Es corto, feo, mal redactado, pero necesario.
Capitulo cuatro; año cuatro.
'Felíz'
Capitulo cuatro; año cuatro.
'Felíz'
-Y esta es la última.- Rocío depositó la caja en el suelo con un fuerte sonido, Eugenia venía tras ella.
-Mariana ¿De cuando tenés tantas cosas? Dios mío, creí que me iba a desmayar en esa maldita escalera.- Eugenia se dejó caer teatralmente en el sillón de cuero de la sala. De tu sala. - ¿No tiene ascensor este lugar? La verdad se ve bastante moderno como para no tener un misero ascensor...-
-Ay Eugenia, dejate de alegar. No eran tantas cajas, ademas ahora viene lo peor.- Sonreiste maliciosamente y las dos rubias soltaron un gemido.
-No entiendo porqué Candela se salvó de esta.- Alegó Rochi.
-Tenía que cuidar a Joaquín estupida, Victorio está de viaje esta semana.- Respondiste abriendo la primera caja.
-Eh, ¡Que agresiva dios mío! Igual yo digo que podía venir con Joaquín perfectamente...-
-¿Lali?- Se escuchó desde la entrada.- ¿Ya llegaste?-
Caminaste rapidamente hacia la entrada y saltaste encima de tu novio para plantarle un beso en la cara.
-Si, Rocío y Eugenia se ofrecieron a ayudarme con las cajas, así me venía más rapido.- Sonreiste.
-¡¿Como que nos ofrecimos, pinocho?!- Alegó alguna desde la salita.
Juan Pedro rió al escuchar los gritos de tus amigas.
-Hola rubias.- Asomo su cabeza a la sala, contigo aún colgada de sus brazos y se giró para apoyarte contra una pared fuera de la vista de ellas.- Eh mi amor, ¿Te dije ya lo linda que te ves hoy?- Sonrió de lado, haciendose el canchero.
-Casi ya cuatro años que te conosco y seguís pensando que caigo en tus chamuyos.- Te mordiste el labio sonriente.
-Te encanta.- Acarició tu cintura con una mano y tu lo besaste, jugando con sus labios entre los tuyos, controlando el beso. Te separaste cuando sentiste que tenías a tu novio justo donde querías y sonreiste. Últimamente todo eran sonrisas.
-Puede ser.- Respondiste a su afirmación y pasaste tus manos por su pecho.
-Oye.- Dijo con la voz ronca.- ¿A que hora se van tus amiguitas? Tengo ganas de que pasemos un rato solos.- Hundió su cabeza en tu cuello, sugerente.
-No no, Peter.- Te alejaste y lo dejaste aún agachado.- Primero lo primero.- Lo llevaste al living y tomaste una de las cajas y bolsas que allí se encontraban.- ¿Me ayudas a guardar mis cosas?-
El bufó y tu dejaste un beso en su mejilla.
-Deberíamos habernos ido a vivir a tu departamento.- Suspiró.- Habría sido mucho más facil trasladar mis cosas para allá, yo hubiera necesitado una maleta y dos cajas. No tres maletas y esa cantidad de cajas que deben haber acabado con medio bosque.-Rocío soltó una sonora carcajada.
-Que alegón Juan Pedro. Si querés me llevo todas mis cosas a mi casa y no vuelvo más.- Amenazaste.
-¡No!- Gritó Eugenia sobresaltandolos a todos.- ¡Ni loca bajo esas escaleras con todo esto de nuevo! ¡Matate enana, vos te quedas acá y punto!- Reíste estruendosamente por la reacción de la teñida.
-Además.- Pedro se acercó a tí por el suelo y besó tu mejilla.- No habría dejado que te fueras. Dos años me aguanté siendo tu mejor amigo, me meresco que te quedes.- Y tu lo besaste muerta de ternura. Alguien carraspeó y te obligaste a separar tu boca de la de tu mejor amigo y ahora novio.
