Capitulo seis; Año seis.
'Dolor'
'Dolor'
-¡Vas a despertar a Santino!- Intentase hablar lo más bajo posible para apaciguar la situación, pero como pasaba últimamente en cada pelea el no te hizo caso.
-¿Ahora te preocupas por Santino no?- Tu sabías que no era por Santino el problema, era algo más, algo que se había roto.
-¡Si, me preocupo!- Te giraste para enfrentarlo con los puños a los costados, te dolía pelear con él, y para ese punto las peleas se habían vuelto diarias.
-Ah, claro. Te preocupas, ovio.- Usaba ese tono sinico que sabía perfectamente tu odiabas, solo para irritarte.- ¿Y desde cuando una madre 'preocupada' sale hasta estas horas, Mariana?-
-Porfavor Juan Pedro, ¿No podés cuidar de tu hijo solo una noche? ¡Yo lo cuido los 365 días del año!-
-¿Tenés una idea de cuanto rato estuve esperandote? ¡Me preocupe!- Creiste ver una grieta en su defensiva cuando te miró a los ojos visiblemente triste, pero rapidamente grió la cabeza.- Sos una irresponsable.-
Apoyó sus manos en la encimera que había a su espalda, cansado. Tu sabías que a él le dolía tanto como a tí, pero su orgullo no les permitía perder la pelea, a ninguno.
-¡No sos mi papá, no te debo explicaciones de lo que haga o deje de hacer!- Sabías que el tenía razón, que había sido un error tuyo, pero lo que habías hecho lo habías hecho por pura venganza a su creciente frialdad y no estabas en las de admitirlo.
-¡Soy tu esposo! ¿O ya se te olvido que estamos casados y tenemos un hijo? ¡Y es hasta que la muerte nos separe!- Y por primera vez, los dos guardaron silencio.
-Parece que no llegaremos tan lejos esta vez.- Dijiste bajando la mirada, sin poder aguantar más las lagrimas. Él no respondió.- ¿Sabes que me enoja? Que últimamente siento que ya no eres el mismo, es como si hubiera perdido a mi esposo, a mi mejor amigo.-
-¿Yo no soy el mismo? ¡No tenés como saberlo, si ya ni te veo!- Y de nuevo se levantaban las voces.- ¡Nunca estás!-
-¡Sera porque trabajo para mantenernos, Juan Pedro!-
-Yo también trabajo, y paso más tiempo que vos en esta casa. Ademas, ¿Desde cuando tu trabajo incluye salir con Eugenia hasta estas horas? ¡Yo también quiero trabajar así entonces!-
-Sos un inmaduro.- Giraste la cabeza y te dejaste caer en el sillón, porque tus pies temblaban.- ¡Yo hago lo que me de la gana! ¡Salgo para no tener que verte!- Eso último se te escapo, pero no era del todo mentira. Últimamente cuando llegaba la hora de volver a casa, no era alegría precisamente lo que sentías, era mas una especie de miedo de saber que algo iba a salir mal.
-¡Ah bueno! Si estoy tan insoportable entonces, ¿Porque no te vas de nuevo?- Gritó dolido por tu respuesta.
Lo miraste con odio. La semana pasada te habías tenido que ir a dormir donde Rocío y Pablo cuando la situación en tu casa se había vuelto insostenible.
-¡Tal vez sea buena idea!- El llanto de tu hijo interumpió momentaneamente la discución.- ¿Ves lo que hacés? ¡No podes controlar tus gritos, por dios!- Le gritaste, que mas daba si Santi ya se habia despertado.
-¿Sabes? No te vayas, soy yo el que se va esta vez.- Dicho eso, tomó sus llaves y su abrigo del perchero y se fue pegando un portazo, dejandote allí, sola.
¿Como habían llegado a esto? El era el amor de tu vida, y lo amabas, pero ya no era como antes. Ya nada era como antes.
