posición comenzó a flaquear. Te alegraste ironicamente por haber elegído el nombre de Allegra para ella, porque tu Allegra sería igual de inocente que la pequeña Allegra del parque, y sabrías que Peter la amaría tanto como a tí, y entendería tu desición, fuera cual fuera el resultado.
-Lali...-
-Te amo Peter, y lo voy a hacer. Y espero...-Lo miraste directo a los ojos, mesclando verde con marrón.- Me estaría infinitamente agradecida si me apoyaras. Esto es tan dificil para tí como para mí, mi amor. Ahora te suplico yo que porfavor me acompañes en esto.- Miraste sus ojitos cerrados, esperando una respuesta. Las luces del atardecer estaban en su momento cúlmine, tiñiendolo todo de colores furiosos.
-Siempre te voy a acompañar Lali, a donde vayas.- Susurró despues de un silencio que te pareció eterno, y luego se besaron entre salado, pactando.
* * *
Mantenías a Allegra de la mano, mientras ambas escapaban. No podías ver la cara de tu hija con claridad, todo era muy confuso. Sabías que tenías que seguir corriendo, pero ¿De que? De repente la sensación de que dejabas a Peter atrás te envolvió por completo, y te frenaste por completo para intentar volver a buscarlos, a él y a tu hijo. Pero por más que estuvieras segura de que estabas quieta, tu cuerpo reaccionaba como si siguiera corriendo, haciendote jadear mas y más. Miraste nerviosa en dirección a Allegra y viste que seguía corriendo, al lado de alguien que no eras tú. ¿O sí? Y un nuevo pensamiento te asaltó por completo. ¿Y si era Peter quien las perseguía? No sabías que hacer, estaba por un lado Juan Pedro, por el otro tu hijo al que no veías, y por el otro Allegra, la cual cada vez se alejaba más.
-Lali, lali.- Voces te llamaban y comensaste a gritar en tu lugar, incapáz de moverte aunque tu cuerpo seguía cansandose. Exahusta te dejaste caer de rodillas y sentiste tus pulmones cerrarse.
-No denuevo, no...- Rogaste en vano mientras tus pulmones dejaban de recibir aire.
-¡Lali, Mariana!- Las voces se volvían mas fuertes, y comenzaste a estremecerte. Lo veías todo desde afuera, te veías a tí misma en el piso perdiendo el color de las mejillas y la conciencia, y te preguntaste si estabas muerta. Pero derrepente todo tembló y lo blanco se volvió negro, para luego mesclarse con muchos colores y transportarte de vuelta a la realidad.
-¡Lali! Dios mio. ¡Rocío, Mariana despertó! ¿Lali, estás? ¿Me escuchas?- Sentías tu cuerpo trnaspirar frio, sufrías intensos temblores y sentías algo raro en la garganta. Un dolor punsante te asaltó y soltaste un gemido desgarrador.
-¡Las contracciones!- Eugenia gritaba por sobre tu cabeza, haciendolo retumbar todo. No sabías que sucedía a tu alrededor, no entendías si te movías o no.- Abrime la puerta...- Dijo con esfuerzo a alguien que estaba a su lado y sentiste que las manos a tu alrededor desaparecían, para ser reemplazadas por el frio.
-¡Movete Candela! ¡Si no nos apuramos se descompensara antes de llegar al hospital!- Rocío hablaba ahora, comenzabas a reconocer lo que pasaba. Estaban en un auto, no podrías asegurar si se movían, pero también eras conciente de las dos rubias a tu lado, intentando mantener tus extremidades en calor.
-¿Y Juan Pedro?- Candela intentaba sonar calmada mientras movía los cambiós.
-No contesta,pero sigo intentando.- Ro no ocultaba su ansiedad.
-Mariana, Lali ¿Me escuchas?- Querías decirle a Eugenia que sí, pero tus cuerdas vocales no te hacían caso. Y de nuevo soltaste un alarido descontrolado, el dolor volvió a tu panza y llenó tu pulmones, y te aferraste con ambas manos a tu hija aún dentro tuyo. Y entendiste que era Allegra que intentaba salír. Y entendiste que te estaba matando en el intento.
* * *
Tenías 23 llamadas perdidas. Sonreiste y enseguida pensaste en la última vez que habías ido al gimnasio, y las 12 llamadas perdidas de Lali preguntando donde habías dejado las llaves del auto, reiste para tí mismo mientras con una toalla te limpiabas el sudor. Revisaste el registro y te sorprendió que no fueran de ella, 19 eran de Rocío, 2 de Pablo y 2 de Agustín. Decidiste que llamarías a Rocío primero, parecía la más urgida. Mientras te llevabas el móvil a la oreja, te imaginaste a Mariana desesperada porque había perdido su telefono, obligando a Rocío a gastar todo su saldo para que le recordaras donde lo había dejado. Una de las cosas que más amabas de ella era que fuera tan olvidadiza. A los 6 tonos, la rubia atendió.
