jueves, 19 de mayo de 2011

En siete años (minific)~ Capitulo 6 'Dolor'

Capitulo seis; Año seis.

'Dolor'



-¡Vas a despertar a Santino!- Intentase hablar lo más bajo posible para apaciguar la situación, pero como pasaba últimamente en cada pelea el no te hizo caso.
-¿Ahora te preocupas por Santino no?- Tu sabías que no era por Santino el problema, era algo más, algo que se había roto.
-¡Si, me preocupo!- Te giraste para enfrentarlo con los puños a los costados, te dolía pelear con él, y para ese punto las peleas se habían vuelto diarias.
-Ah, claro. Te preocupas, ovio.- Usaba ese tono sinico que sabía perfectamente tu odiabas, solo para irritarte.- ¿Y desde cuando una madre 'preocupada' sale hasta estas horas, Mariana?-
-Porfavor Juan Pedro, ¿No podés cuidar de tu hijo solo una noche? ¡Yo lo cuido los 365 días del año!-
-¿Tenés una idea de cuanto rato estuve esperandote? ¡Me preocupe!- Creiste ver una grieta en su defensiva cuando te miró a los ojos visiblemente triste, pero rapidamente grió la cabeza.- Sos una irresponsable.-
Apoyó sus manos en la encimera que había a su espalda, cansado. Tu sabías que a él le dolía tanto como a tí, pero su orgullo no les permitía perder la pelea, a ninguno.
-¡No sos mi papá, no te debo explicaciones de lo que haga o deje de hacer!- Sabías que el tenía razón, que había sido un error tuyo, pero lo que habías hecho lo habías hecho por pura venganza a su creciente frialdad y no estabas en las de admitirlo.
-¡Soy tu esposo! ¿O ya se te olvido que estamos casados y tenemos un hijo? ¡Y es hasta que la muerte nos separe!- Y por primera vez, los dos guardaron silencio.
-Parece que no llegaremos tan lejos esta vez.- Dijiste bajando la mirada, sin poder aguantar más las lagrimas. Él no respondió.- ¿Sabes que me enoja? Que últimamente siento que ya no eres el mismo, es como si hubiera perdido a mi esposo, a mi mejor amigo.-
-¿Yo no soy el mismo? ¡No tenés como saberlo, si ya ni te veo!- Y de nuevo se levantaban las voces.- ¡Nunca estás!-
-¡Sera porque trabajo para mantenernos, Juan Pedro!-
-Yo también trabajo, y paso más tiempo que vos en esta casa. Ademas, ¿Desde cuando tu trabajo incluye salir con Eugenia hasta estas horas? ¡Yo también quiero trabajar así entonces!-
-Sos un inmaduro.- Giraste la cabeza y te dejaste caer en el sillón, porque tus pies temblaban.- ¡Yo hago lo que me de la gana! ¡Salgo para no tener que verte!- Eso último se te escapo, pero no era del todo mentira. Últimamente cuando llegaba la hora de volver a casa, no era alegría precisamente lo que sentías, era mas una especie de miedo de saber que algo iba a salir mal.
-¡Ah bueno! Si estoy tan insoportable entonces, ¿Porque no te vas de nuevo?- Gritó dolido por tu respuesta.
Lo miraste con odio. La semana pasada te habías tenido que ir a dormir donde Rocío y Pablo cuando la situación en tu casa se había vuelto insostenible.
-¡Tal vez sea buena idea!- El llanto de tu hijo interumpió momentaneamente la discución.- ¿Ves lo que hacés? ¡No podes controlar tus gritos, por dios!- Le gritaste, que mas daba si Santi ya se habia despertado.
-¿Sabes? No te vayas, soy yo el que se va esta vez.- Dicho eso, tomó sus llaves y su abrigo del perchero y se fue pegando un portazo, dejandote allí, sola.
¿Como habían llegado a esto? El era el amor de tu vida, y lo amabas, pero ya no era como antes. Ya nada era como antes.
-Sh, Santi.- Lo tomaste entre tus brazos y lo apretaste contra tí, mesclando sus lagrimas con las tuyas propias. De pronto sentiste tus pulmones cerrarse y te invadió el panico, caminaste lo mas rapido posible hasta el baño evitando agitarte para no respirar bruscamente y buscaste entre tus cosas el puff que te había dado el medico despues de tu primer ataque. La tercera vez que presionaste, sentiste que no salía más, se te había terminado pero por lo menos había alcanzado para calmarte esta vez. Anotaste mentalmente comprar uno nuevo y fuiste a tu habitación con tu hijo ya dormido entre tus brazos. Te recostaste en la cama y volviendo a la realidad lloraste como lo hacías ya últimamente todos los días antes de dormir, hasta que el cansancio te venció y cerrando los ojos te abandonaste al sueño.

* * *

Para amarte necesito una razón
y es difícil creer que no exista
una más que este amor
sobra tanto dentro de este corazón
que a pesar de que dicen
que los años son sabios
todavia se siente el dolor
porque todo el tiempo que pasé junto a ti
dejo tejido su hilo dentro de mi


-Peter.- Era el decimo mensaje que le dejabas.- Soy yo. Lali. Yo se que no me debería haber portado como lo hice, enserio. Pero ya llevan tres días desde que te fuiste y no has llamado y Santi te extraña... y yo te extraño. Y me preocupa no saber donde estas. Podemos arreglar esto Peter, mi amor, yo se que podemos. Porfavor...vuelve. Te amo.- Y cortaste la llamada cuando la primera alumna entró al estudio.
-Hola tía.- Dijo la pequeña de pelo castaño y nariz respingada que entraba a el salón.
-Hola Sofi, como estas.- Y sonreiste para ocultar las lagrimas.
De a poco fueron llegando tus demás alumnas y comenzaste la clase. Les enseñaste ballet clasico ese día, y para el final de la hora estabas extrañamente agotada.
-Tía Lali, ¿Nos podes bailar una canción antes de terminar?- Preguntó una pequeña rubiecita que había empezado hacía apenas un par de semanas.
-¡Si, porfavor!- Corearon las demás, obligandote a aceptar a pesar de que ya no te sentías bien. Revisaste tu compratimiento de discos para buscar alguna canción que te gustara y encontraste un cd sin nombre que no recordabas tener. Curiosa lo pusiste en el reproductor y la melodiosa voz de Shakira llenó el ambiente. Pasaste canción tras canción, hasta llegar a la numero cinco y automaticamente te detuviste cuando tu mente reocnoció las notas que hacía años no escuchabas.
-¡Esta!- Gritó una de las pequeñas.- ¡Mi mamá la canta mucho! ¡Tía Lali bailanos esta!-
Cerraste tus ojos, sentías tu corazón hinchado, pero igualmente asentiste una vez con la cabeza.
No pido que todos los días sean de sol, no pido que todos los viernes sean de fiesta.
No pudiste evitar soltar lagrimas mientras comenzabas a mover tus caderas y el recuerdo de Juan Pedro filmandote golpeó bruscamente tu memoria. Cerraste los ojos y te abandonaste a la sensación que te causó verlo por primera vez, su primer café juntos, cuando de a poco se volvió tu mejor amigo. Ya no eras conciente de tus movimientos, pero si de tus sentimientos, alejandote de el dolor que sentías repentinamente en los musculos. Creías tu corazón iba a explotar de emoción cuando recordaste su primer beso, cuando rememoriaste su primera vez juntos, y de pronto y sin avisar, lo sentiste estallar y golpear tus pulmones quitandote el aliento. Intentaste volver a hacerlo funcionar, pero no se podía. Te sentías rota, y ya no te importaba tanto el hecho de que estabas cayendo al suelo frente a la mirada aterrorizada de tus alumnas, ni el hecho de que a tus pulmones ya no entraba aire y de que perdías la conciencia de a poco, como te importaba le hecho de no perder el recuerdo de Juan Pedro que sentías se deslizaba lentamente de tus dedos, como él lo había hecho hacía tres días. Tu corazón estaba disperso por tu enterior y dejaste que la oscuridad te envolviera y te arrastrara con ella, sin encontrar razones para salir a flote. De pronto tu interior te reclamó a gritos que si había algo y alguien por que luchar. Tenías un hijo al que no podías dejar solo y así conseguiste evitar que tu corazón se detuviera, pero no pudiste hacer volver el aire a tus pulmones, no esta vez.