-Sh, Santi.- Lo tomaste entre tus brazos y lo apretaste contra tí, mesclando sus lagrimas con las tuyas propias. De pronto sentiste tus pulmones cerrarse y te invadió el panico, caminaste lo mas rapido posible hasta el baño evitando agitarte para no respirar bruscamente y buscaste entre tus cosas el puff que te había dado el medico despues de tu primer ataque. La tercera vez que presionaste, sentiste que no salía más, se te había terminado pero por lo menos había alcanzado para calmarte esta vez. Anotaste mentalmente comprar uno nuevo y fuiste a tu habitación con tu hijo ya dormido entre tus brazos. Te recostaste en la cama y volviendo a la realidad lloraste como lo hacías ya últimamente todos los días antes de dormir, hasta que el cansancio te venció y cerrando los ojos te abandonaste al sueño.
* * *
Para amarte necesito una razón
y es difícil creer que no exista
una más que este amor
sobra tanto dentro de este corazón
que a pesar de que dicen
que los años son sabios
todavia se siente el dolor
porque todo el tiempo que pasé junto a ti
dejo tejido su hilo dentro de mi
y es difícil creer que no exista
una más que este amor
sobra tanto dentro de este corazón
que a pesar de que dicen
que los años son sabios
todavia se siente el dolor
porque todo el tiempo que pasé junto a ti
dejo tejido su hilo dentro de mi
-Peter.- Era el decimo mensaje que le dejabas.- Soy yo. Lali. Yo se que no me debería haber portado como lo hice, enserio. Pero ya llevan tres días desde que te fuiste y no has llamado y Santi te extraña... y yo te extraño. Y me preocupa no saber donde estas. Podemos arreglar esto Peter, mi amor, yo se que podemos. Porfavor...vuelve. Te amo.- Y cortaste la llamada cuando la primera alumna entró al estudio.
-Hola tía.- Dijo la pequeña de pelo castaño y nariz respingada que entraba a el salón.
-Hola Sofi, como estas.- Y sonreiste para ocultar las lagrimas.
De a poco fueron llegando tus demás alumnas y comenzaste la clase. Les enseñaste ballet clasico ese día, y para el final de la hora estabas extrañamente agotada.
-Tía Lali, ¿Nos podes bailar una canción antes de terminar?- Preguntó una pequeña rubiecita que había empezado hacía apenas un par de semanas.
-¡Si, porfavor!- Corearon las demás, obligandote a aceptar a pesar de que ya no te sentías bien. Revisaste tu compratimiento de discos para buscar alguna canción que te gustara y encontraste un cd sin nombre que no recordabas tener. Curiosa lo pusiste en el reproductor y la melodiosa voz de Shakira llenó el ambiente. Pasaste canción tras canción, hasta llegar a la numero cinco y automaticamente te detuviste cuando tu mente reocnoció las notas que hacía años no escuchabas.
-¡Esta!- Gritó una de las pequeñas.- ¡Mi mamá la canta mucho! ¡Tía Lali bailanos esta!-
Cerraste tus ojos, sentías tu corazón hinchado, pero igualmente asentiste una vez con la cabeza.
No pido que todos los días sean de sol, no pido que todos los viernes sean de fiesta.
No pudiste evitar soltar lagrimas mientras comenzabas a mover tus caderas y el recuerdo de Juan Pedro filmandote golpeó bruscamente tu memoria. Cerraste los ojos y te abandonaste a la sensación que te causó verlo por primera vez, su primer café juntos, cuando de a poco se volvió tu mejor amigo. Ya no eras conciente de tus movimientos, pero si de tus sentimientos, alejandote de el dolor que sentías repentinamente en los musculos. Creías tu corazón iba a explotar de emoción cuando recordaste su primer beso, cuando rememoriaste su primera vez juntos, y de pronto y sin avisar, lo sentiste estallar y golpear tus pulmones quitandote el aliento. Intentaste volver a hacerlo funcionar, pero no se podía. Te sentías rota, y ya no te importaba tanto el hecho de que estabas cayendo al suelo frente a la mirada aterrorizada de tus alumnas, ni el hecho de que a tus pulmones ya no entraba aire y de que perdías la conciencia de a poco, como te importaba le hecho de no perder el recuerdo de Juan Pedro que sentías se deslizaba lentamente de tus dedos, como él lo había hecho hacía tres días. Tu corazón estaba disperso por tu enterior y dejaste que la oscuridad te envolviera y te arrastrara con ella, sin encontrar razones para salir a flote. De pronto tu interior te reclamó a gritos que si había algo y alguien por que luchar. Tenías un hijo al que no podías dejar solo y así conseguiste evitar que tu corazón se detuviera, pero no pudiste hacer volver el aire a tus pulmones, no esta vez.