-¡Buenas!- Dijo Pablo entrando en la habitación, acompañado de Agustín y Nico.- ¿Empezaron sin nosotros?- Dijo con falso resentimiento y se acercó a Rocío para darle un beso.
-Hola mi amor.- Sonrió la rubia enamorada. Nicolás ocupo su lugar a un lado de la 'China' y Agustín se sentó en el sillón.
-Che Mariana, no tenías porqué traerte todo tu departamento.- Agustín abrió los ojos asombrado por la cantidad de cajas.
-Eh, me vengo a vivir, tenía que traerlo todo.- Alegaste terminando de sacar un florero y dos jarrones que habías heredado de tu madre, quien había muerto hacía casi un año. Los acairiciaste con ternura y los dejaste en el piso.
-Ya, pero ¿Esto?- Dijo Pablo estallando en carcajadas mientras sacaba el cubrecamas de tu antigua habitación, blanco con flores.- No, Lanzani te tienen controladito si pensas poner esto en tu cama.-
-Un poco de buen gusto Pablo por favor.- Candela entraba con Joaquín al departamento.-
-¿Nadie toca el timbre aquí?- Dijo Peter.
-Dejaste abierto nene.- Candela depositó a Joaquín entre tus brazos y se sentó frente a Agustín en el suelo. Hace poco habían arreglado las cosas, y todo iba viento en popa entre ellos. Joaquín ya era practicamente el hijo que Agustín nunca tuvo, y aunque no eran novios él y Cande, les bastaba con ser amigos, por ahora.
-Eh, terminé con una caja. Felicitenme.- Saltó Eugenia quien se levantaba para ordenar los cojines que había desembalado.
-Felicitaciones Bonita.- Nico fue el unico que respondió.
-Pollerudo.- Rió el morocho de ojos verdes.
-¡Mira quien habla!- Saltó Poli.
-¿Y vos? El unico que se salva soy yo.- Rió Agustín triunfante.
-Igual, nosotras los preferimos pollerudos. Por eso estas solo, cachetón- Intento ponerle humor Rocío, pero todos callaron y Candela tosió, incomoda.
-¿Y si pedimos una pizza?- Te levantaste intentando cambiar de tema.- No creo que este vago tenga comida suficiente para alimentarnos a todos, nunca tiene nada en la nevera, no se de que vive.-
-Delivery.- Sonrió el mirandote desde el piso. Terminaron de guardar tu cantidad de cajas mientras Eugenia se escusaba de que una caja había sido suficiente y de que quería pasar más tiempo con su sobrinito. Pidieron la pizza y se instalaron repartidos entre la mesa y el suelo. Pero luego del primer bocado, perdiste todo apetito y te sentiste mareada. Te levantaste de tu asinento y Rocío que notó tu malestar, te miro preocupada. Le sonreiste para restar importancia al asunto y te dirigiste al baño, donde los mareos no disminuyeron y terminaste vomitando lo poco que habías ingerido. Pensaste que te había caído mal la pizza, nada más, y buscaste tu cepillo de dientes en la maleta para asearte y volver con tus amigos para terminar de instalarte en tu nueva casa.
* * *
-Hola mi enano favorito.- Dijiste tomando a Joaquín entre tus brazos.-
-Dadi.- Sonrió el con los caracteristicos hoyuelos de su madre mientras jugaba con sus dedos en tu pelo.
-¿Cuando vuelve Victorio?- Preguntaste. Ya no era lo mismo con Victorio, pero seguían siendo parte del mismo grupo de amigos. Agustín y Juan Pedro fueron los unicos dos que perdieron su amistad con él. Ahora simplemente lo saludaban, a veces hablaban pero nada más allá de eso. Tu habías hablado con él y te había jurado por su vida que con Candela fue algo de una noche, que se arrepintió y que por eso no te lo había contado, pero que te había amado y que no te había engañado con nadie más. Tu le creiste, claro. Y lo perdonaste como a Candela, y todos perdonaron a Cande después de conocer a Joaco, pero Agustín y Peter no se lo podían perdonar a Vico. Agustín por razones ovias, y Peter simplemente porque según el había tenido que aguantarse por su culpa tardes enteras viendote llorar, pero tu sabías que era porque en el fondo, le dolía verte así.