* * *

y aprendí a quitarle al tiempo
los segundos tú mi hiciste
ver el cielo aún más profundo junto
a ti creo que aumenté más de
3 kilos con tus tantos
dulces besos repartidos



...Te amo. Escuchaste el mensaje por doceaba vez, sin encontrar todavía el valor para llamarla. Ni un rayo de sol se filtraba por la persiana del pequeño motel en el que estabas, ironico pues con ella parecía haberse ido la luz. Y de nuevo no entendías porque no la llamabas, si tanto la necesitabas. ¿Por orgullo? No, porque ni tu orgullo podía con el vacío de tu pecho. Tal vez era por miedo a enfrentar las cosas, porque aunque no la vieras al menos seguían casados y ella era tuya, solamente tuya. Ademas, extrañabas a Santino horrores, pero en cambio, si te aparecías por ahí...

-Parece que no llegaremos tan lejos esta vez.-

Y tu no podías permitir alejarla a ella y a tu hijo de tu vida cuando se habían vuelto para tí tan necesarios como el aire. ¿Y no era eso acaso lo que estabas haciendo, escapandote en un motel barato? Te sentías estupido y sabías que debías llamarla. El mensaje era de hace ya seis horas, pero tu cobardía no te había dejado encender el telefono movil hasta ahora. Recordste el libro que leías el día en que tocó a tu puerta empapada, hacía ya cuatro años. La tregua si tu memoria no estaba mal, y recordaste que no querías terminar como el personaje principal, solo, amargado y sin una pasión por la que vivir, por lo que te levantaste de esa cama, abriste las persianas y dejaste que la luz entrara en todo su esplendor. Lo segundo que hiciste fue ponerte tu remera, la misma de hacía tres días, y el par de pantalones, para luego tomar las llaves del auto y salir por esa puerta. Intentabas no pensar demasiado porque sabías que si lo meditabas un poco más, te arrepentirías y volverías allí dentro, y no te podías permitir eso cuando tu hijo y tu mujer no te veían hacía ya tres días. Estabas en un semaforo en rojo cuando tu celular sonó y lo contestaste sin identificar la llamada, ansioso de que fuera ella.

-¿Lali? Perdon por todo, yo...-

-Soy Candela, Peter. No vayas a casa, yo estoy con Santino.- Guardo silencio mientras tu sin entender pisabas el acelerador.- Pasó algo con Lali. Perdió la conciencia, está en el hospital.-


dessarollaste mi sentido
del olfato y fué por ti que
aprendí a querer los gatos



-Soy un imbesil, un imbesil.- Cabeza apoyada contra la pared y hombros bajos, cual perdedor.- Un imbesil.-

-Eh Pedro, no eres un...-

-Si, si que lo soy Ro. Desperdicié tres días con ella... ¿Y si no....?-

-¡No! Te prohíbo pensar así, ella estará bien, tal vez solo sea por el estrés, o...-

-¿O todos los problemas que yo le causo? Es mi culpa Rochi, mi culpa.- Hundiste tu cabeza en su hombro y ella te apretó mas fuerte.

-Nunca digas que es tu culpa, porque no lo es.- El llanto de tu hijo siguió a sus palabras.

-Peter, ¿Queres tener a Santi un rato? A mi ya no me quiere, creo que quiere a su ma...- Candela cerró la boca antes de continuar con sus palabras rasposas.

-Si, yo lo tengo.- Limpiaste un par de lagrimas y tomaste a tu hijo, apretandolo con fuerza contra tu pecho, como si eso fuera a devolverte a Lali, o al menos a hacer que el pequeño dejara de llorar.- Dale Santi, shh. No me hagas llorar a mi también, dale...- Le diste un beso en la cabeza mientras caminabas lentamente de un lado a otro, intentando poner tu mente en otra cosa.

-Peter, llevalo afuera. Talvez sea que no soporta las luces del hospital, Joaco siempre llora cuando venimos.- Sugirío Agustín, que ya parecía la madre de tu pobre sobrinito. Pero de todos modos decidiste salir, para despejar un poco tu mente. Caminaste por los pasillos para encontrar la pequeña cafetería que sabías que tenía una terraza en la que podrías estar más tranquilo. En algún momento del camino, Santi se había quedado completamente dormido y te comenzabas a sentir solo, con lo que aumentaban las ganas de llorar. Ya llevabas tres días solo, no necesitabas otro más. Decidiste que saldrías, tomarías un poco de aire fresco, quizás un café a la rapida y luego volverías a acompañar a tus amigos.


despegaste del cemento
mis zapatos para escapar
los dos volando un rato.




Al final terminaste quedandote un poco más de lo planeado en la pequeña terraza, no te habías dado cuenta de como te había faltado el aire allí dentro y de como la luz había echo arder tus ojos por encima de las lagrimas. Decidiste no despertar a tu hijo, lo metiste en el coche de nuevo y subiste por el ascensor. Miraste la hora y calculaste que debían de haber pasado unos 40 minutos desde que abandonaste la sala de espera y te apresuraste un poco más en volver, ansioso por saber si había pasado algo, esperabas que no. Al entrar de nuevo en la blanca habitación, por unos segundos te cegó completamente la luz artificial y entendiste porque Santino lloraba tanto. Pero en cuanto se aclaró tu vista, el paisaje no era lo que esperabas. Solo estaban Pablo y Nicolás, el primero lloraba sobre el hombro del segundo, que notoramente intentaba no quebrarse.

-Que...- Las palabras no salieron de tu sistema, el aire se había desvanecido de tus pulmones.- Lali...- Nicolás te miró nervioso, pero no habló.- Que pasó, diganme que pasó.- Pero ni uno de los dos se dignaba a responder.

-Lali se despertó.- La voz fria y sin emociones de Agustín contrarrestaba completamente con las grandes noticias que te estaban dando. ¿Porque lloraban entonces?

-¿Despertó? ¡Despertó! ¿Hace cuanto, donde está? ¿Ahí?- Señalabas la puerta de las habitaciones como un niño, aguantando las ganas de no saltar de emoción y ansiedad.

-Hace como veinte minutos, pero...- No pudo detenerte, ya que en el momento en que se abrió una de las puertas y de allí salieron las tres grandes amigas de Mariana, te abalanzaste a la habitación sin percatarte en que las tres lloraban desconsoladas.

-¡Lali, mi amor!- La encontraste sentada a duras penas sobre su cama, conectada a miles de cables que hacían ruidos extraños, estaba palida y con grandes ojeras moradas bajo sus ojos. Se te quebró el corazón al verla tan fragil ahí, entra tantas maquinas. Se veía notablemente demacrada, pero para tus ojos siempre perfecta.- Perdoname, porfavor. Fuí un tonto yo... No me odies, te amo, te amo.- Te subiste a su cama, frente a ella y de rodillas, cuidadoso de no aplastar nada de su perfecto cuerpo.

-No pasa nada mi amor ¿Como te voy a odiar? Eres mi esposo, yo... No contestabas mis mensajes y creí que te habías ido y que no volverías, no...- Hablaba con un extraño tono en la voz que nunca habías escuchado, situado entre la calma y el llanto.

-Yo no se porque me fuí, desperdicié tres días junto a vos y...- Tus últimas palabras parecieron causarle dolor fisico, y te detuviste temeroso de haber dicho algo mal. Pero repasabas tus palabras y no entendías que podrías haber dicho para causarle esa mueca de dolor y lagrimas en los ojos.- ¿Que pasó?-

-No...claro.... no sabes ¿Cierto?- El dolor en sus ojos fue reemplazado por una ternura sobrecogedora. Todo parecía extrañamente dramatico en esos momentos. Pero de repente sonrió.- Por lo menos ahora se que viniste por que me amas.- Y se acercó para besar tus labios. Y tu claro que respondiste, tal vez con demasiado enfasis para su estado, pero la necesitabas. En tu cabeza rondaba la duda sobre de que podía haber estado hablando, que cosa no sabías, y otra pequeña parte intentaba descifrar su inquetante estado de animo, pero lo demás estaba concentrado pura y exclusivamente en sus labios y en tenera de nuevo junto a tí. Te sepparaste de a poco y depositaste un beso suave en su mejilla.

