miércoles, 29 de junio de 2011

A Sangre Azul~ Capitulo tres

3


-Definitivamente Africa. La cantidad de cosas que ví, la pobreza... la mescla de culturas... es increíble.-

-Me dieron ganas de viajar.- Rocío se metió un pedazo de milanesa a la boca.

-Fue... increible, de verdad.- El plato de pasta de Lali llegó un poco después.- Pero definitivamente lo que más me gustó fue Italia. Venecia es lejos uno de los lugares más mágicos que he visitado, las góndolas, las calles...-

-Y los italianos.- Completó la rubia y ambas rieron.- O me vas a decir que en estos tres años no estuviste con nadie.- Mariana rió.

-De hecho, tuve un novio, con el que estube dos o tres meses, pero nada más. Era un español, Benjamín.- Envolvió la pasta en el tenedor y se la echó a la boca.- Los demás eran cosas de una noche.- Dijo con dificultad por tener la boca llena, y Rocío abrió grandes los ojos.- Es broma, rubia.-

-No me hubiera sorprendido de ser verdad...- Dijo desviando la mirada intencionalmente y Mariana le tiró una servilleta.

-¡Rocío!-

-Era broma, morocha.- Dijo imitando el tono que la otra había usado antes y volvieron a reir. Era bueno tener a su amiga de vuelta, aunque le faltaban un par de cosas por responder.

-¿Y sigues pintando?- Mariana tomó un sorbo de su bebida y la volvió a dejar en la mesa, acomodandose la servilleta sobre las piernas.

-Sí, sí. Creo que este año me postularé para entrar a Yale.-

-¿Yale? Wow, Rocío. Eso es... increible, de verdad.-

-¿Y tu? ¿Vas a entrar a la universidad?-

-La verdad, le he dado muchas vueltas al asunto. Pero no es tan facil, me falta el último año de secundaria.-

-Puedes hacer uno de esos cursos que te ayudan a terminar. Además te reducen un año a un semestre, Candela está haciendo uno.- Cuando Rochi se dió cuenta de lo que acababa de decir, ya era demasiado tarde.

-¿Candela? ¿Y porqué?-

-Es... yo...-La rubia desvió la mirada y buscó alguna excusa, pero no encontró nada y Mariana la enfrentó.

-Rochi, que pasó con Candela.- Al ver que la rubia no respondía, insistió.- ¡Hablá nena!- La apuntó con el servicio.

-No puedo contartelo Lali, de verdad. Te juro que por mí te lo contaría, pero es un tema delicado, yo no debería saberlo...-

-¿Y porque Candela no iba a querer que lo supieras? ¿No son mejores amigas?-

-Ya no... Mira, Lali, mucho cambió cuando te fuiste. Pasaron cosas... fuertes. Pero oye, estas de vuelta, y ya somos mayores de edad.-Mariana iba a replicar, pero no la dejó.- Rápido, terminate eso.- Tomó su cartera y sacó un par de billetes.- Despues habrá tiempo para explicaciónes, pero ahora, vamos a recuperar el tiempo perdido.- Lali soltó una carcajada y la miró con la ceja encarnada.

-¿A donde vamos?-

-A donde nos lleve la noche.- Dijo Rocío con un exagerado tono de pelicula y ambas rieron mientras salían abrazadas de el restorant.

* * *

Candela expulsó el humo del cigarillo y luego lo apagó casi intacto contra la mesa ratonera de la terraza. Ella bien sabía que no podía fumar, pero habían veces en que pareciera que era lo unico que podía hacer que se calmara sin tener que recurrir al llanto.
Mientras la luz del sol se desvanecía de a poco, el caluroso día daba paso a la frescura propia de una tarde de verano. Candela, por supuesto, ya se había adelantado a este hecho y llevaba puesto un chaleco de lana, además de una bufanda. A mucha gente le parecería exagerado, y ella sabía que si veía a alguien así en la calle tampoco le pasaría inadvertido, pero lamentablemente, estaba obligada a exagerar. Cerró el ventanal tras suyo para evitar que su habitación se enfriara y apoyó los codos contra el balcón, resistiendo la tentación de sacar otro cigarrillo de la cajetilla que clandestinamnte había comprado, e intentando concentrarse en alguna cosa que no fuera el nudo en el pecho que sentía.
Otra vez la necesidad de ducharse la asaltó, pero apretó bien fuerte las manos contra el balcón para no moverse. Sabía que nunca se acostumbraría a la sensación de estar sucia, pero se decía a sí misma que era un hecho, que tendría que vivir con ello, un recordatorio permanente de su condición. Intentó despejar su mente de cualquier pensamiento obsesivo, y terminó por intentar recordar las fracciones de Juan Pedro, el antiguo amigo de Rocío que no veía desde... No, tampoco podía pensar en eso. No en ese momento.