-Eso sí, tengo que admitir que le debo una. Gracias a él fue nuestro primer beso.- Dijo tu novio mientras almorzaban juntos esa tarde hacía casi un año.
-Se fue recién.- Dijo Candela mientras terminaba de lavar la mamadera de Joaquín, respondiendo a la pregunta que habías formulado anteriormente.- Vino a dejar a Joaco.-
-¿Como lo pasaste con tu papi Joaco?- Le preguntaste mientras lo alzabas en tus brazos.
-Papi moto.- Dijo él por toda respuesta.
-Es lo unico que dice todo el día. Victorio lo tiene fascinado con la motocicleta esa, aunque le prohíbo que lo suba a ella, el nene lo acompaña mientras la arreglan.- Candela se lavó las manos y le limpió la boca a Joaquín mientras se dirigía a su habtación para ordenar un poco, como toda una madre. Tu la seguías con más calma.
-¿Te gustan las motos Joaco? ¿Queres que el tio Peter te regale una?- Anotaste mentalmente que para el próximo cumpleaños de tu sobrinito obligarías a Pedro a regalarle una de juguete. Joaco no respondió y tu lo dejaste en el suelo para que se fuera caminando con sus pequeños pasitos de niño de un año.
-No deberías haberlo dejado solo. Es un moustro ese niño, seguramente va a romper algo.- Rió la flaca sentandose en la cama.
-Dejalo ser.- Reiste y te sentaste con ella.
-¿Calugas?- Preguntó sacando unas con forma de ositos, seguramente de su hijo. Arrugaste la nariz y te tapaste la boca para contener las nauses que te invadieron.- Epa, ¿De cuando no te gustan las calugas?-
-Sacalas. Porfavor.- Rogaste.- Tienen un... olor muy dulce.- Dijiste aún sintiento la sensación dulzona que provocaron en tu garganta.
-¡Si te encantan Lali! Yo te conosco...- Puso una frente a tí y no contuviste las ganas de correr al baño. Te arrodillaste frente al inodoro y vomitaste. Candela se acercó por atrás y recogió tu pelo.
-Eh, perdón. No sabía que te ibas a poner así, antes comías calugas todo el día.-
-No, no es tu culpa.- Tiraste la cadena y respiraste hondo para lavarte la cara y enjuagar tu boca.- Últimamente estoy así. Vomito en las mañanas, cosas que me gustaban dejaron de gustarme de repente, me mareo... me dan ganas de comer hasta platanos.- Miraste a tu amiga con asco, ella sabía que odiabas los platanos.
-¿Y Peter sabe?- Preguntó.
-No mucho, me vió vomitar una vez y enseguida saltó con que vaya a ver un doctor, es un sobreprotector. -
-Estas mas gorda.- Atacó derrepente la flaca.
-¿¡Candela!? Pero...¡Callate!- Y entonces viste su mirada y entendiste por donde venía.- No estaras pensando que estoy...- Dijiste con los ojos bien abiertos, pusiste una mano en tu estomago y entonces sentiste algo. Algo que no debería estar ahí, que antes no estaba. Tenías un bulto pequeño justo bajo tu ombligo, tal vez inperceptible a simple vista, pero al verte al espejo lo viste como una montaña.
-Toma.- Dijo la mona mientras revolvía un pequeño bolso. Te arrojó una cajita.
-¿Que es esto?- Dijiste dandole vueltas entre tus manos, nerviosa.