-¿Que cosa no se chiquita?- Retomaste la conversación acariciando su mejilla, con cuidado, como si pudieras romperla.

-Me diagnosticaron...- Hablaba con cuidado, como si la noticia pudiera afectarte más a tí que a ella.- Me diagnosticaron una enfermedad Peter...- El mundo pareció perder claridad a tu alrededor y sentiste tus musculos doler de tensión.

-¿Co..como es eso?- Te costaba hablar, como si te hubieras paralizado.

-¿Te acordás esa vez, el año pasado, cuando tuve un colapso parecido a este? Bueno, es lo mismo. Al parecer llevo ya un par de años sin darme cuenta de nada... pero parece que la enfermedad no esta tan avanzada... todavía hay posibilidades...- La sentías temblar con violencia, pero no lloraba. Pero tu apenas notabas nada de esto, pues dentro tuyo todo parecía revolverse y estrujarse como si te pegaran patadas en el estomago.

-¿Posibilidades de... de que? ¿Lali que tenés?- Tal vez fuiste brusco al preguntar, pero tus acciones ya no eran tuyas, tu te habías apagado en algún momento de la conversación. Ella suspiró y tomo tus dos manos con cuidado.

-Me diagnosticaron Cancer de Pulmón, mi amor.- Te sostuvo fuerte entre sus brazos cuando derrumbado tambaleaste sobre tu propio peso, y no lloró a pesar de que tu lo hacías como un niño. Años despues admirarías es fuerza de voluntad que tuvo para que no cayeran ambos.

-Cuando... c-como... mi amor no... no, no puede ser, yo.... tu...- El dolor y el miedo reinaban tu interior, dos reyes que controlaban todo tu cuerpo.

-Ya sospechaba algo, hace un par de días, pero yo... tu... estabamos peliados y... despues tuve un colapso y cuando desperte... lo confirmaron.- Paso sus manos por tu pelo, sin llorar aún. No recuerdas ya cuanto tiempo estuviste llorando entre sus brazos, mientras ella te consolaba cuando sabías perfectamente que la situación debía de ser contraria.

-Mi amor, no voy a dejar que te pase nada, lo prometo. Lo juro.- Te limpiaste las lagrimas y la nariz, y apoyaste tu frente contra la tuya.

-Peter... si yo llegara a... si no pudiera...- Su voz se quebró por primera vez ese día.

-¡No! No digas eso. Vamos a aguantar esto juntos. ¿Quimoterapia no? Bueno, yo estaré ahí, a cada paso. No te voy a dejar sola, nunca más. Nunca más.- Besaste sus labios temblorosos y en algún momento del beso ella rompió en llanto.

-Tengo... tengo mucho miedo Peter...- Su carita estaba humeda por las lagrimas.

-No tengas miedo, no estas sola. Nunca estarás sola. Te amo.-

-Te amo, te amo.- Y su llanto continuó entre tus brazos, hasta que rendida se quedó dormida.


pero olvidaste una final
instruccion porque aún
no sé como vivir sin tu amor.


Necesito pedirles perdón por dos cosas.
La primera es por la demora en subir, soy una lenta pero cada día se me pone mas dificil combinar con los horarios de estudio.
Segundo, que el capitulo es cotrísimo y ustedes se merecen el doble de largos, pero no podía agregar nada más, lo lamento.
Aparte de eso ¡Queda solo un capitulo! Wow. Muchas gracias por el aguante enserio, son las mejores lectoras del mundo. ¡Gracias, muchísimas gracias!
Sofía.
Pd. Se que el capitulo es triste ¡Perdón también por eso!

miércoles, 11 de mayo de 2011

En siete años (minific)~ Capitulo 5 'Amor'

Capitulo 5, año cinco.

'Amor'



-Algo antiguo... listo.- Sentenció Rocío mientras rodeaba tu cintura con la hermosa cinta blanco invierno que había adornado el vestido de tu madre, y que ahora adornaba el tuyo.

-Algo prestado, también.- Dijo Candela como si estuvieran pasando lista, y tu reiste pensando en la ropa interior de encaje que llevabas para tu noche de bodas que tu mejor amiga tan amablemente te había prestado.

-Y algo azúl.- Sonrió Eugenia mientras te daba el par de aros azul claro para tus orejas, toque final.

Te giraste para sonreirle al espejo, nerviosa. Posaste las manos en tu estomago de ya seis meses y respiraste hondo, para aplacar los latidos de tu corazón. A veces, y aunque suene ridiculo, sentías tu corazón latir tan fuerte que te daba miedo que a tu pequeño hijo le molestara. Candela posó su mano junto a la tuya y sonrió.

-Estas hermosa Mariana.- Dejó un beso en tu mejilla y posó su mirada en el espejo. Eugenia se unió a ustedes conmovida.

-No llores Eu...- Pusiste tu mano en su mejilla, aun mirando el reflejo de las tres.

-Para mi matrimonio... están todas obligadas a llorar.- Amenazó Rochi con voz conmovida mientras las apretaba un poco para caber también frente al espejo y estiraba su mano frente a todas, para enseñar el gran anillo que reposaba en su dedo indice.

-No...- La mona se tapó la boca con ambas manos. Eugenia soltó un grito emocionada.

-¡Rocío!- Te despegaste de las otras para abrazar a tu amiga.- ¿Cuando pasó?-

-Anoche.- Sonrió ella recibiendo el abrazo de las otras dos.

-¿Y porqué no nos dijiste antes?- Eugenia se limpió las lagrimas.

-Porque era el día de Lali, y creo que entre tanto preparativo lo olvidé.- Jugaba con el anillo de oro entre sus dedos.

-Felicidades.- Dijiste intentando aguantar la emoción para que no se corriera el maquillaje.- Pablo te va a hacer muy felíz.-

-Si lo sé.- Sonrio con ternura.- Pero olvidemonos de mí, ya lo dije, hoy es el día de Lali.- Rocío dio un saltito animada y se arregló un poco el largo vestido color burdeo y suelto que llevaba atado con un lazo a la cintura. Volvieron a colocarse frente al espejo las cuatro y se sonrieron mutuamente. Agradeciste al cielo tenerlas como amigas.

-¡Lali, en diez minutos!- Gritó alguien que no reconociste del otro lado de la puerta, logrando que tu cuerpo se tensara por completo y tus amigas comenzaran a moverse como locas por la habitación, terminando de arreglarlo todo.

En Peter, piensa en Peter te dijiste para calmar tu corazón, y revolviste tu cabeza hasta encontrar un recuerdo para revivir y dejar de pensar.

Flashback


-Casate conmigo.- Dijo, sin ningún deje de risa en la voz.

No respondiste enseguida. Simplemente lo miraste como si estuviera loco.

-Peter yo...- Respiraste hondo, sin siquiera pestañear. El te miraba expectante, serio.- Yo...- Pero las palabras no salían.

-Es verdad. Perdoname.- Se levantó del suelo rapido, como si hubiera cambiado de opinion.- Fue un impulso, no tengo ni si quiera un anillo.- Se levantó y paso una mano por su pelo.- Pero quiero tener a ese hijo contigo, de verdad.-

Asentiste con la cabeza. Hubo un minuto completo de puro silencio.

-Te importa si...-La voz te salía a penas, por lo que te la aclaraste para continuar.- ¿Si me quedo un rato sola? Tengo que ordenar este desastre y... calmarme.- Rompiste pidiendole perdón con los ojos.

-No, no importa chiquita.- Acaricío tu mejilla suavemente, y salio de allí, apresurado.

