sábado, 30 de abril de 2011

En siete años (minific)~ Capitulo 3 'Sol'.

Capitulo dedicado a May, que literalmente me obligó a terminarlo y gracias a ella aquí estoy. ¡Ojala les guste!
 
Capitulo tres; Año tres.

'Sol'


Interrumpiste la elongación para dirigir tu mirada a Juan Pedro, que entraba al estudio en ese momento. Lo observase de pies a cabeza mientras el dirigía su mirada a el nuevo equipo de musica que habías adquirido, como ya era costumbre, sin que el lo notara. Pantalones de jean y una camisa a cuadros que debería ser penalizada por la ley, por que con ese cuerpo y esa camisa era capaz de provocar accidentes de tránsito. Y sus lentes de sol rojos, que cabía decir tú le habías dado para su cumpleaños número 22, los mismos que tu tenías.

-¿Interrumpo?- Preguntó con un tono distinto en su voz, pero no reparaste en ello.

-No. Vos sabes que nunca interrumpes. ¿Pasó algo?- Acotaste volviendo a estirar tus musculos.

-¿Tiene que pasar algo para que venga a ver a mi mejor amiga?- Agregó a la pregunta su famosa 'sonrisita compradora'

-Un sabado en la mañana y antes de las una. Sí, y debe ser algo grave.- Reiste, y el rió contigo, achinando sus ojos verdes.

-¿A que hora es la audición?- Preguntó mientras sacaba de tu mochila una botella de agua y se sentaba en el piso, invitandote a hacer lo mismo.

-A las cinco.- Sentiste como se revolvía tu estomago de solo pensarlo, estabas nerviosa.

-Calma La, te va a ir bien. Tu enseñales a esos como se baila.- Puso una mano en tu hombro y te sentiste algo mejor.
Esa misma tarde tenías la última audición para entrar en la academia de baile más prestigiosa de Argentina y de Latinoamerica. Llevabas casi un año preparandote para este día.

-Prometiste que irías.- Lo señalaste con un dedo en forma de amenaza.

-Y si prometo, cumplo.- Sonrió de nuevo y tu corazón se estremeció. Un año y las ganas de volver a besarlo seguían intactas, he incluso mas fuertes.

-¿Vas con Paula?- Preguntaste intentando sonar despreocupada, como si dieras por sentado que iría con la novia.

-No creo que quiera ir.- Lo miraste desconcertada. Te llevabas bien con Paula, y ella había sido la que te había dado el impulso final para anotarte en las audiciones. Por más que las circunstancias lo ameritaran, no podías odiarla. Y querías que estuviera ahí.- No, no por tí.- Corrigió Peter al notar tu decepsción.- Si no que...-Te miró de reojo.- Cortamos.-

Te sentiste culpable por la felicidad que invadió tu cuerpo.

-¡Por qué!- Preguntaste tal vez exagerando la preocupación y con un no fingido asombro.

-Y... por que las cosas no daban para más, ya llevabamos ocho meses y no se... no es que Paula fuera mala mina, para nada, pero... ella no es lo que yo quiero de una mujer.-

-¿Y que te gusta de una mujer?- La curiosidad mató al gato, dijo alguien alguna vez.

-Em, no se. ¿Que se preocupe por sus ideales, talvez? O que sea rubia, de preferencia teñida. Ah, piernas largas y que mida más de uno setenta porfavor.- Cuando vió tu cara comenzó a reir a carcajadas.- Es una broma Marianita.-Te abrazó de costado.- Nose, la verdad, no estoy seguro de que quiero en una mina...-

-¿No habrá otra rondando por tu cabeza Juan Pedro?- Tu intuición femenina te decía algo. A eso se agregaba el hecho de que conocías a Pedro mejor que a tí misma y notabas que te ocultaba algo. Ademas, últimamente lo habías visto mucho con una compañera de universidad. ¿Como era que se llamaba? Te preguntaste a tí misma.