* * *
y aprendí a quitarle al tiempo
los segundos tú mi hiciste
ver el cielo aún más profundo junto
a ti creo que aumenté más de
3 kilos con tus tantos
dulces besos repartidos
los segundos tú mi hiciste
ver el cielo aún más profundo junto
a ti creo que aumenté más de
3 kilos con tus tantos
dulces besos repartidos
...Te amo. Escuchaste el mensaje por doceaba vez, sin encontrar todavía el valor para llamarla. Ni un rayo de sol se filtraba por la persiana del pequeño motel en el que estabas, ironico pues con ella parecía haberse ido la luz. Y de nuevo no entendías porque no la llamabas, si tanto la necesitabas. ¿Por orgullo? No, porque ni tu orgullo podía con el vacío de tu pecho. Tal vez era por miedo a enfrentar las cosas, porque aunque no la vieras al menos seguían casados y ella era tuya, solamente tuya. Ademas, extrañabas a Santino horrores, pero en cambio, si te aparecías por ahí...
-Parece que no llegaremos tan lejos esta vez.-
Y tu no podías permitir alejarla a ella y a tu hijo de tu vida cuando se habían vuelto para tí tan necesarios como el aire. ¿Y no era eso acaso lo que estabas haciendo, escapandote en un motel barato? Te sentías estupido y sabías que debías llamarla. El mensaje era de hace ya seis horas, pero tu cobardía no te había dejado encender el telefono movil hasta ahora. Recordste el libro que leías el día en que tocó a tu puerta empapada, hacía ya cuatro años. La tregua si tu memoria no estaba mal, y recordaste que no querías terminar como el personaje principal, solo, amargado y sin una pasión por la que vivir, por lo que te levantaste de esa cama, abriste las persianas y dejaste que la luz entrara en todo su esplendor. Lo segundo que hiciste fue ponerte tu remera, la misma de hacía tres días, y el par de pantalones, para luego tomar las llaves del auto y salir por esa puerta. Intentabas no pensar demasiado porque sabías que si lo meditabas un poco más, te arrepentirías y volverías allí dentro, y no te podías permitir eso cuando tu hijo y tu mujer no te veían hacía ya tres días. Estabas en un semaforo en rojo cuando tu celular sonó y lo contestaste sin identificar la llamada, ansioso de que fuera ella.
-¿Lali? Perdon por todo, yo...-
-Soy Candela, Peter. No vayas a casa, yo estoy con Santino.- Guardo silencio mientras tu sin entender pisabas el acelerador.- Pasó algo con Lali. Perdió la conciencia, está en el hospital.-
dessarollaste mi sentido
del olfato y fué por ti que
aprendí a querer los gatos
-Soy un imbesil, un imbesil.- Cabeza apoyada contra la pared y hombros bajos, cual perdedor.- Un imbesil.-
-Eh Pedro, no eres un...-
-Si, si que lo soy Ro. Desperdicié tres días con ella... ¿Y si no....?-
-¡No! Te prohíbo pensar así, ella estará bien, tal vez solo sea por el estrés, o...-
-¿O todos los problemas que yo le causo? Es mi culpa Rochi, mi culpa.- Hundiste tu cabeza en su hombro y ella te apretó mas fuerte.
-Nunca digas que es tu culpa, porque no lo es.- El llanto de tu hijo siguió a sus palabras.
-Peter, ¿Queres tener a Santi un rato? A mi ya no me quiere, creo que quiere a su ma...- Candela cerró la boca antes de continuar con sus palabras rasposas.
-Si, yo lo tengo.- Limpiaste un par de lagrimas y tomaste a tu hijo, apretandolo con fuerza contra tu pecho, como si eso fuera a devolverte a Lali, o al menos a hacer que el pequeño dejara de llorar.- Dale Santi, shh. No me hagas llorar a mi también, dale...- Le diste un beso en la cabeza mientras caminabas lentamente de un lado a otro, intentando poner tu mente en otra cosa.