Te dejaste caer de espaldas en la cama en cuanto estuviste sola, era mucho para un día. Derrepente pasabas de hacerte cargo tu vida para pasar a hacerte cargo de una más. Esa vida nueva dependía de tí, de lo que tu pudieras darle, completa y exclusivamente de tu competencia. Caminaste al baño como en trance, a toda tu confusión se agregaba el hecho de que tu novio te había pedido matrimonio. En un impulso, pero lo había hecho. Te habías imaginado mil veces ese momento, te veías a tí un par de años mas grande, con un lindo vestido (no medio desnuda) y en un elegante restourant (y no en el desastre en el que habías convertido la habitación), y siempre te imaginaste diciendo que sí, nunca creiste que no podrías responder. Rogaste a los cielos que el no haya malinterpretado tu silencio, simplemente te había tomado completamente por sorpresa. Claro que habían hablado de casarse, pero tal vez en un año, o dos. Pero la venida de un bebé lo cambiaba todo. Llevaste las manos a tu abdomen impercetiblemente abultado aún frente al espejo, y te contemplaste. Embarazada repetías para tí misma. Lavaste tu cara y te tomaste el cabello. Embarazada.

Fin Flashback

Decidiste que era mejor no pensar, tus nervios no disminuían y tampoco creías que lo fueran a hacer en algún momento. Rocío tomo tu mano y se acercó nuevamente al espejo del cual no te alejabas simplemente por que tu pies no respondían.

-Te ves increible amiga.- Dijo mientras ambas admiraban tu maravilloso vestido de encaje blanco invierno sin espalda, que caía suavemente hasta el piso y le daba un toque especial a tu panza de embarazada. El pelo recogido en un moño alto con algunos bucles sueltos y el maquillaje suave te daban un aspecto parecido al de un angel.- ¿Ya saben como se va a llamar?- Preguntó señalando a tu hijo.

-No, aún no.- Respiraste hondo, intentando controlar nuevamente y en vano tu corazón.- Pensabamos en Bruno, o Simón. Talvez Santino...-

-Es hora.- Interrumpió Eugenia acercandote el ramo de flores. Tragaste con fuerza, sintiendote incapáz de siquiera mover una mano para alcanzar las orquideas que te tendían.

-¿Lista?- Candela te miró preocupada, como si pudieras arrepentirte. Asentiste despacio, te controlaste para no temblar mientras acomodabas las flores entre tus manos y saliste por la puerta.

-Lista.- Dijiste mientras la primera de tus amigas entraba por la larga alfombra.


* * *


-Dale Juan Pedro, nadie te va a matar.- Rió Agustín desde su silla.

-Si amigo, estás mas blanco que la pared.- Pablo que se encontraba a tu lado te palmeó el hombro. Dejaste entrar el aire a tus pulmones con fuerza y luego lo soltaste. Sacudiste tus extremidades para destensar tus musculos y te obligaste a la calma. Dirigiste una mirada general al publico presente, allí estaban tus padres, tu familia, tus amigos. También los amigos de Lali, y su prima Daniela, la unica familia que le quedaba.

-Está atrasada.- Dijiste nervioso.- ¿Y si se arrepintió?- Preguntaste hablando rapido, dirigiendo una mirada angustiada a Pablo.

-Que poco hombre Peter, la petisa te ama. No se va a arrepentir así como así. Mandaría a alguna de sus amigas a avisarte...- Intento consolarte infructuosamente Nicolás. Tu lo miraste cargado de odio y te hiciste sonar dos dedos.

¿Y si de verdad se arrepentía? Sabías que no deberías haberselo propuesto como lo habías hecho... pero ella había dicho que sí. ¿O no?

Flashback

Te encontrabas en el sillón terminando un libro que te había prestado Benjamín, La otra mujer de Roberto Ampuero, cuando al fín y despues de dos horas Lali salió de la habitación, ya aseada y vestida. Dejaste el libro a un lado y te acomodaste mejor a fin de dejarle espacio para que se sentara junto a tí. Afuera ya estaba oscuro, pero no brillaba ni una estrella.

-Perdón por la escena.- Se sentó a tu lado mientras pronunciaba esas palabras.- Yo... no supe como afrontarlo.-

-No te preocupes mi amor.- Pasaste una mano por su mejilla que amenazaba con desbordarse de nuevo.- No te preocupes.- La encerraste entre tus brazos y ella pasó sus manitos por tu cintura, hundiendo su cara en tu pecho. Se quedarón así largo rato, en silencio. Ella no se había dado cuenta, pero la habitación de había iluminado a penas ella entró en esta. Querías abordar el tema del matrimonio para que ella entendiera que no la estabas obligando a casarse con vos, y que tendrías este hijo con ella fuera tu esposa, tu novia, tu amiga, lo que fuera. Pero no encontrabas las palabras exactas para expresarselo. Empezabas a pensar que se había quedado dormida cuando apartó un poquito su carita algo mojada y te miró a los ojos. Justo cuando empezabas a armar frases coherentes en tu cabeza para explicarte bien, ella y para variar rompió tus esquemas.

-Si me quiero casar contigo.- Dijo de repente.

Fin flashback

Si, definitivamente había dicho que sí. No tenías porqué preocuparte. Ademas sí le habías dado un anillo despues de todo, nada muy grande porque ahorraban para el bebe, pero un anillo al fín y al cabo. ¿Y si a pesar de eso no venía? Entonces ¿Te devolvería el anillo o se lo quedaría? Tavéz podrías empeñarlo y comprar algo para el bebe... ¡El bebe! ¿Que harían con el bebe? ¿Custodia compartida? ¿Una semana con Lali y otra contigo? No, ademas Lali tendría que volver a su departamento (que era muy pequeño y no tenía espacio para nadie más que ella) y tu habías visto en Discovery Home & Healt que los bebes debían de permanecer los primeros meses con sus madres, porque ellas los alimentaban... Talvez podías convencerla de quedarse contigo hasta que ahorre para otro departamento, aunque sería incomodo... Y entonces te asaltó otra duda más. Si Lali te dejaba en plantado, ¿Que ibas a hacer tu con tu vida, si no estaba ella para alumbrarla?

Pero si estas dudas te parecieron ridiculas en su momento, las que te asaltaron cuando la musica comenzó a sonar y la gente tomó asiento, eran pateticas. Te sentías como un niño, pocas veces habías estado tan nervioso en tu vida. Primero entró Eugenia, caminaba sonriente y con la gracia que solo ella tenía. Luego Rocío, destilando su angel natural y por último, y cuando la marcha nupcial se hizo mas fuerte, apareció Candela, del brazo de Mariana, que sonreía como nunca, y tu sentiste como la iglesia se llenaba de luz. De pronto nada importaba, tu sonrisa era tan grande que la piel te tiraba, y tenías conciencia de que te brillaban los ojos de emoción, pero era imposible describir lo que sentiste en ese momento, estaba hermosa, radiante... no habían palabras. Tenías ganas de gritar al mundo que esa hermosa mujer a la que todos miraban era tuya, tuya y de nadie más. Tuya hace exactamente cinco años, dos meses y cuatro días, cuando entraste por 'casualidad' a ese estudio (estudio que habían comprado juntos legalmente hacía unas semanas donde ella estaba ahora dando clases a niñas más pequeñas), cuando se volvió tu mejor amiga, tu hermana del alma, la luz de tu vida.

-Te ves hermosa.- Le susurraste cuando estuvo a tu lado. Poco te importó que el padre estuviera ya hablando, o que Eugenia te dirigiera una mirada asesina para que te callaras, ella estaba hermosa y sentías la necesidad de hacercelo saber.

-Gracias.- Rio nerviosamente y se inclino un poco hacia tí para así evitar que los escucharan.- Sabes... cuando venía caminando, el niño no dejaba de moverse.- Sonrió.

-Estoy seguro de que estaba intentando decirte lo hermosa que te veías.- Te sentiste tentado de besarla ahí en frente de todos, pero no hubo oportunidad ya que Lali soltó una carcajada un poco más fuerte de lo que pretendía haciendo que el padre se callara unos segundos para luego retomar su discurso. Se sonrojó y bajo la mirada, y tu, muerto de ternura, acercaste tu mano y tomaste la de ella con fuerza, para el resto de tu vida.

* * *


Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios - el saber más elevado -, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta amor nada soy.
Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve.
El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.
No se alegra de lo injusto, sino que se goza de la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo.
El amor nunca pasará. Las profecías perderán su razón de ser, callarán las lenguas y ya no servirá el saber más elevado. Porque este saber queda muy imperfecto, y nuestras profecías son también algo muy limitado; y cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá.