-Puede ser.- Su respuesta te descolocó. Algo escondía en la mirada, algo que no quería decirte. O que sí, pero parecía no atreverse a hablar.

-¿Esta flacucha pecosa con la que estudias?- Pusiste tu mejor tono de simple curiosidad.

-¿Belén?- -¡Eso era, Belén!-- No, con Belén nunca. Ademas ella tiene novio, Benjamín creo que se llama.-

-Ah.- Respiraste aliviada. Por lo menos Belén no era. Ahora, ¿Quien podría ser?

-¿Y porque tanto interés?- Preguntó derrepente.

-Y...bue, soy tu mejor amiga, tengo derecho a saber.-

-¿No serán celos?- Dijo un poco mas serio de lo que pretendía. Tu reiste al no saber que responder, y le tiraste la botella de agua encima.

-Te gustaría.- Dijiste en tono de broma y luego te levantaste.- Ya don Juan, vayase que yo tengo que practicar.-

-Bueno, pero nos vamos juntos despues de tu audición a celebrar ¿te parece?-

-Me parece.-

* * *


La adudición había tenido lugar en un pequeño sitio en el centro. Llegaste un poco tarde, pero justo para ver a tu mejor amiga bailar como pocas.

-¿Como te fue?- Preguntaste cuando juntos subieron al auto.

-No se.- Dijo ella cortante, temblando todavía de nervios.

-Pero como crees tú que te fue.-

-Ay Juan Pedro, no lo sé. No lo sé.- Repitió nerviosa.

-Calma Mariana, yo estoy seguro de que te fue bien. Bailaste como nunca enana.- Le sonreiste cuando frente a la luz roja detuviste el auto y apoyaste una mano sobre la suya. Ella instantaneamente giró su palma y entrelazó sus dedos, lo que causó una corriente electrica por todo tu cuerpo. Levantaste la mirada y viste que ella aún miraba sus manos unidas, con una mescla de verguenza e incomodidad, tan sorprendido como vos de su acto. Supusiste que lo había echo como algo cariñoso y que lo habías malinterpretado, pero no retiraste tu mano. Ella se dió cuenta de que la mirabas y miró hacia el frente, pero tampoco movió su mano. Ninguno de los dos quería. Te preguntaste por un segundo si ella sentiría algo más por tí también pero desechaste rapidamente la idea. Si sentía algo por tí te lo habría dicho antes de que te pusieras de novio con Paula, Lali no era de guardarse las cosas. ¿O si? Comenzabas a cuestionarte cuanto la conocías cuando la luz se puso en verde y obligado a dejar de mirarla y soltar su mano, pisaste el acelerador.

-Eh creo que tengo que pasar a echar vencina.- Dijiste para romper el silencio.

-Eh si, si, claro.- Asintió nerviosa y desvió su mirada hacia la ventana.

* * *




Te bajaste del auto en cuanto llegaron a la vencinera, aún sentías el calor de la mano de Juan Pedro en la tuya. Te pusiste un chaleco ya que el frio de las tardes de verano se dejaba sentir, y entraste a el local para poder distraerte y pensar un poco. ¿Que eras idiota? ¿Porque le habías tomado la mano? Y no era como si nunca le hubieras tomado la mano a tu mejor amigo, pero esta vez fue... distinto. Y creías que ambos lo habían sentido así. ¿Pero como, si el había estado con Paula? Si te hubiera querido a tí, te lo habría dicho...