-Peter, llevalo afuera. Talvez sea que no soporta las luces del hospital, Joaco siempre llora cuando venimos.- Sugirío Agustín, que ya parecía la madre de tu pobre sobrinito. Pero de todos modos decidiste salir, para despejar un poco tu mente. Caminaste por los pasillos para encontrar la pequeña cafetería que sabías que tenía una terraza en la que podrías estar más tranquilo. En algún momento del camino, Santi se había quedado completamente dormido y te comenzabas a sentir solo, con lo que aumentaban las ganas de llorar. Ya llevabas tres días solo, no necesitabas otro más. Decidiste que saldrías, tomarías un poco de aire fresco, quizás un café a la rapida y luego volverías a acompañar a tus amigos.
despegaste del cemento
mis zapatos para escapar
los dos volando un rato.
Al final terminaste quedandote un poco más de lo planeado en la pequeña terraza, no te habías dado cuenta de como te había faltado el aire allí dentro y de como la luz había echo arder tus ojos por encima de las lagrimas. Decidiste no despertar a tu hijo, lo metiste en el coche de nuevo y subiste por el ascensor. Miraste la hora y calculaste que debían de haber pasado unos 40 minutos desde que abandonaste la sala de espera y te apresuraste un poco más en volver, ansioso por saber si había pasado algo, esperabas que no. Al entrar de nuevo en la blanca habitación, por unos segundos te cegó completamente la luz artificial y entendiste porque Santino lloraba tanto. Pero en cuanto se aclaró tu vista, el paisaje no era lo que esperabas. Solo estaban Pablo y Nicolás, el primero lloraba sobre el hombro del segundo, que notoramente intentaba no quebrarse.
-Que...- Las palabras no salieron de tu sistema, el aire se había desvanecido de tus pulmones.- Lali...- Nicolás te miró nervioso, pero no habló.- Que pasó, diganme que pasó.- Pero ni uno de los dos se dignaba a responder.
-Lali se despertó.- La voz fria y sin emociones de Agustín contrarrestaba completamente con las grandes noticias que te estaban dando. ¿Porque lloraban entonces?
-¿Despertó? ¡Despertó! ¿Hace cuanto, donde está? ¿Ahí?- Señalabas la puerta de las habitaciones como un niño, aguantando las ganas de no saltar de emoción y ansiedad.
-Hace como veinte minutos, pero...- No pudo detenerte, ya que en el momento en que se abrió una de las puertas y de allí salieron las tres grandes amigas de Mariana, te abalanzaste a la habitación sin percatarte en que las tres lloraban desconsoladas.
-¡Lali, mi amor!- La encontraste sentada a duras penas sobre su cama, conectada a miles de cables que hacían ruidos extraños, estaba palida y con grandes ojeras moradas bajo sus ojos. Se te quebró el corazón al verla tan fragil ahí, entra tantas maquinas. Se veía notablemente demacrada, pero para tus ojos siempre perfecta.- Perdoname, porfavor. Fuí un tonto yo... No me odies, te amo, te amo.- Te subiste a su cama, frente a ella y de rodillas, cuidadoso de no aplastar nada de su perfecto cuerpo.
-No pasa nada mi amor ¿Como te voy a odiar? Eres mi esposo, yo... No contestabas mis mensajes y creí que te habías ido y que no volverías, no...- Hablaba con un extraño tono en la voz que nunca habías escuchado, situado entre la calma y el llanto.
