sábado, 10 de septiembre de 2011

A sangre azul~ Capitulo doce


XII


La sala de esperas estaba abarrotada de gente, a pesar de la hora. Parecía que toda la concurrencia en casa de Candela se había trasladado hasta allí para saber de ella. Pero seguramente, la mayoría de esas chicas de instituto lo unico que querían era la primicia de la noticia.
Mariana se sentó junto a Agustín y le puso una mano en el hombro.
-Te heche de menos, cachetón...- Intentó sonar amable y distendida, pero no fue capaz de sonreir. Tampoco lo fue Agustín cuando levantó la vista hacia ella.
-Si, yo también.- Suspiró y se hundió aún más en la silla, maldiciendo-. Dios, por que tiene que ser tan estupida...-
-¿Candela? Siempre fue cabeza dura, pero no entiendo que hizo para terminar en ese estado... se veía, no se, perdida. No es la Candela que yo recuerdo.-
Agustín levantó los ojos, sorprendido.
-¿No sabes nada, cierto?-
-¿Nada de que?-
-De nada-. La voz de Rocío los interrumpió abruptamente, ella y Agustín intercambiaron una mirada significativa, pero para Lali no pasó desapercibida.
-¿Nada de que?-. Repitió, un poco más alto.- ¿Que sucede, de que me perdí?-
-De bastante te perdiste.- La sorpresiva voz de Juan Pedro le provocó un escalofrío, pero no dejó que se notara cuando se volvió a enfrentarlo.
-Que, ¿Tu también lo sabes?- Inquirió Agustín haciendo eco a los pensamientos de Mariana, cada vez mas enredados.
Peter miró a Rochi, y un gruñido salió de la garganta de Agustín.
-Aquí no se puede confiar en nadie, ¿No?-
-¡Quiero saber que sucede!- Mariana volvió a intentarlo, sin dejar de mirar a Peter.
-¡Nada pasa, nada!- Rocío miro a los presentes buscando algo de apoyo, pero nadie parecía brindarselo.
-Porfavor, Ro... ¿Que le sucede a Candela?- Esta vez Lali se volvió hacia ella, buscando la verdad en sus ojos.
-No... yo no puedo Lali... no...-
-Yo creo que ella merece saberlo, fue tan amiga de Candela como tú.- Juan Pedro volvió a opinar, mientras todas las miradas se posaban en él.
Interiormente, Lali se lo agradeció.
-Yo...- Rocío abrió la boca y la volvió a cerrar, como si no supiera por donde empezar.
Justo en ese momento, un doctor atravesó la puerta acompañado de una llorosa Diana Vetrano y Lali supo que lo que fuera que le ocultaran, era mas grande de lo que ella pensaba. Se giró para enfrentar a sus amigos nuevamente, pero ya todos se habían levantado y se dirigían casi corriendo a donde estaba la madre de Candela, dejando a Juan Pedro solo frente a ella.
Le dirigió una sola mirada confundida y se volvió para acercarse al doctor.
-Al parecer, Candela estubo expuesta al frio durante mucho tiempo, lo que derivó en una neumonía que...- El doctor fue interrumpido por una exclamación de Rocío, quien se llevo la mano al corazón como si no pudiera creerlo. Agustín volvio a maldecir mientras con un puño le daba un suave golpe a la pared.
Mariana sabía que una neumonía no era algo tan grave como para que todos reaccionaran así, y suponía que tenía que ver algo con el secreto que estaban escondiendole. Pero fijando su vista en Diana, que lloraba desconsolada, se decidió a hacer las preguntas más tarde.
-El punto es que tendremos que internarla hasta que estemos seguros de que la neumonía desapareció por completo. Ella ya esta conciente, pero recomendamos que...-
-Iré a verla.- Agustín paso por su lado como un rayo, haciendo caso omiso al doctor.
-Niño, no...-
-Dejelo.- Diana le apoyó una mano en el pecho, impidiendole salir tras el joven Sierra. Algo en la mirada de Diana hiso que el doctor se calmara. Lali de nuevo se preguntó de que se estaría perdiendo, y que tenía que ver Agustín en eso.