Un llanto llamó tu atención y dejaste la revista que habías tomado de vuelta en el revistero, para acercarte al coche que había no muy lejos tuyo. No había nadie cerca y te preocupaste. ¿Y si habían abandonado al bebe? Tal vez podrías llevartelo vos y luego llamar a la policía... Acercaste una mano al niño y este apretó tu dedo entre los suyas regordetes, instantaneamente dejó de llorar y concentró sus ojos achinados en tí. Tenías la sensación de conocer a ese niño de alguna parte, te sonaba extrañamente familiar. Le sacaste la lengua y el pequeño rió, y te sentiste enamorada de él. Si vos tenías un hijo, te gustaría que hubiera sido así. Recorriste el local con la vista para buscar a la madre y por poco botas la encimera que tenías cerca tuyo cuando la divisaste. Volviste a mirar al niño, y retrocediste un par de pasos, extrañamente asustada. Volviste a dirigir tus ojos a la madre, y no hubo lugar donde esconderse antes de que ella levantara sus ojos hacía ti y soltara todo lo que llevaba en las manos.

-Te... Te llamo despues Victorio.- Dijo cortando el telefono, sin dejar de mirarte. Luego miró al pequeño y volvió a dirigir sus ojos claros a tí. Se le veía tan... madura. Tan distinta a la Candela que conocías. El silencio duró bastantes segundos.

-¿Es él?- Preguntaste, incapaz de controlar tus labios.

Ella asintió lentamente con la cabeza.

-Lali, yo...-

-¿Como se llama?- La interrumpiste bruscamente, como una manera de evitar lo que venía a continuación. Ella se sobresaltó pero respirando hondo retomó la compostura.

-Joaquín.- Dijo despacio.

-Ah.- Dijiste, seca, evitando soltar las lagrimas que venían a continuación. Decir que no le guardabas resentimiento a Candela habría sido mentir, pero no podías negar que ahora al verla te dabas cuenta de que la extrañabas más de lo que creías. A tus pensamientos los siguió un silencio incomodo, seguido por uno que otro gorgojeo de Joaquín.

-¿Sabes?- Dijo ella derrepente mirando como el niño te observaba. Levantaste la vista del suelo, confundida con la tierna sonrisa que cruzaba los labios de tu... ¿Amiga?- Yo creo que el te reconoce.- Soltó de repente con una extraña calma en sus ojos, cuando tu interior era verdaderamente una tormenta.- Suele jugar con las fotos que hay en el departamento, en especial con las en que tú apareces. Su favorita es la de el verano que pasamos juntas en Cariló.- Te miró y el recuerdo llegó a tí como una bofetada. ¿Como olvidarías alguna vez el increible verano que pasaron juntas en esa playa?

-¿Si?- Preguntaste tontamente y volviste a acercarte al niño. Ya entendías porqué te había sonado tan familiar, sus ojos eran sin duda los de Victorio, y la pequeña nariz identica a la de su mamá. El celular de Candela sonó y tu levantaste la vista empapada en lagrimas a ella.

-¿No vas a contestar?-Preguntaste sorbiendo por la nariz. Pero ella guardó silencio y entendiste quien debía de ser.- ¿Estas con él?- Dijiste en un impulso.

-No, no.- Negó con la cabeza.- Pero es su hijo... y hoy le toca a él cuidarlo. Creo que estoy un poco atrasada, por eso llama.- Jugó con sus manos y recogió las cosas que se le habían caído.

-¿Y Agustín?- Preguntaste. Ella dejó derrepente de moverse y respiró hondo.

-Él...-La vos le temblaba.- Tampoco me lo perdonó.- Dijo sin mirar a ningún lado en concreto. La observaste revolver las cosas que tenía en la mano, equilibrando para que no se cayeran y por un momento volvió a ser la Cande que fue tu mejor amiga. Solo por un momento. Y ese momento bastó para que las ideas en tu cabeza se disiparan y caminando los dos pasos que las separaban, la abrazaste, y juntas lloraron, unidas como las dos hermanas que eran. La gente que estaba por ahí miraba la escena, unos extrañados, otros enternecidos.

-Yo ya te perdoné Candela.- Dijiste entre sollozo y sollozo.