Conocías esa lectura de memoria, siempre había sido tu favorita. Era la que habían leído en el matrimonio de tu madre, según como ella te dijo poco antes de morir, pero nunca la habías sentido como en ese momento, en tu matrimonio, con el hombre que tu amabas, y al que habías elegido para pasar el resto de tu vida. Porque la lectura lo decía, el amor nunca pasará y tu tenías claro que tu amor por Peter no se acabaría hasta que la muerte los separase. Entendías por primera vez cada una de las palabras que decía, porque por primera vez tu estabas segura de sentir todo lo que allí se describía por alguien. Acariciaste tu estomago con la mano que tenías libre, porque la otra no se había dignado a soltar la de Juan Pedro en toda la ceremonia. Lagrimas recorrían tu mejilla por la emoción, pero era de esperarse en tí. Candela suspiraba constantemente atrás tuyo, y estabas completamente segura de que a estas alturas las otras dos rubias estarían llorando. Detrás de Peter podías ver a la perfección a tus tres grandes amigos; Agustín, quien no dejaba de mirar a Candela, Pablo, y Nicolás que parecía estar quedandose dormido. Sonreiste involuntariamente y miraste hacia tu novio, futuro marido, marido o como se llamara a estas alturas. Estaba concentrado en cada una de las palabras del sacerdote, serio, como pocas veces lo habías visto. Se le veía tan maduro, tan hombre... suspiraste para tí misma, no podías creer cuanto lo amabas.

Solo saliste de tu ensimismamiento cuando el Padre les indicó que se levantasen para la postura de argollas y la lectura de los votos que ambos habían escrito. Te lamentaste en tu interior el haberte distraido gran parte de tu boda, pero tu eras así y no lo podías evitar.

-Mariana Esposito Herrera.- Comenzó él tomando tu mano temblorosa, callo unos segundos como si estuviera buscando las palabras.- Aún recuerdo como nos conocimos como si fuera ayer. Recuerdo que estabas nerviosa, y que no confiabas en mí, pero aún así aceptaste a tomar un café conmigo, cosa que estubo muy mal, ¿Mira si yo era un violador?- La gente presente rió y tu lo miraste para que se ubicara, pero con una sonrisa en los labios. El era así, como tu eras asá.- Pero bueno.- Respiró un poco y recobró la seriedad en sus ojos.- La verdad tu entraste a mi vida para iluminarla. Siempre fuiste mi sol, el que le ponía la alegría a mis días, el que me daba la luz que yo necesitaba para sonreir y seguir viviendo estos cinco años. Y espero, en algún momento, poder retribuirte todo lo que tu me has dado. Y talvez necesite una vida entera, pero es poco el precio en comparación a la alegría que me da pensar que esa vida la viviremos los tres, juntos.- Finalizó tomando el pequeño anillo y deslizandolo por tu dedo. Los labios te temblaban al igual que las rodillas, con el corazón a punto de estallar de emoción. Se notaba a leguas que su discurso había sido improvisado, mientras que tu habías escrito el tuyo hacía tiempo, y lo ensayabas todos los días. Pero en ese momento, tu mente estaba en blanco, y repasaba lentamente cada uno de los momentos vividos con quien estabas segura podías llamar el amor de tu vida.

-Juan Pedro Lanzani Vargas.- Tuviste que frenar un poco ya que las lagrimas te impedían hablar.- Jamás en mi vida imaginé que alguien me pudiera hacer tan felíz ycomo tu, que te apareciste de repente y pusiste todo mi mundo a girar, pasaste a ser mi soporte, mi consuelo cuando estaba mal, el que me sacaba sonrisas cuando lo necesitaba, el unico que me entendía completamente, que me ayudó a superar un montón de cosas, te convertiste en mi pilar. Tu sabías todo de mí y yo todo de tí, cada uno de mis secretos te los confié, y se que no me equivoque. Tengo claro que no podría haber elegido una mejor persona que vos para compartir mi vida. Creo que esa es la gracia de casarte con tu mejor amigo, con tu hermano del alma.- Sonreiste y tomaste su gruesa mano para poner ahí el anillo. El entrelazó sus dedos y se miraron largo rato sin decir nada, no se necesitaba decir nada más. A estas alturas la mayoría de la gente ya lloraba, incluida tu y una que otra lagrima que se le había escapado a Juan Pedro.

-Con el poder que me confieren Dios y el estado; Los declaro marido y mujer.- Dijo el Padre alzando los brazos.- Ya puedes besarla.- Les sonrió amablemente y se retiró hacia atrás.

Fuiste tu la que se acercó a él y hechó las manos a su cuello, casi tomandolo por sorpresa. Te devolvió el beso con una intensidad desconocida para tí, pero no era pasión lo que había tras esa intensidad, era amor, dulzura. Te separaste cuando lo sentiste apropiado, aunque te costó de sobremanera.

-Te amo.- Dijo con su frente pegada a la tuya mientras sus amigos y familia apaudían estruendosos.

-Yo también te amo.- Sonreiste y te separaste sin soltar aún su mano.

* * *


-Mi amor.- Gritaste desde la habitación, una sensación rara recorría tu garganta. Tragaste para apaciguarla, pero solo empeoró. Te quedaste recostada en la cama, envuelta entre las sabanas, pero al cabo de un rato te ardían los pulmones y no sentías los pies, notabas tus dedos entumecidos, como si no les llegara oxígeno.- Peter.- Volviste a intentar llamarlo, pero la voz a duras penas te salía. Conseguiste asiar con una mano tu panza de siete meses y sentiste como Santi se revolvía incomodo dentro tuyo. La garganta se te cerraba y el aire a penas rosaba tus pulmones, sentías como se apagaba todo a tu al rededor, sin entender nada. Lo unico en lo que podías pensar era en tu hijo, en seguir respirando para y por Santino. Pero respirar ya no se te hacía facil, y tenías miedo. Nunca habías vivido una situación semejante, te dolía la nuca y estabas mareada, tus ojos comenzaban a cerrarse sin que tu lo consintieras y sabías que te estabas desvaneciendo.- Pedro.- Intentaste una vez más, pero el aire que salió de tus pulmones para completar la palabra no volvió a entrar, y aferrandote a las sabanas te desmayaste.

* * *




-¡¿Que pasó?!- Rocío gritaba cuando entró a la sala de espera, acompañada de su prometido. La miraste nervioso y Pablo se adelantó para darte un abrazo, entendiendo con solo mirarte cuanto lo necesitabas.

-Lali se desmayó, creo que...falta de oxigeno.- Solo decirlo te costaba cantidades.

-¿Y Santi?- Tu amigo se adelantó antes de que Rocío continuara con sus chillidos.

-No se, no se.- Bajaste la mirada y mordiste el borde del cuello de tu polerón. Sentiste como Pablo le susurraba algo a la rubia y esta se acercaba a tí pasandote un brazo por los hombros.

-Eh, la petisa es fuerte.- Intentó sonreir pero no salió mas que una mueca de preocupación.- ¿Y los demás?-

-Eugenia fue a la cafetería a acompañar a Agustín y Joaquín, los demás creo que vienen para acá.- Respiraste hondo, hablar sin llorar en estos momentos era todo un reto para tu sistema.

-Iré a buscarlos. ¿Avisame si se sabe algo sí?- Asentiste sin todavía despegar tu mirada de las baldosas blancas.- Pablo, ¿Vienes?-

-No, me quedó.- Tu amiga asintió una sola vez, mordiendose el labio supusiste para no llorar frente a tí y salió de allí. Las clinicas siempre te habían parecido exageradante brillantes, todo muy blanco con toques claros que encandilaban tus ojos, pero nunca una te había parecido tan sombría. Faltaba la luz que las caracterizaba, o más bien la luz que caracterizaba todos tus días, faltaba Mariana.

-Dale Peter, talvez deberías ir a...- Pero la voz de tu amigo quedó ahogada por los chillidos que se escucharon a continuación.

-¿Donde está? ¿¡Juan Pedro donde está?!- Candela gritaba desaforada, como si en eso se le fuera el mundo.- ¿¡Que le pasó?!-

Pero ella también ahogó sus gritos cuando el doctor se presentó en la blanca habitación. Varios allí alzaron la vista, muchos lloraban por lo que suponías que estaban en peor situacion que tu. Siempre puede ser peor te decías para intentar consolarte, porque no era tan grave, solo se había desmayado, pero tu corazón y tu cuerpo no lo comprendían.