-Un test de embarazo.- Levantaste la mirada, asustada.- Tuve exactamente los mismos sintomas que vos.-Se acercó y tomó tu mano.- Si querés lo hacemos ahora...-
-¡No! Yo...- Miraste a todos lados nerviosa y te fijaste en el reloj de la pared.- ¡La academia! Debo irme, o llegaré tarde.- Meitste el test en tu cartera y le diste un beso a Candela en la mejilla, que te miraba preocupada.- Gracias Can.-
-Prometeme que lo harás Lali, es una opcion probable...-
-Sí, adiós.- Saliste de ahí y cerraste la puerta tras de tí. Respiraste hondo y te dirigiste a la academia que quedaba a unas cuadras de la casa de tu amiga, pero el tema siguió rondando por tu cabeza largo rato. Mientras bailabas junto a tus demás compañeros, sacabas calculos en tu cabeza. Una y otra vez. No podía ser.
-Mery.- Llamaste a la mas rubia que allí se encontraba.- ¿A que fecha estamos?-
-23. ¿Por qué?-
-No, nada...- Volviste a sacar los calculos una vez más y dió el mismo resultado. Estabas atrasada dos semanas. ¿Como no te habías dado cuenta antes?
Llegaste a tu departamento, Peter aún no llegaba. Es ahora o nunca pensaste. Tomaste tu bolso y con las manos temblorosas seguiste las instrucciones, esperaste los tres minutos necesarios y te tomaste dos mas para armarte de valor.
Dos lineas verdes. No Fue tu primer pensamiento involuntario. Luego tu mundo giró por completo, y te desesperaste.
* * *
Colgaste las llaves en silencio, y evitando el ruido entraste para darle una sorpresa a tu novia. Ella siempre alegaba que llegabas tarde, y hoy te habías tomado la tarde en tu nuevo trabajo para pasarla con ella, solos.
Asomaste la cabeza en la sala principal y al no encontrar nada tampoco en la cocina te dirigiste a la habitación. Querías taparle los ojos por detras y asustarla y luego tenías una larga lista de cosas que hacer con ella esa tarde. No, en realidad una sola, pero la imagen frente a tí reemplazó en tu mente cualquier idea de diversión que tuvieras preparada.
El cubrecamas estaba por el suelo, un jarrón roto y cajones abiertos. Al centro de la habitación, Lali. Pero no la Lali iluminada por su propia luz que conocías, si no una Mariana destrozada, sin remera y con la cabeza entre las piernas, que lloraba como si el mundo fuera a acabar con ella.
-Mi amor...- Te acercaste a ella y la rodeaste con tus brazos.- Lali, chiquita ¿Que pasó?- Lloró un poco más y levantó la cara, para mirarte a los ojos.
-Yo...- Parecía que no encontraba las palabras necesarias.- Yo y tú...- Te preocupaste porque parecía que el aire no llegaba a sus pulmones cuando intentaba hablar.
-¿Te sientes mal? ¿Es eso? Yo te dije que fueramos al medico antes.-
-No... Sí, es eso pero...-Remprimió un sollozo profundo, tomo aire y tomó tu mano con cuidado, para llevarla a su panza desnuda.- Esto pasa.- Te miró con la poca pintura que llevaba corrida, y tu corazón se encogió de preocupación.
-No entiendo.- La mirabas a los ojos, poco te importaba su torzo casi desnudo en esos momentos.
-¿No lo sientes?- Susurró y movió su mano sobre la tuya.- Está ahí...- Y siguió llorando. La miraste sin entender un poco más, y despues, como si alguién te abofeteara, la realidad tocó tu puerta.
-Estas...- Te atragantaste en la mitad de la oración.- ¿Estas...?- Ella asintió despacio, mordiendose el labio.
El miedo recorrió tus venas. ¿Tu? No podía ser... tenías a penas 23 años, habías recién empezado a trabajar y tu sueldo aunque no era malo alcanzaba para mantenerte a tí y a Lali, no a un bebé. Te obligaste a volver en sí y mirarla, por miedo a perder la compostura ante ella.
