sábado, 11 de junio de 2011

A Sangre Azul~ Capitulo uno.


1


Sus tacos resonaban en el parqué haciendo más ruido que nunca, o por lo menos, eso le parecía a ella. Se acomodó los lentes de sol para asegurarse de que no la reconocieran y se asió los brazos al cuerpo como si eso fuera a servir de algo, para luego recorrer con la mirada el lugar. Pero por más que mirara y mirara, no conseguía recordar por donde estaba la salida, y eso era un problema, puesto que quería irse de allí lo antes posible.
-Nunca señalizan nada...-Se quejó entre dientes. Sus ojos se detuvieron en una mujer que caminaba hacia ella e instantaneamente retrocedió tres pasos y se escondió tras un pilar. ¿Porque las amigas de su madre estaban en todas partes?
Esperó a que pasara por su lado y salió de su poco original escondite, para encaminarse nuevamente con sus maletas por la estación. Estaba segura de que todos se volvían para mirarla, dominada por su antigua paranoia. Sintió la extraña necesidad de esconder la cara tras las manos y tirarse al suelo, pero rapidamente se dió cuenta de que eso no ayudaría en su idea de pasar desapercibida.
Miró un par de veces más a su alrededor, y cuando comprobó que no había nadie que pudiera reconocerla cerca, se internó entre la gente y dejó que la guiaran hasta algún lugar que le sonara más familiar. Y como siempre, su infalible intuición no falló y fue guiada directamente a la puerta principal, en donde enseguida divisó a su chofer.
-¡Simón- Gritó lo suficientemente fuerte como para que nadie más que él la oyera, acompañando el llamado por una serie de movimientos 'disimulados' para captar su atención.
-¿Señorita Mariana?- El joven achino los ojos al no encontrar ni un parecido en esa mujer con la Mariana que había abandonado hacía tres años, a exepción de la altura y los labios, su pelo estaba mas claro, llevaba puesto un vestido corto bastante hippie, contrario a lo que jamás hubiera usado con anterioridad y parecía tener mejor cuerpo que nunca.- ¿Es usted?-
-Shhhh.- Tomó las maletas del suelo y se acercó hasta él. Haciendo caso omiso al amague de Simón de tomar su equipaje, las metió ella misma dentro de la lujosa limosina y tomó asiento. Lali ya no necesitaba que hicieran nada por ella.
-¿Como ha estado todo?- Preguntó destensando los musculos cuando estuvo fuera de la vista de la gente.
-Bien. Su padre está fuera por un viaje de negocios.- Simón tomo su lugar como chofer y la miró por el espejo retrovisor. -¿Va a casa?-
-Lamentablemente, sí.- Suspiró fuerte y se hundió más en la silla, conciente de lo que se le venía encima.

* * *


Encestó nuevamente el balón, simplemente para darse el gusto de dejarlos con la boca abierta. Tomó los tacos con una mano y sacudió su remera, para sonreirle al más alto del grupo.
-¿Ves Peter?- Rocío estaba conciente de los ojos de los demás chicos en su cuerpo, por lo que movió ligeramente su cabello para desviar la atención a su coqueta sonrisa.
-¿Que cosa?- Preguntó él, sin sorprenderse de sus dotes para el deporte.
-Que las mujeres si podemos jugar balóncesto.- Le guiñó un ojo y este rió.
-Nunca vas a cambiar rubia.- Le pasó un brazo por los hombros.
-No lo creo. ¿Mañana en tu casa?- Dijo abrazandolo por la cintura.
-Como quieras.- Sonrió.- Pero tu eres la que tiene la mejor televisión.-
-Sí, pero con mi mamá en casa tendríamos que vestirnos de etiqueta y sentarnos a la mesa con ella y sus amigos estirados.-
-Pero por lo menos tendríamos buena comida. Si vamos a mi departamento tendremos que pedir pizzas.-
-Me gustan las pizzas.- Dejó un sonoro beso en la mejilla de su mejor amigo y se separó un poco de él.- ¿Vas a salir con esa Paula hoy?-
-No lo creo, la verdad era un poco seria para mí.- En su fuero interno, la rubia se alegró. Ella sabía que sus sentimientos por quien había sido como su hermano desde que tenía memoria estaban cambiando, y esperaba poder darse la oportunidad de dar un paso más con él.
-Ah.- Rocío miró la hora con aire distraido.- Debo irme.- Dijo mientras daba un par de pasos a la salida de la cancha publica.- Mamá cree que estoy comprando ropa y debe de estar a punto de pasar a recogerme a la tienda. ¡Te quiero!- Hiso un gesto con la mano y se alejó con pasos rapidos. Ya más cerca de la tienda volvió a calzarse los tacos, se limpió las manos, se puso los pendientes y hasta se retocó un poco la mascara de pestañas frente a un escaparate.
-Perfecto.- Murmuró para sí misma luego de cerciorarse de que todo estaba en su lugar y se plantó frente la carísima tienda en la que se suponía que debía de haber pasado la mañana, esperando que en cualquier momento el Jaguar de su madre apareciera por la avenida. A lo lejos tres chicas caminaban riendo, con ropas caras y altos tacones que resaltaban sus figuras. No le sorprendió que Candela fuera una de ellas.
-¡Candela!- Fingió sorpresa cuando pasaron por su lado.
-Rocío.- La morochita le dedicó una sincera sonrisa y frenó frente a ella.- Tanto tiempo, no te ví en todo el verano...-
-Estuve fuera.- Le devolvió la sonrisa.- ¿Como has estado?- No se molestó en esconder el doble sentido que tenía esa pregunta para ellas.
-Bien, linda. Gracias.- Hubo un pequeño silencio incómodo y Candela señaló a la tienda por encima de su hombro.- ¿De verdad estabas allí dentro?- Dijo con un deje de risa en la voz.
-No, jugaba baloncesto con Peter y unos chicos.-
-¡Peter! Hace mucho que no se de él.- Los ojos de Candera adoptaron un deje de nostalgia sin dejar de lado esa sonrisa propía de ella.- Entonces veo que sigues escondiendote de tu madre.- Lo dijo más como una afirmación que como una pregunta, pero de todas maneras Rocío asintió.
-Sí, tu la conoces, sabes que no aceptaría que hiciera cosas que no tuvieran que ver con cenas de gala, y menos que las hiciera con chicos que no cumplen ni uno de sus requisitos.- Consiguió que Candela riera, aunque fuera una risa algo más apagada que las que ella recordaba.
-Es bueno verte, Rocío. Debo irme, pero supongo que nos veremos en clase.-
-Si, no hay problema.- Se despidieron con un beso en la mejilla y Candela se alejó de ella, justo al tiempo en que una limosina negra pasaba por el lado de ambas. Rocío reconocío él escudo de los Espósito y supuso que sería Yeyo o Majo que había salido a dar una vuelta, pero cuando la ventana abierta pasó a su lado, se quedó completamente sorprendida. Miró rapidamente a Candela justo al tiempo en que la morocha se giraba hacia ella, con una expresión incluso más confusa que la suya.
Mariana estaba de vuelta.


¡Primer capitulo! Ojala les guste. La historia, como ven, no solo girará en torno a Mariana, si no también a la vida de Rocío y Candela, o la de las tres juntas. ¡Un beso!
Pd. Laliters, no se asusten. Sean pacientes.

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