-¿Señor Lanzani?- Preguntó y todos bajaron la vista derrotados, a expeción de tí que reacciónaste como un disparo.

-¿Sí?- Te paraste frente a él, ansioso.

-Su...-Reviso los papeles.- Su esposa tuvo una especie de falla en la saturación de oxigeno de la sangre, no sabemos porque se causó esta... falla, ella ya esta estable pero al parecer el bebé estuvo demasiado tiempo sin oxigeno.- Tu corazón se detuvo por completo, te dolieron los musculos de los pies y se vació tu cerebro.- Asique necesito que firme aquí, para una cesarea de emergencia.- Sentiste que podías volver a respirar.

-¿Hay algún riesgo para Lali... digo Mariana con la cesarea?- Las dudas te asaltaron de inmediato. Sobreprotector te habría dicho ella.

-No más de los que habrían una cesarea cualquiera.-

-Entonces...-Respiraste hondo para terminar de procesar la información, no había tiempo que perder, no cuando se trataba de Lali y de tu hijo.- ¿Donde firmo?-

* * *


No habías abierto todavía los ojos cuando notaste algo fuera de lugar. Intentabas mover tus dedos para tocar tu panza y a Santi, para cerciorarte de que seguía bien pero tu cuerpo parecía no responder tus ordenes, estaba... completamente adormilado, como si estuviera bajo anestesia. Recordaste derrepente lo que había sucedido antes de desvanecerte y ingeriste una fuerte bocanada de aire, que te ahogó nuevamente por unos segundos pero que luego salió y volvió a entrar normalmente. Pero algo sería fuera de lugar. De a pocofuiste recuperando el poder de tus sentidos, y con eso pudiste oir claramente lo que sucedía en la habitación. Habían voces, pero hablaban bajito, y todas discutían por algo, a susurros como si no quisieran despertarte. Ruido de puertas, voces de mujeres que no conocías que parecían entrar y salir de la habitación, pero había algo que no estaba bien, sentías un vacío. ¿Que era?

-Ay, ¡Aquí esta!- El chillido de Candela hizo que todos chitaran, querías decirles que ya estabas despierta, pero aún no encontrabas tu vos.

-Lo despertaste estupida.- Esa era Eugenia. ¿LO despertaste? No entendías. Un llanto siguió a esa aclaración.

-¡Dejame tomarlo Pedri! ¡Es mi ahijado!-

-¡Es mi hijo!- Respondió tu esposo como un nene. ¿Su hijo? ¡Tu hijo! Buscaste por todos los medios salir de esa oscuridad que te envolvía. Todavía no entendías que había sucedido, no recordabas haber tenido a Santi, pero sabías una cosa, que si estaba ahí, tu tenías que estar también.

-S-santi.- Dijiste apenas cuando pudiste abrir los ojos.

-¡Mi amor! ¡Lali chiquita!- Sentiste su respiración cerca de la tuya, seguida por otro llanto que despertó un instinto en tí que no conocías.

-Santino, es...Santi....- Alargaste un brazo, todavía veías borroso, pero pudiste sentir como lo acercaban a tí y despacio y con cierto dolor en los musculos, lo envolviste contra tu pecho.

-Chiquita, ¿Como te sientes?- Puso una mano en tu frente y se te enfocó la vista, ahí estaba Peter, con Candela, Eugenia, Rocío y Agustín, ademas de tu sorbinito.

-Ss...ss- La emoción no te dejaba hablar y Peter se preocupó.

-¿Que pasa, Mariana? Eugenia llama al doctor que...-

-Somos papás mi amor.- Soltaste las lagrimas que tus ojos mantenían dentro tuyo y besaste la cabeza de tu hijo recien nacido. Todavía no entendías mucho, pero ya habría tiempo para explicaciones.

-Somos papás.- Sonrió aliviado y dejó un beso sobre tus labios. Nunca recordabas haberte sentido tan felíz.




Es mucho relleno, y aunque debería haber sido un capitulo lindo lo odié y es que me pareciera que cada día me quedan peor, pero como siempre pasa es necesario. Y muy necesario en este caso. Me quedó un poco achoclonado con tanto en tan poco tiempo, pero no pude hacer nada para arreglarlo, les prometí capitulo hoydía, y cumplí.
¿Vieron esa lectura que agregué? Me fascina, es la que yo quiero que lean para mi matrimonio. Si alguna vió alguna vez A walk to remember (mi pelicula favorita) la tiene que reconocer.
Otra cosita, Georgi leí en algún lado que estabas hoy de cumpleaños, asi que ¡Muy felíz cumpleaños para tí!
Un beso muy grande, y gracias por leer a todas, de verdad.
pd. Para las que preguntaron, sí, soy Chilena Smile
ppd. Quedan solo dos.

Sofía.

jueves, 5 de mayo de 2011

En siete años (minific)~ Capitulo 4 'Felíz'


Es corto, feo, mal redactado, pero necesario.


Capitulo cuatro; año cuatro.
'Felíz'



-Y esta es la última.- Rocío depositó la caja en el suelo con un fuerte sonido, Eugenia venía tras ella.

-Mariana ¿De cuando tenés tantas cosas? Dios mío, creí que me iba a desmayar en esa maldita escalera.- Eugenia se dejó caer teatralmente en el sillón de cuero de la sala. De tu sala. - ¿No tiene ascensor este lugar? La verdad se ve bastante moderno como para no tener un misero ascensor...-

-Ay Eugenia, dejate de alegar. No eran tantas cajas, ademas ahora viene lo peor.- Sonreiste maliciosamente y las dos rubias soltaron un gemido.

-No entiendo porqué Candela se salvó de esta.- Alegó Rochi.

-Tenía que cuidar a Joaquín estupida, Victorio está de viaje esta semana.- Respondiste abriendo la primera caja.

-Eh, ¡Que agresiva dios mío! Igual yo digo que podía venir con Joaquín perfectamente...-

-¿Lali?- Se escuchó desde la entrada.- ¿Ya llegaste?-

Caminaste rapidamente hacia la entrada y saltaste encima de tu novio para plantarle un beso en la cara.

-Si, Rocío y Eugenia se ofrecieron a ayudarme con las cajas, así me venía más rapido.- Sonreiste.

-¡¿Como que nos ofrecimos, pinocho?!- Alegó alguna desde la salita.

Juan Pedro rió al escuchar los gritos de tus amigas.

-Hola rubias.- Asomo su cabeza a la sala, contigo aún colgada de sus brazos y se giró para apoyarte contra una pared fuera de la vista de ellas.- Eh mi amor, ¿Te dije ya lo linda que te ves hoy?- Sonrió de lado, haciendose el canchero.

-Casi ya cuatro años que te conosco y seguís pensando que caigo en tus chamuyos.- Te mordiste el labio sonriente.

-Te encanta.- Acarició tu cintura con una mano y tu lo besaste, jugando con sus labios entre los tuyos, controlando el beso. Te separaste cuando sentiste que tenías a tu novio justo donde querías y sonreiste. Últimamente todo eran sonrisas.

-Puede ser.- Respondiste a su afirmación y pasaste tus manos por su pecho.

-Oye.- Dijo con la voz ronca.- ¿A que hora se van tus amiguitas? Tengo ganas de que pasemos un rato solos.- Hundió su cabeza en tu cuello, sugerente.

-No no, Peter.- Te alejaste y lo dejaste aún agachado.- Primero lo primero.- Lo llevaste al living y tomaste una de las cajas y bolsas que allí se encontraban.- ¿Me ayudas a guardar mis cosas?-

El bufó y tu dejaste un beso en su mejilla.

-Deberíamos habernos ido a vivir a tu departamento.- Suspiró.- Habría sido mucho más facil trasladar mis cosas para allá, yo hubiera necesitado una maleta y dos cajas. No tres maletas y esa cantidad de cajas que deben haber acabado con medio bosque.-Rocío soltó una sonora carcajada.

-Que alegón Juan Pedro. Si querés me llevo todas mis cosas a mi casa y no vuelvo más.- Amenazaste.