-Yo no se porque me fuí, desperdicié tres días junto a vos y...- Tus últimas palabras parecieron causarle dolor fisico, y te detuviste temeroso de haber dicho algo mal. Pero repasabas tus palabras y no entendías que podrías haber dicho para causarle esa mueca de dolor y lagrimas en los ojos.- ¿Que pasó?-
-No...claro.... no sabes ¿Cierto?- El dolor en sus ojos fue reemplazado por una ternura sobrecogedora. Todo parecía extrañamente dramatico en esos momentos. Pero de repente sonrió.- Por lo menos ahora se que viniste por que me amas.- Y se acercó para besar tus labios. Y tu claro que respondiste, tal vez con demasiado enfasis para su estado, pero la necesitabas. En tu cabeza rondaba la duda sobre de que podía haber estado hablando, que cosa no sabías, y otra pequeña parte intentaba descifrar su inquetante estado de animo, pero lo demás estaba concentrado pura y exclusivamente en sus labios y en tenera de nuevo junto a tí. Te sepparaste de a poco y depositaste un beso suave en su mejilla.
-¿Que cosa no se chiquita?- Retomaste la conversación acariciando su mejilla, con cuidado, como si pudieras romperla.
-Me diagnosticaron...- Hablaba con cuidado, como si la noticia pudiera afectarte más a tí que a ella.- Me diagnosticaron una enfermedad Peter...- El mundo pareció perder claridad a tu alrededor y sentiste tus musculos doler de tensión.
-¿Co..como es eso?- Te costaba hablar, como si te hubieras paralizado.
-¿Te acordás esa vez, el año pasado, cuando tuve un colapso parecido a este? Bueno, es lo mismo. Al parecer llevo ya un par de años sin darme cuenta de nada... pero parece que la enfermedad no esta tan avanzada... todavía hay posibilidades...- La sentías temblar con violencia, pero no lloraba. Pero tu apenas notabas nada de esto, pues dentro tuyo todo parecía revolverse y estrujarse como si te pegaran patadas en el estomago.
-¿Posibilidades de... de que? ¿Lali que tenés?- Tal vez fuiste brusco al preguntar, pero tus acciones ya no eran tuyas, tu te habías apagado en algún momento de la conversación. Ella suspiró y tomo tus dos manos con cuidado.
-Me diagnosticaron Cancer de Pulmón, mi amor.- Te sostuvo fuerte entre sus brazos cuando derrumbado tambaleaste sobre tu propio peso, y no lloró a pesar de que tu lo hacías como un niño. Años despues admirarías es fuerza de voluntad que tuvo para que no cayeran ambos.
-Cuando... c-como... mi amor no... no, no puede ser, yo.... tu...- El dolor y el miedo reinaban tu interior, dos reyes que controlaban todo tu cuerpo.
-Ya sospechaba algo, hace un par de días, pero yo... tu... estabamos peliados y... despues tuve un colapso y cuando desperte... lo confirmaron.- Paso sus manos por tu pelo, sin llorar aún. No recuerdas ya cuanto tiempo estuviste llorando entre sus brazos, mientras ella te consolaba cuando sabías perfectamente que la situación debía de ser contraria.
-Mi amor, no voy a dejar que te pase nada, lo prometo. Lo juro.- Te limpiaste las lagrimas y la nariz, y apoyaste tu frente contra la tuya.
-Peter... si yo llegara a... si no pudiera...- Su voz se quebró por primera vez ese día.
-¡No! No digas eso. Vamos a aguantar esto juntos. ¿Quimoterapia no? Bueno, yo estaré ahí, a cada paso. No te voy a dejar sola, nunca más. Nunca más.- Besaste sus labios temblorosos y en algún momento del beso ella rompió en llanto.
-Tengo... tengo mucho miedo Peter...- Su carita estaba humeda por las lagrimas.
-No tengas miedo, no estas sola. Nunca estarás sola. Te amo.-
-Te amo, te amo.- Y su llanto continuó entre tus brazos, hasta que rendida se quedó dormida.
pero olvidaste una final
instruccion porque aún
no sé como vivir sin tu amor.
Necesito pedirles perdón por dos cosas.
La primera es por la demora en subir, soy una lenta pero cada día se me pone mas dificil combinar con los horarios de estudio.
Segundo, que el capitulo es cotrísimo y ustedes se merecen el doble de largos, pero no podía agregar nada más, lo lamento.
Aparte de eso ¡Queda solo un capitulo! Wow. Muchas gracias por el aguante enserio, son las mejores lectoras del mundo. ¡Gracias, muchísimas gracias!
Sofía.
Pd. Se que el capitulo es triste ¡Perdón también por eso!