Si su memoria no fallaba, tenía los ojos verdes. Era moreno...alto. Dejó que su mente divagara buscando recuerdos del muchacho, pero enseguida sus recuerdos le jugaron una mala pasada. La piel tostada y una rasta adornando su cabello. Cerró los ojos con fuerza, pero ya era tarde y una lagrima recorrió su mejilla cuando la imagen de Victorio se formó frente a ella. Había veces en las que sentía que su corazón forcejeaba contra su cuerpo, intentando escaparse a un lugar donde no tuviera que sufrir así. La primera véz que le sucedió obligó a su madre a llevarla al hospital, creyendo que tenía alguna especie de anomalía, pero ahora estaba relativamente acostumbrada a eso. Si se concentraba bien, podía recordar como se sentía tocarlo, pero cada vez se hacía más dificil. Lo extrañaba de una manera casi física, lo necesitaba, pero ella sabía que él nunca podría perdonarla, nunca. Cuando sus pensamientos llegaban a esos niveles, siempre se encontraba a sí misma llorando, pero esta vez no era asi. Las lagrimas corrían por su cara como si hubieran abierto una llave, pero su rostro no estaba agitado, ni su respiración. Solo su interior lloraba, pero su exterior había aprendido a controlarse. La culpa era una cosa de todos los días, y la del peor tipo. Era esa culpa solitaria, que no puedes compartir con nadie. Esa culpa donde no hay palabras que te puedan alivianar el peso de encima de los hombros, donde nadie pareciera entenderte, donde te gustaría que la gente te odiara, en vez de mostrar esa fingida comprensión. Se odió a sí misma, con toda su alma, con su corazón. Él tampoco se lo perdonaría, su corazón jamás perdonaría a su cuerpo. Era como si estuvieran divididos, como si ya nunca más fueran a ser uno más. Su cuerpo rechaza lo que su alma és, y su alma sabe que su cuerpo no la representa. Pero no podía hacer nada, porque ya no podía luchar para ser lo que su alma pedía. Y cuando lo fué, fue cuando cometió los dos peores errores de su vida. Era por eso que su alma había pasado a segundo plano y que su cuerpo se había dejado moldear por los demás, se olvidó de sus deseos y nunca más pensó por sí misma, si no que pensaba lo que sabía que a los demás les parecería correcto, por miedo a equivocarse de nuevo. Pero su pasado la perseguía en cada paso que daba, en cada esquina había alguien para recordarle lo que había sido, y ahora que Mariana estaba de vuelta, era como si todos esos pensamientos cuidadosamente escondidos todo este tiempo vinieran a su cabeza nuevamente, para llenarla de antiguas ideas que ella ahora rechazaba por completo, o eso se quería hacer creer. ¿Porque tenía que volver ahora? La odió por volver, por traerle todo de vuelta, porque Mariana era el recuerdo vivo de lo que ella había sido, pero eso no se lo admitió a sí misma, y lo tapó haciendose creer que no le perdonaba el haberse ido sin decir adiós, y con esa excusa bastaba por ahora para no tener que enfrentarla, a ella y al pasado que las unía.

Toooodo se irá aclarando de a poco. Personalmente, la historia de Candela es una de las más interesantes de escribir, pero tenganme paciencia que no en mucho se vienen LOS ENCUENTROS y más aclaraciones.
Las quiero, Sofía. 
Pd.El cuatro y cinco mañana por falta de tiempo para subir hoy.

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