-¡No!- Gritó Eugenia sobresaltandolos a todos.- ¡Ni loca bajo esas escaleras con todo esto de nuevo! ¡Matate enana, vos te quedas acá y punto!- Reíste estruendosamente por la reacción de la teñida.

-Además.- Pedro se acercó a tí por el suelo y besó tu mejilla.- No habría dejado que te fueras. Dos años me aguanté siendo tu mejor amigo, me meresco que te quedes.- Y tu lo besaste muerta de ternura. Alguien carraspeó y te obligaste a separar tu boca de la de tu mejor amigo y ahora novio.

-¡Buenas!- Dijo Pablo entrando en la habitación, acompañado de Agustín y Nico.- ¿Empezaron sin nosotros?- Dijo con falso resentimiento y se acercó a Rocío para darle un beso.

-Hola mi amor.- Sonrió la rubia enamorada. Nicolás ocupo su lugar a un lado de la 'China' y Agustín se sentó en el sillón.

-Che Mariana, no tenías porqué traerte todo tu departamento.- Agustín abrió los ojos asombrado por la cantidad de cajas.

-Eh, me vengo a vivir, tenía que traerlo todo.- Alegaste terminando de sacar un florero y dos jarrones que habías heredado de tu madre, quien había muerto hacía casi un año. Los acairiciaste con ternura y los dejaste en el piso.

-Ya, pero ¿Esto?- Dijo Pablo estallando en carcajadas mientras sacaba el cubrecamas de tu antigua habitación, blanco con flores.- No, Lanzani te tienen controladito si pensas poner esto en tu cama.-

-Un poco de buen gusto Pablo por favor.- Candela entraba con Joaquín al departamento.-

-¿Nadie toca el timbre aquí?- Dijo Peter.

-Dejaste abierto nene.- Candela depositó a Joaquín entre tus brazos y se sentó frente a Agustín en el suelo. Hace poco habían arreglado las cosas, y todo iba viento en popa entre ellos. Joaquín ya era practicamente el hijo que Agustín nunca tuvo, y aunque no eran novios él y Cande, les bastaba con ser amigos, por ahora.

-Eh, terminé con una caja. Felicitenme.- Saltó Eugenia quien se levantaba para ordenar los cojines que había desembalado.

-Felicitaciones Bonita.- Nico fue el unico que respondió.

-Pollerudo.- Rió el morocho de ojos verdes.

-¡Mira quien habla!- Saltó Poli.

-¿Y vos? El unico que se salva soy yo.- Rió Agustín triunfante.

-Igual, nosotras los preferimos pollerudos. Por eso estas solo, cachetón- Intento ponerle humor Rocío, pero todos callaron y Candela tosió, incomoda.

-¿Y si pedimos una pizza?- Te levantaste intentando cambiar de tema.- No creo que este vago tenga comida suficiente para alimentarnos a todos, nunca tiene nada en la nevera, no se de que vive.-

-Delivery.- Sonrió el mirandote desde el piso. Terminaron de guardar tu cantidad de cajas mientras Eugenia se escusaba de que una caja había sido suficiente y de que quería pasar más tiempo con su sobrinito. Pidieron la pizza y se instalaron repartidos entre la mesa y el suelo. Pero luego del primer bocado, perdiste todo apetito y te sentiste mareada. Te levantaste de tu asinento y Rocío que notó tu malestar, te miro preocupada. Le sonreiste para restar importancia al asunto y te dirigiste al baño, donde los mareos no disminuyeron y terminaste vomitando lo poco que habías ingerido. Pensaste que te había caído mal la pizza, nada más, y buscaste tu cepillo de dientes en la maleta para asearte y volver con tus amigos para terminar de instalarte en tu nueva casa.


* * *


-Hola mi enano favorito.- Dijiste tomando a Joaquín entre tus brazos.-

-Dadi.- Sonrió el con los caracteristicos hoyuelos de su madre mientras jugaba con sus dedos en tu pelo.

-¿Cuando vuelve Victorio?- Preguntaste. Ya no era lo mismo con Victorio, pero seguían siendo parte del mismo grupo de amigos. Agustín y Juan Pedro fueron los unicos dos que perdieron su amistad con él. Ahora simplemente lo saludaban, a veces hablaban pero nada más allá de eso. Tu habías hablado con él y te había jurado por su vida que con Candela fue algo de una noche, que se arrepintió y que por eso no te lo había contado, pero que te había amado y que no te había engañado con nadie más. Tu le creiste, claro. Y lo perdonaste como a Candela, y todos perdonaron a Cande después de conocer a Joaco, pero Agustín y Peter no se lo podían perdonar a Vico. Agustín por razones ovias, y Peter simplemente porque según el había tenido que aguantarse por su culpa tardes enteras viendote llorar, pero tu sabías que era porque en el fondo, le dolía verte así.

-Eso sí, tengo que admitir que le debo una. Gracias a él fue nuestro primer beso.- Dijo tu novio mientras almorzaban juntos esa tarde hacía casi un año.

-Se fue recién.- Dijo Candela mientras terminaba de lavar la mamadera de Joaquín, respondiendo a la pregunta que habías formulado anteriormente.- Vino a dejar a Joaco.-

-¿Como lo pasaste con tu papi Joaco?- Le preguntaste mientras lo alzabas en tus brazos.

-Papi moto.- Dijo él por toda respuesta.

-Es lo unico que dice todo el día. Victorio lo tiene fascinado con la motocicleta esa, aunque le prohíbo que lo suba a ella, el nene lo acompaña mientras la arreglan.- Candela se lavó las manos y le limpió la boca a Joaquín mientras se dirigía a su habtación para ordenar un poco, como toda una madre. Tu la seguías con más calma.

-¿Te gustan las motos Joaco? ¿Queres que el tio Peter te regale una?- Anotaste mentalmente que para el próximo cumpleaños de tu sobrinito obligarías a Pedro a regalarle una de juguete. Joaco no respondió y tu lo dejaste en el suelo para que se fuera caminando con sus pequeños pasitos de niño de un año.

-No deberías haberlo dejado solo. Es un moustro ese niño, seguramente va a romper algo.- Rió la flaca sentandose en la cama.

-Dejalo ser.- Reiste y te sentaste con ella.

-¿Calugas?- Preguntó sacando unas con forma de ositos, seguramente de su hijo. Arrugaste la nariz y te tapaste la boca para contener las nauses que te invadieron.- Epa, ¿De cuando no te gustan las calugas?-

-Sacalas. Porfavor.- Rogaste.- Tienen un... olor muy dulce.- Dijiste aún sintiento la sensación dulzona que provocaron en tu garganta.

-¡Si te encantan Lali! Yo te conosco...- Puso una frente a tí y no contuviste las ganas de correr al baño. Te arrodillaste frente al inodoro y vomitaste. Candela se acercó por atrás y recogió tu pelo.

-Eh, perdón. No sabía que te ibas a poner así, antes comías calugas todo el día.-

-No, no es tu culpa.- Tiraste la cadena y respiraste hondo para lavarte la cara y enjuagar tu boca.- Últimamente estoy así. Vomito en las mañanas, cosas que me gustaban dejaron de gustarme de repente, me mareo... me dan ganas de comer hasta platanos.- Miraste a tu amiga con asco, ella sabía que odiabas los platanos.

-¿Y Peter sabe?- Preguntó.

-No mucho, me vió vomitar una vez y enseguida saltó con que vaya a ver un doctor, es un sobreprotector. -

-Estas mas gorda.- Atacó derrepente la flaca.

-¿¡Candela!? Pero...¡Callate!- Y entonces viste su mirada y entendiste por donde venía.- No estaras pensando que estoy...- Dijiste con los ojos bien abiertos, pusiste una mano en tu estomago y entonces sentiste algo. Algo que no debería estar ahí, que antes no estaba. Tenías un bulto pequeño justo bajo tu ombligo, tal vez inperceptible a simple vista, pero al verte al espejo lo viste como una montaña.

-Toma.- Dijo la mona mientras revolvía un pequeño bolso. Te arrojó una cajita.

-¿Que es esto?- Dijiste dandole vueltas entre tus manos, nerviosa.