* * *


Caminó de vuelta a su casa sola, decidiendo pasar de la limosina esa noche. Tenía mucho que pensar, y vale aclarar que ni Rocío ni ni uno de sus amigos habían querido responder sus dudas. Candela había pedido expresamente en cuanto estubo mas fuerte que nadie entrara a verla, y que todos fueran a descansar a sus casas. Eso sí, Agustín nunca salió de la habitación de ella. Incluso Diana había ido a ducharse, ya más calmada.
¿Y todo por una neumonía? Lali podía entender que era una enfermedad de cuidado, pero no tanto como para las variadas reacciones de los presentes. Eso la obligaba a pensar que había algo más detrás de eso, algo que nadie parecía tener prisa por contarle. El unico que había estado a punto había sido Peter, y si esa era la mejor unica manera de averiguar la información, entonces no le quedaba otra que hablar con él.
Se replantó a sí misma todo lo que estaba sucediendo; Rocío y Juan Pedro, Candela y Agustín... De repente se preguntó si Agustín no tendría algo que ver en la ruptura entre Candela y Victorio, y se preguntó que sería de el ex de su amiga ahora, ya nadie hablaba de él siquiera. Victorio había sido una muy buena persona, o por lo menos fue así el tiempo que Lali alcanzó a conocerlo. Era un chico de clase baja, muy humilde pero con un corazón y una sonrisa enormes. Era la mitad de Candela, no recordaba haberla visto tan felíz como era cuando esaba con él... Claro, Diana no lo aceptaba, pero en esa epoca a las tres amigas poco les importaba que podrían pensar sus madres. Junto a eso recordó a su antiguo grupo de amigos y todo lo que hacían juntos, todo lo que vivió gracias a ellos y se preguntó si haberse ido a Europa había sido un error, pero en ese momento ella sabía que era la unica alternativa que le quedaba. No le habían dado otra, su madre no le había dejado otra que mentir y escaparse. Y estaba completamente orgullosa de su desición. Una lagrima de nostalgia por los tiempos mejores rodó por su mejilla al tiempo que recordaba esa día.
La Mariana de 21 llevaba una semana extrañamente mareada y ya sospechaba algo, pero no se dió cuenta de la gravedad del asunto hasta que no tuvo un test de embarazos en las manos temblorosas. Lloraba desconsoladamente porque no podría tener una vida normal, lloraba desconsoladamente porque para el padre de la niña ella no era nada más que una entretención, una amante. Lloraba porque ella ya quería a su hijo con todas sus fuerzas y porque no quería dejarlo ir y prefería arreisgarlo todo antes que a él.
Fue ahí cuando un mensaje llegó a su móvil, era de Juan Pedro preguntandose si se verían esa noche. Luego de lo que podrían haber sido horas de pensarlo, le respondió que sí, que se verían. Decidió que esa noche sería al primero al que le contaría la noticia, pero antes de que fuera de noche tenía alguien más a quien contarle; María José Esposito, su madre.
Mariana aún podría recordar la conversación que tuvo con su madre como si hubiera sido ayer, pero prefería olvidarla. Solo dos cosas importantes habían salido de esa conversacíon; La primera fue su madre le había pedido –o más bien obligado- a que se hiciera un aborto y la segunda fue que en ese preciso instante fue que decidió huír porque ella si iba a tener a ese niño y no iba a dejar ni que su madre ni nadie se lo quitara.
Arregló todo con Simón para que le llevara las maletas al aereopuerto y la esperara ahí dos horas. Cuando Rocío y Juan Pedro pasaron a recogerla, fingió su mejor sonrisa y subió al auto consciente de que no tenía mucho tiempo. Sonrió a Peter y respondió a todas las miradas que el le dirigió. Ya en la fiesta, hasta se permitió el lujo de bailar con él. Cuando ambos salieron para afuera, se besaron como lo hacían cada vez que estaban solos.
-Vamos a un lugar más... comodo.- Había susurrado él.
-¿Para qué?- Habías preguntado, aunque ya sabías la respuesta.
-Tu ya sabes, divertirnos.- Sonrió él. Y ahí tu corroboraste que para él no eras nada más que una diversión, él no podría haberse echo cargo de un niño. Pero tu si lo amabas, aunque eso ya no contaba. Había otra vida más que contaba con las desiciones que tomaras.
-Una diversión...- Repetiste en un susurro, dolida hasta el alma.
Te separaste de él con lagrimas en los ojos, recuerdas perfectamente su mirada al verte llorar, lo besaste una vez más por que eras masoquista y luego te fuiste de allí, rogandole que no te siguiera.
En ese momento, ni te acordaste de que Candela y Rocío no sabían nada, pero despues te dijiste que era mejor así. Era mejor que nadie se enterara.
Ahora tu madre todavía pensaba que habías abortado, y tomaba tu escapada como algo natural despues de lo que habías pasado. Claro que ella no sabía que tu hijo estaba vivo, que habías acordado una adopción abierta con dos padre Españoles a los que hoy podías llamar tus amigos y que hoy tu hijo era mucho más felíz de lo que podría haber sido nunca contigo.
Y hoy, necesitabas contarle a alguien todo lo que ocurrió, querías que ellos entendieran.
¿Pero a quien? ¿A Rocío, tu mejor amiga pero la novia de el padre de tu hijo secreto y por el que aún parecías sentir algo?
Aún podrías decirle a Candela... solo esperabas que no hubiera cambiado tanto como parecía, y que quisiera escucharte.

Aggggh, odié como quedó este capitulo. Hasta me da verguenza subirlo, pero les debía hace tiempo.
Sofía.