Entonces sentiste ese pequeño bulto bajo tu mano, bajo su piel, y algo se abrió dentro tuyo. El miedo fue opacado por una sorpresiva sensación de felicidad y un calor en tu pecho. Te pusiste nervioso, te temblaron las manos, tenías ganas de abrazarla, besarla. Corrección, de besarlos. Porque tu corazón se había abierto al sentir a tu hijo, y había hecho que pasara de ser Lali el motor de tu vida, tu luz, a que pasaran a ser dos personas que ocupaban el mismo lugar. Nunca creiste poder sentir tanto amor dentro de tu pecho.
-Voy...vamos a...-Tragaste con fuerza y la miraste a los ojos, ya no te importaban las complicaciones, no te importaba nada más.- Vamos a ser papás, mi amor.-
* * *
No, el no entendía. ¿Como no entendía? En cambio, te sonreía como si le hubieras dado la mejor noticia del mundo. Tu sabías que en otras circunstancias sería una buena noticia, tal vez cuando estuvieras casada, con un trabajo estable, cuando hubieras cumplido tus sueños. Pero no ahora, no a los 21 años, recién empezando tu vida.
-No...no.- Tragaste saliva para poder darle paso a las palabras.- ¿No ves? Vas a tener que trabajar el doble... y... un departamento más grande... y yo tendré que dejar la academia, encontrar un trabajo. Yo no fui a la universidad ¿Entiendes? ¿Como voy a conseguir un trabajo? No podremos mantenerlo y yo...- Volviste a hundirte en lagrimas, soltando la mano de Peter.
-Mi amor, calmate. Es una buena noticia, podemos...-
-¿Una buena noticia?- No dabas credito a lo que oías. Nunca se te pasó por la cabeza que pudiera ser una buena noticia. Eso que llevabas dentro iba a arruinar tu vida... o peor. Tu ibas a arruinar la suya. Y eso te aterraba.
-Lali, escucha.- Tomó tu mano y se arrodillo frente a tí.- No se van a arruinar tus sueños, ya verás como estos van a seguir ahí. Simplemente tendrás que esperar un poco más, pero creeme que valdrá la pena. ¿No ves a Candela lo felíz que es con Joaquín? Y ella si tenía razones para que se le arruinara la vida.- Llevó sus manos aún entrelazados a tu mejilla y te acarició con el dorso de su mano.- Chiquita yo se que somos jovenes, pero podemos con esto. ¿No sientes algo especial por ese pequeño niño que está dentro tuyo? Yo que sí, eres muy buena como para que no te importe. Y se que todo este miedo y rabia son por que no te crees capáz de darle una buena vida a este niño, pero yo nunca habría podido elegir una mejor madre para mis hijos.- Recostaste tu cabeza en su mano. Algo sorprendida de que te conociera tan bien, pero es que llevaban siendo uña y carne cuatro años.
-Pero... somos jovenes, ni si quiera estamos casados...- Juan Pedro tapo tu boca con su mano, para que dejaras de hablar.
-Si es eso, yo no tengo ni un problema. Casemonos.- Lo miraste seria, confundida. Pero el simplemente en vez de reirse por la broma que creías que era, tiró un poco de tí hasta que quedaste en la orilla de la cama y se apoyó sobre una rodilla.- Casate conmigo.- Dijo llevando sus manos aún entrelazadas a su boca.
-Pitt que estas...- Intentaste reir y restalre importancia al asunto, pero él no te lo permitió.
-Casate conmigo.- Dijo, sin ningún deje de risa en la voz.
Les explico que YO SE que el capitulo es una caca, pero es necesario. También sé que es cortísimo, pero entiendan que es necesario y que como no soy buena escritora, se me va la imaginación para alargarselos. Igual les hice aparecer a todos che, asique no me odien tanto y disfrutenlo. Y otra cosa, CHEEEE como dicen mis Argentinas, no soy TAN masoquista como para que les violen a Lalu. Me gustan mas las novelas light, mas relajaditas jaja.
¡Muchas gracias por todooooooooo a ustedes que son lo máximo!
EMPIEZA LA CUENTA REGRESIVA, QUEDAN TRES CAPITULOS.
Sofía
pd. @SerunaLaliter
No hay comentarios:
Publicar un comentario