domingo, 3 de julio de 2011

A sangre azul~ Capitulo seis.


​Seis


Mariana dejó las fichas de inscripción de la escuela recuperativa en su bolso y se acomodó las gafas disponiendose a esperar algún taxi que pudiera trasladarla hasta su casa.
Esa noche era la gran fiesta de los Vetrano, y acababan de avisarle que contaban con su presencia. Su madre, quien rogó vía telefonica casi veinte minutos, terminó por convencerla de que no lo pasaría tan mal. Además iba Rocío, lo que significaba que al menos no estaría sola. Pero aún le faltaba el tema de la pareja, y el vestido, que aunque a Mariana no le parecieran tan importantes, su madre aprovechó la intervención para recordarle que en estos casos eran casi más importantes que la fiesta misma.

Un taxi pasó por su lado en ese preciso momento, ignorando las señas que le hizo Lali. Cuando el segundo pasó por la calle al parecer sin notar su precencia, y mientras ella cavilaba las posibilidades de ponerse en medio de la calle y obligar alguno a frenar, un Jaguar azul coral frenó frente suyo.

-¿Lali?- Preguntó una voz conocida al otro lado del vidrio que bajaba.

-¡Pablo!- Sonrió ella apoyando sus codos en el marco con total confianza.

-¡Estás de vuelta y yo no me había enterado!- Se sonrieron mutuamente.- ¿Que haces por aquí?-

-Tengo que recuperar mis últimos dos años de estudio si quiero entrar a la universidad.- Dijo señalando los documentos que sobresalían de su cartera.

-¿Y no querés que te lleve?- Lali sonrió recordando la antigua incondicionalidad de Pablo, a quien había conocido su último verano en la ciudad.

-Si no es molestia...-

-Nunca. Ven, sube.- Abrió la puerta y Mariana se metió dentro, agradeciendo el aire acondicionado.- ¿Y puedo saber a que se debe tu regreso?-

-Creo que... quería volver a casa, a ver a mis amigos. No lo sé.-

-¿Me echaste de menos?-

Mariana soltó una carcajada y el dibujó una sonrisa en sus labios, mirando en frente.

-¿Sabes que sí?- Le apretó cariñosamente la mano que descansaba entre los dos.

* * *



-Veo que por fín te dignas a aparecer, ingrata.- Dijo con frialdad Julia Igarzabal desde su asiento en la entrada. Rocío simplemente continuó su camino, mirando en frente.- Algún día te darás cuenta de que...-

-¿De qué?- Se volvió la joven, cansada de las constantes acusaciones de su madre.- ¿De que me odias? ¿De que quieres que sea como tú, una mujer sin sentimientos, que solo piensa en sí misma?-

La madre de Rocío no se inmutó, simplemente se limitó a cruzar las manos sobre su regazo y suspirar frustrada.

-Si tan solo hubieras sido como tu hermana...- Dijo, usando un tono que a Rocío le molestaba muchísimo, mas aún cuando hablaban de ese tema, lo que generalmente sucedía a diario.- Ella sabía comportarse como una señorita, era una...-

-Eugenia se fué.- Dijo entre dientes, apretando las manos a ambos costados de su cuerpo.- ¡Se fué, y yo no soy ella!- Alzó la voz desesperada porque su madre nunca parecía oirla. Recorrió a grandes zancadas la distancia que la separaba de la puerta de su habitación y la cerró con fuerza, profiriendo insultos por lo bajo. Lanzó con violencia su bolso por los aires y se fijó en un vestido que descansaba sobre su cama.

-Que es esto...- Susurró tomando el vestido dorado, corto y de una manga que había frente a ella.

-Es para que lo uses esta noche donde los Vetrano. No dejaré que vayas vestida como una pordiosera.- Rocío se giró para encontrarse nuevamente con su madre, que hablaba inexpresiva desde la puerta.
Se limitó a mirarla, realmente soprendida de como podía llegar a ser.

-Este vestido...-

-Era de Eugenia.- Interrumpió con el mismo tono neutro.- Siempre tuvo mejor gusto que tú. Espero que te entre.- Elegantemente, Julia se giró sobre sus talones y se alejó de allí.