Te habías imaginado de mil formas distintas su reencuentro, y siempre terminaba dramaticamente. Nunca pensaste que sería tan corto, tan simple, de tan pocas palabras. Creías que no la perdonaías. Pasa que necesitaste de un año para darte cuenta de que la habías perdonado en el mismo momento en el que tuvo el valor de ir y contartelo.

* * *



Miraste la hora en tu reloj y te preguntaste por décima vez si llamarla o no. Se supone que querías saber si ya le habían dado los resultados de la audición, pero era una mentira que te habías creado a tí mismo para ocultar el hecho de que estabas desesperado por oir su voz. Porque lo admitías, algo había cambiado la noche anterior, cuando despues de su encuentro con Candela habían salido a comer y es que los silencios ya no eran comodos, ahora estaban cargados de miradas ocultas, las conversaciones ya no eran fluidas, si no que sonaban forzadas, como en las primeras citas y la amistad no era la de hace dos días.

Mantuviste la mirada fija en la ventana, en el sol. El sol era sinonimo de alegría, para tí por lo menos, sinonimo de todo lo bueno. En las escenas felices de la mayoría de las peliculas, siempre había sol. Cuando las peliculas eran mas infantiles, las nubes daban paso a esa gran bola de fuego en los momentos de felicidad cuando el principe besaba a la princesa. Cuando había sol, podías salir afuera. Cuando había sol, podías bañarte en la pileta. Hay un dicho que reza 'Tras las nubes el cielo es siempre azul' pero no, para tí tras las nubes no significaba cielo, significaba Sol. Significaba luz. Y creías que eso era lo que te había atraido tanto de Mariana como del sol, la luz que irradiaban, la alegría que te proporcionaban. Giraste el celular nuevamente en tus manos y miraste la hora, te levantaste de tu asiento y sin ninguna idea concreta tomaste las llaves de tu auto.

La encontraste a la salida del mismo local del centro donde la habías pasado a buscar ayer, luchando por colarse entre las altas bailarinas que ahí se empujaban para leer sus nombres en la lista de papel que colgaba de la puerta. Reiste y preferiste quedarte allí, apoyado en tu auto, mirando sin que ella supiera, solo para poder ver sus reacciones, sus gestos, sin que ella lo notara, como llevabas haciendo los dos años que llevaban siendo amigos.

Una polera blanca que dejaba ver el ombligo, unos shorts negros de entrenamiento y un poleron gris varias veces su talla, hicieron que te estremecieras en el momentó en que se giró hacia vos y te miró con los ojos brillosos. Se acercó a tí de a poco y por más que intentaste descifrar en su rosto el resultado de su audición, te miraba inexpresiva. Se detuvo frente a tí en silencio y apreto los labios, conteniendose. La miraste a la cara un buen rato y ya cuando tu paciencia se agotó te atreviste hablar.

-Y ¿No me vas a decir como te fue?- Preguntaste temiendo la respuesta. Se tomó unos minutos en responder.

-Yo....-Levantó la vista.- Quedé.- Dijo mientras tus ojos y tu sonrisa se abrían por la sorpresa. Ella respiró hondo, miro a su al rededor ansiosa y repitió en voz mas alta.- Quedé...- Retrocedió unos pasos con la cabeza entre las manos, sin poder creerlo y miró al cielo.- ¡Quedé! ¡Quedé, quedé, quedé!- Gritó, corrió hacia a tí sin dejar de repetirlo y te saltó envolviendo tu cintura con sus pequeñas piernas. La giraste por los aires al tiempo que la acompañabas con sus gritos de felicidad.

-¡Quedaste! ¡Quedaste!- Repetías al tiempo que ella, iluminado por su luz. Mientras gritaban no podían dejar de reir, y tu difrutabas a cada segundo con el hermoso sonido de su risa. La bajaste al suelo, ya estaba oscuro en la ciudad, pero tu seguías viendo como todo cobraba luz propia con ella cerca, porque ella era un sol.