-¡Mas rapido Candela!- Al otro lado de la linea, alguien gritaba a Candela que supusiste era quien manejaba. Se escucharon un par de chirridos y luego silencio interrumpido por unos jadeos y la voz de Eugenia, pero no entendías que hablaba.
-¿Rocío?- Un grito de dolor se escuchó al otro lado y reconociste enseguida esa voz. -¿Rocío?- Gritaste para que te oyera, y los otros hombres que usaban el camarín te miraron extrañados.
-¿Peter? ¡Peter al fin!- Otro grito desgarró el ambiente, pero sonaba ahogado, como si le faltara aire.- Peter, Lali esta... no se como esta, tiene contracciones, grita... pierde la conciencia, no nos escucha y...- Hablaba tan rapido que apenas entendías y su voz se mesclaba con un llanto agitado.
-¡Pasamelo a mí!- Eugenia le arrebató el telefono y contesto.- ¿Peter? Lali entró en trabajo de parto, o eso parece. La estamos llevando a la clinica...- Otro chirrido de llantas y te preocupó que fueran a estrellarse.- Parece que va a tener un ataque Peter...- Estaba nerviosa y su vos temblaba, pero intentaba mantener la calma, porque al parecer Rocío y Candela ya la habían perdido.
-Voy para allá.- Dijiste fuerte para que te escuchara mientras atravesabas las puertas del gimnasio a la carrera. No te molestaste en tomar el bus que te acercaba y seguiste corriendo hasta que viste un taxi que podría llevarte. Habías dejado todas tus cosas en el camarín, pero tu mente parecía no procesarlo. Tenías tu cabeza concentrada en no hecharte a llorar.
-¡¿Puede ir un poco más rapido?!- Gritase furioso al conductor, que se limitó a mirarte por el espejo retrovisor con una mirada que dejaba en claro que no lo haría, por lo que en la luz roja abriste la puerta y corriste las 16 cuadras que faltaban hasta el hospital. Tu cabeza y corazón rogaban a gritos que no fuera tarde, y que Lali siguiera viva.
-¿Y Lali?- Jadeante y a punto de llorar, entraste a Urgencias donde ya estaban tus amigos.
-Entró recien...- Los labios de Candela temblaban, al igual que el resto de su cuerpo. Te tomaste con ambas manos la cabeza y te dejaste caer en un asiento vació, y te dejaste llorar al fín. Sentías manos pasar por tus hombros, palabras de aliento, uno que otro abrazo, y tu llanto continuba, y no se detenía. No fue hasta que alguien se sentó junto a tí, y que en vez de pasarte las manos por los hombros, rodeó tu brazo con sus pequeñas manitos, que levantaste la vista.
-Paaaaaaa.- Alargó las vocales y se arrimó un poco más a tu cuerpo. Santino seguramente no entendía lo que sucedía, pero abrazaba porque te veía llorar. Calor inundó tu pecho, y el nudo de tu estomago se agrandó. Lo tomaste entre tus brazos y lo apretaste contra tu pecho, hundiendo tus lagrimas en su pelito rubio. ¿Que ibas a hacer si tu Lali moría? Era como si le quitaran a la tierra su sol, llevandose con él el oxigeno que necesitabas para vivir, los cables que te conectaban a tierra y todas tus sonrisas. Tenías a Santino, la imagen viva de los dos, pero eso no reemplazaba lo que sería perder a quien durante siete años fue tu mejor amiga, tu esposa, el amor de tu vida, la unica capaz de hacerte sentir esas mariposas en el corazón. Sentias como si literalmente te lo estuvieran sacando del pecho.
-Doctor...- La voz de Rocío llegó a tus oidos como una flecha y levantaste la cabeza, algo mareado despues de llorar tanto. Pero la cara de el doctor no te ayudo y sentiste tus fuerzas flaquear denuevo, apretaste a Santino contra tu pecho y te preparaste para lo peor como pudiste.
-Pudimos salvar...- Nadie movió un solo musculo en la sala.- Pero no a los dos.-
Pero nadie nunca pdría haber estado preparado para el dolor que siguió a continuación.
* * *
No me odien y recuerden QUE NO TODO ES LO QUE PARECE y que aún falta el epilogo.
Y oigan, son las mejores lectoras del mundo, todas. Este capitulo va dedicado para todas y cada una de ustedes, que creanme, se quienes son.
¡Un beso! Sofía.
@serunalaliter
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