La joven Igarzabal se dejó caer en la cama, tapandose los ojos con las manos. Nunca entendió como pudo haber nacido de esa señora, a la que ya ni poco respeto le tenía. Eran completamente contrarias, dos polos completamente opuestos, pero que no se atraían. No recordaba haberse llevado bien con ella alguna vez, incluso cuando aún eran clase media y no tenía 'obligaciones sociales'. Pero tenía que reconocer que cuando Eugenia aún estaba ahí, la relación se hacía más facil de llevar.

Eugenia había sido la primera hija de su madre con Joaquín, el primer esposo de Julia y padre también de Rocío. Rubia, como su hermana, pero hasta allí llegaban las semejanzas. Eugenia había sido igual de ambiciosa que su madre, pero al mismo tiempo, una persona comprensiva, que entendía a Rocío y la cubría cuando esta hacía alguna de sus travesuras. Eran amigas, o eso pensó Rocio hasta el día en que se enteró de que se había escapado de casa. Seguramente a buscar algún hombre millonario que pudiera mantenerla el resto de su vida, eso creía ella, pero la más pequeña de las dos nunca pudo perdonarle su partida, que la haya dejado sola. Luego de eso su madre volvió a casarse con Mariano Gutierrez, empresario de muy alta fortuna. En cierta forma, la rubia pensó que con eso su hermana volvería ahora que tenían una vida llena de lujos, pero no fue así. Y ahora ella estaba condenada a vivir bajo su sombra y la gran brecha que se había ampliado aún más entre ella y Julia.

Esperó a que su mente se calmara un poco, y le hechó otra ojeada al vestido. Era increiblemente bonito, pero se sentía reacia a usarlo simplemente porque su madre se lo había dicho. Imaginó que otra cosa podría ponerse y luego de revisar mentalmente su closet escaso de vestidos de gala, se resignó y lo dejó sobre la perchera, para poder ponerselo esa noche. Tomó su telefono móvil del bolso que estaba en el suelo y le envió un mensaje a Juan Pedro para que fuera su acompañante esa noche. Sabía que eso disgustaría a Julia, lo que le causaba cierta satisfacción. Ademas, si estaban allí Peter y Lali, no podría pasarlo tan mal.

* * *


-Gracias por traerme, de verdad.- Lali se inclinó para dejarle un beso en la mejilla a Pablo.- Me entretuve mucho hablando contigo.-

-Ah, cuando quieras, de verdad.- Pablo sonrió y ella se bajó del auto.- Ojalá nos volvamos a ver pronto...-

Eso le dió una idea.

-Esta noche.- Dijo dandose vuelta y asomando la cabeza por su ventana.- Es la fiesta de los Vetrano y no tengo pareja. Además, se que contigo no me aburriría, y te puedo presentar a Rocío, si es que ya no la conociste...-

-No, no la conocí. Y será un gusto. ¿Te paso a buscar a la noche?-

-No, no. Voy con mi madre. ¿Nos vemos allá?-

-Esta bien. Hasta la noche, entonces.- Sonrió una vez más y aceleró el auto. Lali se preguntó cuantas veces sonreiría ese hombre al día, y le pareció que no serían pocas, era una de las personas más alegres que conocía, despues de Ro, claro.

Se habían conocido el último verano que ella pasó en el continente, cuando fue a esquiar con su familia a Chile. Sus familias se hicieron amigas inmediatamente y ellos, también. Todo el mundo pensaba que estarían juntos, de hecho sus familias esperaban con ansias. Y talvéz podría haber sucedido, si no fuera porque cuando volvió Mariana conoció a Peter, pero esa es otra historia. Y el pasado, pisado. Aunque bien sabía ella que esa era una de las mentiras más grandes que se había dicho a sí misma.


¡Hola wachas! ¿Como están hoy viernes? Me hice un espacio en mi apretada agenda (Mentira) para venir a subirles, porque dije que subiría ayer y no lo hice. Muchas gracias por su incondicionalidad, a las que están desde antes y a las que estarán. Otra cosa, esperen a la fiesta. Ahí empieza la acción, y a salir a la luz un par de cosas. ¡Las quiero, como siempre! Sofía.
Pd. Tenía que mencionar a Chile en la novela jaja perdón, perdón.
(@serunalaliter)

No hay comentarios:

Publicar un comentario