-Quedaste...- Repetiste jadeante, a pocos centimetros de su cara. Ella tragó saliva con fuerza y se limtió a hundir sus ojos castaños en los tuyos. Alternabas tu mirada entre su boca y sus ojos, con claro deseo. Cuando viste que ella no se alejaba, intentaste acercarte un poco más, probar algo nuevo, pero ella se alejó. Te enderezaste avergonzado, la miraste pidiendole disculpas con los ojos y le abriste la puerta del auto para que subiera. Ella te miraba inexpresiva, no podías saber que pasaba por su cabeza. En el trayecto a su casa se limitó a mirar por a ventana, perdida completamente en su mundo. Te preguntaste como sería el mundo de los soles. Un mundo felíz y sin complicaciones, supongo. Pero no era la realidad de Mariana y lo sabías, entonces entendiste que la gracia de los soles es a todo poder darle un lado positivo, tal y como Lali lo hacía. La acompañaste hasta la puerta de su departamento, como buen caballero, completamente avergonzado y nervioso. Te preocupaba que su amistad se hubiera visto afectada por tu estupidez y falsas ilusiones.

-Buenas noches.- Dijiste ya en su puerta, y al no obtener respuesta, diste la vuelta para irte de ahí.

Y entoncés todo pasó tan rapidamente que apenas tuviste tiempo para asimilarlo. Tomó tu brazo y te giró, te puso contra una pared y sin darte tiempo de respirar, unió sus labios a los tuyos con una pasión que no conocías. Ni tonto ni lento, devolviste el beso con las ganas acumuladas, envolviste su cintura entre tus manos y la apretaste un poco más hacia tí. Ella subió sus manos y las enredó en tu cabello, pegando más su cara a la tuya, si eso era posible. Sus lenguas impactaron con descaro, y comenzaron su propio juego. Una pequeña parte de tí se preguntaba que estaba pensando Mariana, pero la otra, y vale decir que mucho más grande, solo tenía cabeza para su cuerpo y ella unidos al tuyo. Y lo unico que no había cambiado esque todos tus pensamientos al final estaban dirigidos hacía Mariana.

Entraron al departamento sin separarse ni un centimetro, y chocando con las paredes se dirigieron 'inconcientemente' a la habitación de Lali. Jugabas con su polera entre tus dedos, y ella entretenía su manos en tu ancha espalda. Acariciaste su estomago y sentiste como se estremecía, lo que generó un ecalofrió en tu columna. Llevo sus manos al borde de tu polera, y sin detenerse a pensarlo te la quitó por la cabeza con tu ayuda para volver a besarte. De a poco se despojaron de las delgadas ropas de verano, y se dieron amor hasta que por fín, se volvieron uno solo esa noche. Ya no eran más amigos. Ya no podría ser lo mismo. Pero no te importaba, te sentías iluminado.



* * *




Despertaste con más calor del normal. Enseguida entendiste que era porque dormías sobre Peter, quien aún mantenía sus ojos cerrados. Intentaste volver al inconciente de los sueños, no querías enfrentar la realidad. Porque la realidad te decía que Juan Pedro había hecho esto por calentura, cuando tu claramente habías sentido algo más. Pero el sueño no volvió, por lo que te separaste despacio para no despertarlo, y te quedaste un rato observandolo. Lo habías visto muchas veces dormir, pero ni una se podía comparar con esta. Y no era que hubiera algo especial, si no que tu corazón lo sentía así. Ya no podías mirarlo sin que se te erizaran los pelos.