-Un test de embarazo.- Levantaste la mirada, asustada.- Tuve exactamente los mismos sintomas que vos.-Se acercó y tomó tu mano.- Si querés lo hacemos ahora...-

-¡No! Yo...- Miraste a todos lados nerviosa y te fijaste en el reloj de la pared.- ¡La academia! Debo irme, o llegaré tarde.- Meitste el test en tu cartera y le diste un beso a Candela en la mejilla, que te miraba preocupada.- Gracias Can.-

-Prometeme que lo harás Lali, es una opcion probable...-

-Sí, adiós.- Saliste de ahí y cerraste la puerta tras de tí. Respiraste hondo y te dirigiste a la academia que quedaba a unas cuadras de la casa de tu amiga, pero el tema siguió rondando por tu cabeza largo rato. Mientras bailabas junto a tus demás compañeros, sacabas calculos en tu cabeza. Una y otra vez. No podía ser.

-Mery.- Llamaste a la mas rubia que allí se encontraba.- ¿A que fecha estamos?-

-23. ¿Por qué?-

-No, nada...- Volviste a sacar los calculos una vez más y dió el mismo resultado. Estabas atrasada dos semanas. ¿Como no te habías dado cuenta antes?

Llegaste a tu departamento, Peter aún no llegaba. Es ahora o nunca pensaste. Tomaste tu bolso y con las manos temblorosas seguiste las instrucciones, esperaste los tres minutos necesarios y te tomaste dos mas para armarte de valor.
Dos lineas verdes. No Fue tu primer pensamiento involuntario. Luego tu mundo giró por completo, y te desesperaste.


* * *


Colgaste las llaves en silencio, y evitando el ruido entraste para darle una sorpresa a tu novia. Ella siempre alegaba que llegabas tarde, y hoy te habías tomado la tarde en tu nuevo trabajo para pasarla con ella, solos.
Asomaste la cabeza en la sala principal y al no encontrar nada tampoco en la cocina te dirigiste a la habitación. Querías taparle los ojos por detras y asustarla y luego tenías una larga lista de cosas que hacer con ella esa tarde. No, en realidad una sola, pero la imagen frente a tí reemplazó en tu mente cualquier idea de diversión que tuvieras preparada.
El cubrecamas estaba por el suelo, un jarrón roto y cajones abiertos. Al centro de la habitación, Lali. Pero no la Lali iluminada por su propia luz que conocías, si no una Mariana destrozada, sin remera y con la cabeza entre las piernas, que lloraba como si el mundo fuera a acabar con ella.
-Mi amor...- Te acercaste a ella y la rodeaste con tus brazos.- Lali, chiquita ¿Que pasó?- Lloró un poco más y levantó la cara, para mirarte a los ojos.

-Yo...- Parecía que no encontraba las palabras necesarias.- Yo y tú...- Te preocupaste porque parecía que el aire no llegaba a sus pulmones cuando intentaba hablar.

-¿Te sientes mal? ¿Es eso? Yo te dije que fueramos al medico antes.-

-No... Sí, es eso pero...-Remprimió un sollozo profundo, tomo aire y tomó tu mano con cuidado, para llevarla a su panza desnuda.- Esto pasa.- Te miró con la poca pintura que llevaba corrida, y tu corazón se encogió de preocupación.

-No entiendo.- La mirabas a los ojos, poco te importaba su torzo casi desnudo en esos momentos.

-¿No lo sientes?- Susurró y movió su mano sobre la tuya.- Está ahí...- Y siguió llorando. La miraste sin entender un poco más, y despues, como si alguién te abofeteara, la realidad tocó tu puerta.

-Estas...- Te atragantaste en la mitad de la oración.- ¿Estas...?- Ella asintió despacio, mordiendose el labio.

El miedo recorrió tus venas. ¿Tu? No podía ser... tenías a penas 23 años, habías recién empezado a trabajar y tu sueldo aunque no era malo alcanzaba para mantenerte a tí y a Lali, no a un bebé. Te obligaste a volver en sí y mirarla, por miedo a perder la compostura ante ella.

Entonces sentiste ese pequeño bulto bajo tu mano, bajo su piel, y algo se abrió dentro tuyo. El miedo fue opacado por una sorpresiva sensación de felicidad y un calor en tu pecho. Te pusiste nervioso, te temblaron las manos, tenías ganas de abrazarla, besarla. Corrección, de besarlos. Porque tu corazón se había abierto al sentir a tu hijo, y había hecho que pasara de ser Lali el motor de tu vida, tu luz, a que pasaran a ser dos personas que ocupaban el mismo lugar. Nunca creiste poder sentir tanto amor dentro de tu pecho.

-Voy...vamos a...-Tragaste con fuerza y la miraste a los ojos, ya no te importaban las complicaciones, no te importaba nada más.- Vamos a ser papás, mi amor.-


* * *


No, el no entendía. ¿Como no entendía? En cambio, te sonreía como si le hubieras dado la mejor noticia del mundo. Tu sabías que en otras circunstancias sería una buena noticia, tal vez cuando estuvieras casada, con un trabajo estable, cuando hubieras cumplido tus sueños. Pero no ahora, no a los 21 años, recién empezando tu vida.

-No...no.- Tragaste saliva para poder darle paso a las palabras.- ¿No ves? Vas a tener que trabajar el doble... y... un departamento más grande... y yo tendré que dejar la academia, encontrar un trabajo. Yo no fui a la universidad ¿Entiendes? ¿Como voy a conseguir un trabajo? No podremos mantenerlo y yo...- Volviste a hundirte en lagrimas, soltando la mano de Peter.

-Mi amor, calmate. Es una buena noticia, podemos...-

-¿Una buena noticia?- No dabas credito a lo que oías. Nunca se te pasó por la cabeza que pudiera ser una buena noticia. Eso que llevabas dentro iba a arruinar tu vida... o peor. Tu ibas a arruinar la suya. Y eso te aterraba.

-Lali, escucha.- Tomó tu mano y se arrodillo frente a tí.- No se van a arruinar tus sueños, ya verás como estos van a seguir ahí. Simplemente tendrás que esperar un poco más, pero creeme que valdrá la pena. ¿No ves a Candela lo felíz que es con Joaquín? Y ella si tenía razones para que se le arruinara la vida.- Llevó sus manos aún entrelazados a tu mejilla y te acarició con el dorso de su mano.- Chiquita yo se que somos jovenes, pero podemos con esto. ¿No sientes algo especial por ese pequeño niño que está dentro tuyo? Yo que sí, eres muy buena como para que no te importe. Y se que todo este miedo y rabia son por que no te crees capáz de darle una buena vida a este niño, pero yo nunca habría podido elegir una mejor madre para mis hijos.- Recostaste tu cabeza en su mano. Algo sorprendida de que te conociera tan bien, pero es que llevaban siendo uña y carne cuatro años.

-Pero... somos jovenes, ni si quiera estamos casados...- Juan Pedro tapo tu boca con su mano, para que dejaras de hablar.

-Si es eso, yo no tengo ni un problema. Casemonos.- Lo miraste seria, confundida. Pero el simplemente en vez de reirse por la broma que creías que era, tiró un poco de tí hasta que quedaste en la orilla de la cama y se apoyó sobre una rodilla.- Casate conmigo.- Dijo llevando sus manos aún entrelazadas a su boca.

-Pitt que estas...- Intentaste reir y restalre importancia al asunto, pero él no te lo permitió.

-Casate conmigo.- Dijo, sin ningún deje de risa en la voz.






Les explico que YO SE que el capitulo es una caca, pero es necesario. También sé que es cortísimo, pero entiendan que es necesario y que como no soy buena escritora, se me va la imaginación para alargarselos. Igual les hice aparecer a todos che, asique no me odien tanto y disfrutenlo. Y otra cosa, CHEEEE como dicen mis Argentinas, no soy TAN masoquista como para que les violen a Lalu. Me gustan mas las novelas light, mas relajaditas jaja.
¡Muchas gracias por todooooooooo a ustedes que son lo máximo! 

EMPIEZA LA CUENTA REGRESIVA, QUEDAN TRES CAPITULOS.
Sofía
pd. @SerunaLaliter