Te pusiste su remera, simplemente para poder sifrutar un rato más de su olor. Caminaste a la cocina mientras te peguntabas si debías cocinarle el desayuno o no. Tal vez se iría sin que te des cuenta y no volvería a llamarte. Pero tu tenías su polera, y tendría que ir a buscarla algún día, ¿No?. Decidiste le dejarías una taza de chocolatada por si acaso y harías un Omelet que fuera suficiente para los dos, por si acaso no se escapaba de tí. Tomaste el huevo y comenzaste a cantar mientras sacabas la sartén y echabas la chocolatada en una taza. Porque a pesar de tus temores, te sentías mas completa que nunca, más felíz que nunca. Lo servíste en dos platos y te dispusiste a hacerte un café cuando dos manos rodearon tus cinturas y una cabeza se hundía en tu cuello.

-Buenos días.- Dijo roncó a tu oido y a ti te flaquearon los pies.

-Buenos días.- Repetiste un poco más timida. Te giraste para poder ver su cara, buscando algun indicio te que solo buscara su polera para luego irse de ahí, pero ni tiempo tuviste de ver nada ya que enseguida te besó, quitandote todas las palabras de la boca.

-¿No pensabas darme mi beso de buenos días?- Dijo sonriendo. Soltaste una pequeña risa, nerviosa. No sabías como reaccionar aún, era la primera vez que se trataban como algo más que amigos y para tí era un poco raro, por lo que no encontraste ni una respuesta mejor que volver a sellar sus labios con los tuyos, evitando las palabras vacías. Se separaron de poco y rieron un poco, para ambos esto era nuevo.

-Te hice chocolatada, ¿Querés?- Preguntaste intentando sonar segura.

-Sos tan linda.- Dijo el y volvió a besarte. Y así fue toda la mañana, entre mimos y besos desayunaron, hablaron de trivialidades, se ducharon, no se despegaban ni un segundo. Ambos se sentían vacíos sin el otro.

-Lali, tengo que irme.- Dijo el entre tus labios mientras tu sentada sobre sus piernas jugaba con tu pelo y tu boca.

-No te vayas.- Dijiste haciendo puchero. Ya no había verguenza, habían sentimientos, había el descbrimiento de algo nuevo.

-Tengo que ir a la facultad chiquita.- Lo besaste para que dejara de hablar, sin exito.- Solo me queda un año y soy todo tuyo.- Te sorprendió que pensara que estarían juntos todo ese tiempo. Pero al contrario de como debería haber sucedido, en vez de asustarte, pensar en un futuro con él te reconfortó.

-Bueno, bueno.- Te levantaste para dejarlo pasar, el besó tu mejilla y se dirigió hacía la puerta. Sentiste la necedidad de retenerlo un poco más.- Peter.- Dijiste, el frenó y te miró, pero tu no dijiste nada. Se acercó de nuevo a tí y besó suavemente tus labios.

-Te quiero Lali.- Sonrió y se alejó un poco. Y tuviste una certeza que te golpeó justo en el corazón.

-Yo... te amo Peter.- Lo soltaste sin detenerte a pensar, y en un segundo te arrepentiste de mil maneras distintas por haber ido tan rapido. Una noche y ya le decías que lo amabas, pero era verdad, tu lo amabas desde hace un año, desde su primer beso. Pero todo duró eso, un segundo.

-Yo también.- Dijo el serio y tu lo besaste para esconder el ardor de tus mejillas.

Esa mañana Peter faltó a sus primeras dos clases.

* * *







¿Hace falta explicar que habrán hecho para que Juan Pedro llegara tarde a sus dos primeras clases?
Y creo que nunca sabremos que pasó por la cabeza de Mariana entre que se alejó de él y entre que le saltó encima la loca.
Bueno, este en temas de redacción no es mi capitulo favorito, pero en contenido sí porque todo se arregla. Ahora, se vienen los capitulos siguientes donde me van a amar, porque son alegres y inesperados, como me gusta a mí.
¡Disfruten! Y una vez más, mil gracias por todo el apoyo.
¡Un beso inmenso!

pd. @SerunaLaliter

1 comentario:

  1. bueno, como te digo que lo ame, con todo, no sabes lo que me encanta, note digo nada mas, por es redundancia.

    genia...besos...isa

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